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Amazonía - Reuters

SOS por la Amazonia, cercada por 9.000 incendios en una semana

Bolsonaro culpa a las ONG de los efectos de sus políticas ambientales y dice no tener recursos para luchar contra la oleada récord de incendios

Sao PauloActualizado:

La humareda de los miles de incendios forestales que afectan a la Amazonia llegó este jueves hasta Perú. La caída de los controles medioambientales promovida por el Gobierno de Jair Bolsonaro está pasando factura a la selva amazónica, que se encuentra literalmente en llamas. Pero el presidente brasileño, que niega abiertamente el cambio climático, sorprendió ayer al culpar, sin pruebas, a las ONGs y a las entidades ambientalistas que vienen denunciando a su Gobierno.

El Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE), una de las entidades estatales que están sufriendo recortes de fondos, ha contabilizado 72.843 incendios en áreas protegidas este año –más de 9.000 solo desde el jueves–, un aumento de más del 80% en comparación con el mismo período de 2018. Según el INPE, el fuego ha afectado a 68 áreas protegidas de la Amazonia, principalmente reservas ambientales o indígenas.

«Si la sequía no explica los actuales incendios, la reactivación de la deforestación de la selva sí lo hace. El fuego es normalmente usado (por agricultores) para limpiar el terreno después de la deforestación», denunció el Instituto de Pesquisa Ambiental de la Amazonía (IPAM) en un comunicado, en el que también alertó de que la situación puede agravarse.

Ayer Bolsonaro dijo que su Gobierno carece de los recursos para combatir el número récord de incendios registrados en la selva e insistió en la posible implicación de las ONGs. Un ataque que ha sido constante desde que llegó al cargo. El presidente del INPE, el respetado investigador Ricardo Galvão, fue despedido hace unas semanas por difundir los primeros datos que apuntaban a este desastre. Antes, Bolsonaro despidió a un fiscal que lo multó años atrás por pescar en una reserva ambiental, y transfirió a un especialista en delfines a un área desértica por no estar de acuerdo con él.

Una cuestión de imagen

Bolsonaro considera que la difusión de datos públicos sobre la deforestación brasileña dañan la imagen del país, y ha solicitado la contratación de una empresa privada para monitorear esos índices, descartando años de conocimiento y estudios en el área.

La extensión de los incendios, que está matando además incontables animales silvestres, han llevado a algunos estados amazónicos a declarar situación de emergencia; mientras los casos de enfermedades respiratorias también se han disparado.

Los efectos de esta crisis se hicieron sentir esta semana en la ciudad de São Paulo, la mayor del país, donde el lunes, anocheció a las 3 de la tarde, como resultado de las partículas de humo que pasaron por la ciudad. Bolsonaro y su ministro del medio ambiente, Ricardo Salles, negaron un fenómeno que fue confirmado por ambientalistas y meteorólogos.

Identificado con esas políticas, que considera a ONGs y ambientalistas como enemigos de Brasil, Salles fue abucheado por minutos el miércoles al discursar en una ceremonia de la Semana del Clima, en Salvador.

Dispensó los fondos europeos

El brasileño también dispensó los recursos de Noruega y Alemania patrocinadores del Fondo Amazonía, creado para controlar el aumento de tala de árboles y apoya la protección del principal pulmón del planeta, que tiene dos tercios de su área en Brasil.

Según el excapitán del ejército, esos países estarían invadiendo la «soberanía». Bolsonaro mandó a la canciller alemana Ángela Merkel a usar esos fondos para «reforestar Alemania» y cuestionó a Noruega por «extraer petróleo del Polo Norte» y «matar ballenas», difundiendo en sus redes un video filmado en Dinamarca.

Ya a los ambientalista y a los brasileños preocupados con el medio ambiente, Bolsonaro les recomendó que hagan sus necesidades fisiológicas «un día sí, un día no», como le recomendó a un periodista.