María Jesús Padilla y su hijo Ramón en una imagen del anuncio de Ruavieja. - ABC

El algoritmo que calcula el tiempo que dedicarás a tus seres queridos antes de morir

Dedicamos diez años de nuestra vida a mirar una pantalla y cada vez menos a estar con amigos. Las últimas campañas de publicidad que apelan a la falta de contacto físico se han hecho virales

MadridActualizado:

Usted se va a morir. Lo sabe, sí, es una obviedad, pero aún así seguramente le incomode leerlo. Nadie tiene por qué recordárselo. Probablemente, tendrá algo mejor que leer que igual mañana ya no está aquí. Pero eso no va a pasar. Nos queda mucho, somos eternos. Esta creencia irracional es parte de una sociedad que niega la muerte, que entierra a los difuntos fuera de la ciudad para no toparse con ellos. Vivir en la «ficción de la inmortalidad», como lo define el psicólogo Rafael Santandreu, sirve de excusa para justificar lo que hacemos pero no queremos hacer, el trabajo que no nos llena, la vida frenética y estresante de la que renegamos pero no cambiamos. Pero, sobre todo, el creernos eternos sirve para aplazar lo importante. «Negar la muerte es malo a nivel psicológico, si la tuviéramos en consideración nos preocuparíamos menos de las cosas que no tienen importancia y viviríamos con más pasión tanto la vida como el presente, evitando dejar lo trascendente para más adelante», explica Santandreu.

Ser consciente de la muerte es serlo de lo importante. Ser consciente del tiempo que queda de vida para pasarlo con los seres queridos es el baño de realidad con el que el conmovedor anuncio de Ruavieja sacudió a España y, también, al mundo al hacerse viral con 11.150.000 de reproducciones. « Tenemos que vernos más», es el lema de la campaña y en él, Santandreu entrevista a amigos, madres e hijos a los que un algoritmo, frío y calculador, les arroja lo que se niegan a ver: cuánto tiempo les queda para pasar con las personas más importantes de sus vidas.

A Juan Luis Iglesias le dijeron que le quedaba con su amigo del alma, Juan Pedro Roldán, tres días y seis horas. Sí, tres días. «Para mí es el tipo de amigo que puedes contar con los dedos de la mano, el que sabes que pase lo que pase va a levantar el teléfono, es importantísimo para mí», relata Juan Luis, que reconoce que pese a estar distanciados por 80 kilómetros, lo que separa Madrid del pueblo de Guadalajara en el que él vive, la última vez que se vieron, hasta el día de rodaje del anuncio, fue hace 7 años. «Es el único amigo que tengo», le responde Juan Pedro. «Es terrible que esperemos a que se haga un anuncio viral para que nos demos cuenta de lo que realmente importa, cuando leí en ese contador que nos quedaban tres días juntos me di cuenta de que era real, no pretendían provocarnos conmoción, ese dato estaba ahí y lo único que hicimos fue intentar cambiarlo».

Estos cálculos, que puede hacer cualquiera con su ser querido o incluso para saber cuántos trayectos de metro hará en lo que le queda de vida, se hicieron con ayuda de un algoritmo que surgió de una discusión de pareja entre el creador de la idea del anuncio, Juan Escudero, director general creativo de Leo Burnett, y su mujer. «Ella me decía que había que buscar tiempo para estar juntos, que veíamos mucho a nuestros padres. En ese momento, le pregunté: ¿Tú sabes cuántas veces veremos a nuestros padres de aquí a que mueran? Se me ocurrió cómo hacer el cálculo con mi madre y dije: ¡Ay, Dios!». El algoritmo está basado en la frecuencia con la que una persona ve a otra y durante cuántas horas. Adicionalmente, se toman en cuenta datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre esperanza de vida (que, además, varían en función de la comunidad autónoma y provincia en que se vive, sexo de la persona, etc).

«El corazón del anuncio es la herramienta, pensamos en una campaña con la que la gente se viera más, que fuera movilizadora, y no limitarnos a un mensaje que conmueva. Se acabó lo de hablar de un producto y meterlo con embudo. Si se trata de cambiar comportamientos necesitamos una bofetada de realidad y lo podemos conseguir a través de esto», explica Escudero. «No es una campaña de producto, sino de concienciación; debemos replantearnos cómo estamos programando nuestras vidas. Tampoco es una campaña anti tecnología, solo nos invita a reflexionar sobre cómo usamos el tiempo», explica Kerman Romeo, responsable de marketing de Ruavieja.

El número que arroje el algoritmo nunca será suficiente. Da igual con quién. Pero menos igual da el por qué. La base del problema está en lo que Santandreu califica de «necesititis». «La madre de los trastornos emocionales, que sufren tres de cada diez personas en España, como la depresión o la ansiedad, es la "necesititis", es decir, la creencia de que necesitamos mucho para estar bien, tanto cosas materiales como inmateriales: pareja, ser elegante, tener estudios, un piso en propiedad, justicia, que me respeten, etc».

«No es una campaña de producto, sino de concienciación; debemos replantearnos cómo estamos programando nuestras vidas. Tampoco es una campaña anti tecnología, solo nos invita a reflexionar sobre cómo usamos el tiempo»

Esta búsqueda frenética de cosas materiales e inmateriales lleva al estrés y, al mismo tiempo, nos alejan de un sistema de valores natural y saludable donde el amor y las relaciones humanas «tendrían que estar por encima de todo».

El anuncio muestra la forma que toma la «necesititis» en nuestro día a día. La que nos lleva a usar el móvil como si fuera una extensión del cuerpo. Las cifras del tiempo que nos queda junto a los seres queridos impacta aún más si tenemos en cuenta el tiempo que pasamos mirando una pantalla. Un repaso por algunos informes dan una pequeña idea de algo de lo que probablemente nadie es consciente, ni siquiera cuando el móvil advierte del tiempo de uso.

Refugio contra la soledad

El último estudio de Sociedad Digital en España de la Fundación Telefónica advierte de que ya hay más líneas móviles que habitantes en el planeta. Según el INE, el número de españoles que han utilizado internet en los últimos tres meses alcanza casi los 30 millones. El 72,1% de la población de 16 a 74 años lo usa a diario. Más curioso es que el 93,3% de los usuarios usa todos los días servicios de mensajería instantánea como Whatsapp. Los encuestados dicen que les ha permitido incrementar la comunicación con sus familiares y amigos (un 59%). Pero, al mismo tiempo, un 35,4% cree dedicarle demasiado tiempo a estos servicios que ofrece el teléfono. El propio anuncio también contrapone los abrazos y frases como: «Un compañero de vida de diez», «Gracias a ti me ha cambiado la vida» con estadísticas que vaticinan que en los próximos 40 años pasaremos 520 días viendo series, seis años viendo televisión, ocho años en internet y diez años mirando pantallas.

Juan Luis Iglesias y Juan Pedro Roldán
Juan Luis Iglesias y Juan Pedro Roldán - ABC

La de Ruavieja no es la única campaña de esta Navidad que apela a la falta de contacto físico. Volkswagen también lo ha hecho con el anuncio «Haz como Edu», en la que el protagonista decide cambiar los mensajes y las llamadas de teléfono por visitas a sus amigos.

El sociólogo Juan Díez Nicolás cree que Internet se ha convertido en un refugio de la sociedad actual para combatir la soledad. Y, paradójicamente, ese refugio sustituye a las relaciones cara a cara. «El paso de la sociedad tradicional a la industrial y postindustrial ha implicado, por un lado, la pérdida del apoyo y el afecto que daba el pueblo o la comunidad. Y, al mismo tiempo, ha permitido la liberación del control: una madre soltera en el pueblo lo era para siempre. En la ciudad tenemos una oportunidad para liberarnos de ese control social al poder desempeñar varios roles: el de espectador en el cine, el de trabajador en el puesto de trabajo, etc. El problema es que la gran ciudad trajo consigo la soledad. Y la tecnología se ha convertido en el remedio para combatirla». Díez Nicolás aplaude el uso de la tecnología pero sin abusar de ella. «Es lo que en EE.UU. se ha llamado la ley del instrumento: “dale a un niño un martillo y descubrirá que todo lo que tiene a su alrededor necesita martillazos: abrir la puerta, arreglar el juguete, etc. El móvil es el nuevo martillo».

Para el sociólogo Armando de Miguel el uso casi adictivo del teléfono tiene que ver con un fenómeno de imitación: «La esclavitud hacia la tecnología se debe a que es cómodo hacer lo que hacen los demás, del mismo modo que se imita la forma de hablar, de vestirse... se hace lo mismo con el móvil. Son fórmulas culturales que hacen la vida más cómoda». Cómoda pero, a la vez, susceptible de mermar las relaciones personales, advierte De Miguel. Sin embargo, el anuncio provocó una reacción: «La gente se dio cuenta de que está enloquecida persiguiendo exigencias que no dan la felicidad; no hay peor manera que desperdiciar la vida», concluye Santandreu.