Ahora, el celibato opcional

La pregunta es si existe una agenda oculta paralela al pontificado

José Francisco Serrano Oceja
MadridActualizado:

No hace falta ser muy perspicaz para intuir que no son pocos los que están aprovechando este momento de la Iglesia para cobrase viejas deudas y volver a poner en circulación cuestiones que ya se habían cerrado, por distintas vías, en pontificados anteriores. La pregunta es si existe una agenda oculta paralela al pontificado y quiénes determinan los temas de esa agenda.

Esta semana los sacerdotes australianos han pedido el celibato opcional. No sabemos si son todos o algunos, muchos o pocos, pero sí sabemos lo que quieren. En reiteradas ocasiones, con motivo de los escándalos de pederastia, hemos oído y leído que una de las soluciones es la abolición del celibato. Esta idea se ha defendido incluso en determinados medios de la Iglesia. Como las suspicacias están a la orden del día, prolifera la especie, no sé si con mucho fundamento, de que el próximo Sínodo de la Amazonía pudiera ser la puerta abierta a los «viri probati», hombres casados que reciben la ordenación sacerdotal. Por tanto, el principio del fin de hecho de la disciplina del celibato en la Iglesia católica de rito romano, al menos en determinados territorios. Para quitarle gravedad al asunto diremos que «ad experimentum».

Hace tiempo que el Papa Francisco dejó claro que el celibato opcional no es la solución al problema de la falta de vocaciones. Pablo VI, con la encíclica «Sacerdotalis caelibatus», marcó un antes y un después en esta cuestión con una razón argumental que sigue siendo válida y es más actual que nunca. Lo digo porque puestos a reivindicar a Pablo VI convendría no dejar ningún Pablo VI en el tintero. Existe una indiscutible lógica histórica, teológica y espiritual que vincula el celibato al sacerdocio y que está vigente en la vida de miles de presbíteros, cuya forma de ejercicio del ministerio representa un bien. Sacerdotes que son protagonistas de historias ejemplares de fidelidad y servicio en una cultura adversa. Pensar que el Espíritu de Dios ha dejado de otorgar el don del celibato a la Iglesia, lo que provocaría un cambio normativo, quizá sea suponer demasiado.

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