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África dividida por la explotación comercial del elefante y otras especies salvajes

La mayoría de países con especies amenazadas necesitan de los ingresos económicos generados por su comercio estimado en más de 300 mil millones de dólares

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Aumentar la protección de las especies salvajes en vías de extinción, es el ambicioso objetivo de la conferencia internacional de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) que reunirá a partir de hoy, en Ginebra, a responsables políticos y a expertos en la conservacion de la naturaleza.

Hasta finales de agosto, miles de delegados de más de 180 países, debatirán 57 propuestas y examinarán 107 documentos que intentan modificar el grado de protección de las especies amenazadas. Entre el millón de especies en peligro, según la ONU, la CITES ha catalogado 36000, de las cuales 5600 son especies animales. La actividad humana es la principal responsable de esta situación.

En las reuniones de los próximos días, el elefante africano, que simboliza las especies que necesitan protección urgente, ocupará un lugar central. Su futuro inquieta particularmente a los expertos. Tres propuestas serán sometidas a debate, dos de ellas presentadas por países situados al sur de este continente los cuales desean reanudar el comercio de márfil, la tercera, presentada por Zambia, pide el cese total de este tipo de actividad.

Por su parte, la secretaria general de la CITES, Ivonne Higuero, comentó a ABC que la conferencia obrará para «fortalecer la normativa en vigor de este tratado que regula el comercio internacional de especies de flora y fauna salvajes y que dispone de mecanismos de sanción para países que no respetan estas reglas. También se tratará de ampliar las ventajas del regímen actual de protección a otros animales o plantas en peligro de extinción».

África dividida

Tras decenios de protección estricta, en 1997 y 2000, considerando que numerosas poblaciones de elefantes estaban sanas y se había reducido la caza furtiva la CITES permitió cambiar la categoría de clasificación de estos animales del apéndice 1, más estrico, al 2 respecto a cuatro países africanos: Botsuana, Namibia, Sudáfrica y Zimbabue. Tolerándose de esta forma la venta de animales y las existencias gubernamenteales de márfil. «No existe una posición conjunta respecto al tema de los elefantes porque existe otra coalición de 32 países encabezada por Kenia que pide que todos los elefantes africanos sean incluidos en la apéndice 1 para que acaben las especifidades de los elefantes de Namibia, Botsuana, Sudáfrica y Zimbabue para que se prohiba completamente la venta del márfil », explicó Higuero durante la conversación.

Las discusiones se anuncian arduas si se considera que la mayoría de países donde se encuentran estas especies amenazadas necesitan de los ingresos económicos generados por su comercio, explotación que representa globalmente un sustancioso mercado estimado a más de 300 mil millones de dólares y que está dominado principalmente por la industria forestal que necesita de espacio para sus explotaciones.

La CITES protege, en mayor o menor medida, a más de 35.000 especies de las que el 85% son plantas. Las especies del apéndice 1 son las que están sujetas a las restricciones más severas. Su comercio está prohibido a nivel mundial, como en el caso de los rinocerontes. En el apéndice 2 están catalogadas las especies que pueden ser vendidas con algunas restricciones, en este grupo están los reptiles y las tortugas.

Uno de los principales desafíos de esta conferencia será el de determinar la categoría en la que debe colocarse cada una de las especies amenazadas permitiendo, en algunos casos, el comercio legal de estas especies para así poder luchar contra el tráfico ilegal de las mismas.

La extinción silenciosa de la jirafa ilustra esta problemática ya que sus poblaciones han disminudido en un 40% en los últimos 30 años y no se encuentra protegida por la CITES. Tarea difícil ya que un bloque de países, principalmente africanos, quiere que se suavize la normativa actual para poder explotar comercialmente especies animales como los elefantes y los rinocerontes o facilitar la venta de animales vivos y trofeos de caza, principalemente los rinocerontes blancos del sur de Namibia.