EPA  Ali Agca, ayer, aparece esposado y rodeado por periodistas poco después de su detención, en su domicilio de  Estambul. Agca fue llevado a la comisaría del distrito de Kartal antes de su reingreso en prisión

Alí Agca regresa a prisión una semana después de haber recuperado la libertad

La máxima autoridad judicial dice que los 20 años que estuvo preso en Italia no pueden tenerse en cuenta en su condena a 36 años por sus crímenes en Turquía

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ABC

ANKARA. A Mehmet Alí Agca la libertad le ha durado exactamente ocho días. Un efímero suspiro enterrado bajo la pesada carga del dolor de los grilletes y el regreso al frío ambiente de la cárcel. La vuelta a los infiernos del hombre que disparó e hirió gravemente al Papa Juan Pablo II en 1981 se produjo ayer, cuando la Corte Suprema de Turquía decidió que los 20 años que Agca se pasó encerrado en Italia no deben deducirse de la condena a 36 años de cárcel que le impusieron por los crímenes cometidos en su país. «Os estaba esperando», dijo sintiéndose el objetivo de todas las cámaras a los agentes de policía que acudieron a detenerle a su domicilio de Estambul.

Quizá fuera una premoción o la crónica de un regreso a prisión anunciado. Nada más producirse su excarcelación, el ministro de Justicia turco, Cemil Cicek, solicitó su reingreso al alegar que el cálculo de la pena cumplida por el recluso había sido hecho de forma errónea. En líneas generales, ése es el argumento fundamental que sostiene el veredicto revocatorio de la máxima institución judicial turca, que considera ilegal que Agca redimiera parte de su castigo por el asesinato del periodista turco Abdi Ipecki gracias a los años que estuvo a la sombra en Italia tras atentar contra el Papa.

Entre cinco y diez años

Lo que no está claro ahora mismo es el tiempo «extra» que Alí Agca pasará en prisión. Los cálculos más fiables, en teoría, deberían ser los del propio responsable de la cartera de Justicia, Cicek, que fecha en 2010 su próxima liberación. Sin embargo, Hikmet Sami Turk, anterior número uno de este Ministerio y artífice de la ley de amnistía de 1999 bajo la que Agca salió a la calle, estima que el reo debería permanecer encarcelado hasta el año 2014.

Tras su salida de la cárcel, el pasado 12 de enero, las pruebas médicas a las que fue sometido le eximieron del cumplimiento del servicio militar. En ese momento, el rastro de este personaje, perseguido por los periódicos, radios y televisiones de todo el mundo, se esfumó en las calles de su ciudad, Estambul, alimentando los rumores sobre una posible huida. Sin embargo, a pesar de las especulaciones, lo cierto es que, según explicó el gobernador de la zona, Muammer Guler, Agca se encontraba en su domicilio y no opuso resistencia alguna a su detención. Tras ser trasladado a la central de Policía de la ciudad y pasar el pertinente reconocimiento, explicó Guler, Agca fue llevado a prisión a lo largo de la noche.

La Santa Sede, por su parte, evitó terciar en la decisión de la Justicia turca. «No vamos a hacer comentario alguno», sentenció de forma categórica el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro Valls. El pasado 8 de enero, después de haber sido informada de la excarcelación de Agca, la Santa Sede señaló que «frente a un problema de naturaleza judicial» se atenía a las decisiones de los «tribunales competentes».

Mehmet Alí Agca, de 48 años, estuvo 19 años en una prisión italiana por el intento de asesinato de Juan Pablo II, con quien llegó a conversar en la cárcel cuando cumplía su pena. El 13 de junio de 2000 obtuvo el indulto del presidente de Italia, Carlo Azeglio Ciampi, a la vez que el ministro de Justicia Piero Fassino concedía su extradición a Turquía, donde debía saldar cuentas por delitos cometidos antes de 1981, entre ellos el asesinato del periodista Ipecki. Por este asunto, había sido condenado a muerte, pero tras la amnistía de 1999 se le redujo la pena a 10 años de prisión. Desde el 14 de junio de 2000 hasta la pasada semana, Agca estuvo preso en Kartal, un penal situado en la zona asiática de Estambul, que acoge a los criminales más peligrosos.