Karlijn Demasure en un momento de la entrevista con ABC
Karlijn Demasure en un momento de la entrevista con ABC - Belén Díaz

«Los abusos sexuales en la Iglesia española no han salido todavía a la luz»

Karlijn Demasure, ex directora del Centro de Protección de Menores impulsado por el Vaticano, asegura que «las víctimas no denuncian por vergüenza y miedo a ser estigmatizadas»

MadridActualizado:

Karlijn Demasure es profesora en la Pontificia Universidad Gregoriana pero lleva varias décadas trabajando en la prevención de los abusos sexuales a menores. Llegó a este espinoso campo después de que una de sus alumnas en un colegio de Secundaria en Flandes le confesara que su padre abusaba de ella. «No supe qué tenía que hacer. El director del centro tampoco. Nos quedamos todos desconcertados». Después de aquella dramática experiencia, Demasure decidió dedicar su tesis doctoral en la Universidad de Lovaina a estudiar cómo acompañar a las víctimas.

Hasta julio de este año fue la directora del Centro de Protección de Menores (CPM), un organismo impulsado por el Vaticano para luchar contra los abusos. Entre otros proyectos, este centro, dependiente de la Universidad Gregoriana, imparte curos on-line para que los eclesiásticos aprendan a establecer protocolos que eviten la pederastia y sepan cómo actuar cuando se produce un caso. Esta profesora belga ha pasado estos días por Madrid para poner en marcha esta formación en España por iniciativa de la congregación de las Hermanas Carmelitas de la Caridad de Vedruna.

—¿Cuánto se ha avanzado en la Iglesia en la lucha contra los abusos sexuales desde que salieran a la opinión pública los primeros escándalos en EE.UU.?

—Creo que se han hecho muchas cosas. Pero si tenemos que sintetizar hemos pasado de proteger a los abusadores a dar prioridad a las víctimas. Hemos hecho muchos programas de prevención y hemos trabajado mucho en la sensibilización.

—¿Cree que la «tolerancia cero» está calando con eficacia en las instituciones de la Iglesia donde se trabaja con menores? Parroquias, colegios...

—Sabemos que es un concepto aceptado por la Iglesia en todos los lugares, pero en la práctica no podemos decir que se aplica en todos los sitios y en todos los países. Y lo mismo podemos decir sobre esta idea de las «víctimas primero». No ha entrado en todas las parroquias ni en todas las diócesis.

—Desde su experiencia de trabajo, ¿cree que los obispos siguen más preocupados por preservar el honor de la institución que en prestar atención a la víctimas?

—Depende del país. Los países que tienen dificultades para aceptar que esto está pasando en su propia Iglesia tienen muchas dificultades para escuchar a las víctimas porque creen que esto hace daño a la Iglesia. En realidad, lo que tienen que entender es que son los abusadores los que dañan a la Iglesia y no las víctimas. Si no hubiera agresores, no habría víctimas y, por tanto, no tendrían que hablar. Si se pretende proteger de manera errónea a la Iglesia se producen dos escándalos en lugar de uno: el escándalo del abuso y el escándalo del encubrimiento. Esto se ha visto en muchos países y hay países en los que el encubrimiento todavía se practica.

—¿La Iglesia en España en qué situación se encuentra? Llama la atención que no se hayan producido casos de gran relevancia ¿podemos contar con la hipótesis de que las víctimas no denuncian?

—Sí, eso es lo que está ocurriendo. En la Iglesia y en la cultura española, en general, todavía hay mucha vergüenza, las víctimas tienen miedo a ser estigmatizadas. Pero es muy importante que hablen porque hablar significa que pueden salvar la vidas de otras posibles víctimas. El segundo paso lo tienen que dar los obispos porque los últimos papas han dicho que la conversión del corazón viene de escuchar el sufrimiento de las víctimas. Si no hablan con ellas seguirán protegiendo a los agresores.

—Podemos ser tan ingenuos de pensar que apenas se han producido unos pocos casos en España…

—No, no podemos ser tan ingenuos. Creo que desafortunadamente no han salido todavía a la luz. Los abusos forman parte de la condición humana y pasan en todas partes. Sería muy extraño que España fuera el único país en el que esto no ocurriera.

—¿Está conforme sobre cómo se afrontan los abusos durante la formación de los seminaristas?

—Tenemos que cambiar la formación de los sacerdotes. Hay que impartir más horas de ciencias humanas. El Vaticano ha pedido que se incluyan la Psicología y la Sexología. Los seglares también deberían ser formadores en los seminarios y especialmente las mujeres.

—¿Qué espera de la reunión del Papa con los presidentes de las Conferencias Episcopales?

—Tengo una expectativa muy alta. He estado preparando este encuentro con algunos obispos. El Papa ha comprendido que la gente está pidiendo acción y responsabilidad a los obispos que están encubriendo los abusos. Algunos ya han tomado la iniciativa, como los estadounidenses. El cardenal O’Malley ha dicho que la gente que tiene fe pierde la paciencia y la sociedad pierde su confianza en la Iglesia si no se actúa.