Reclusas de la cárcel de Soto del Real
Reclusas de la cárcel de Soto del Real - Guillermo Navarro

El 75% de mujeres en prisión ha sido víctima de violencia machista

La autoestima de las presas aumenta por la protección que les da la cárcel frente al agresor

MadridActualizado:

Cada tarde un día a la semana una decena de mujeres se sientan en un aula de la cárcel de Soto del Real y escuchan que pueden elegir a sus amigos, decidir si quieren trabajar o no cuando estén en libertad y negarse a tener relaciones sexuales aunque su pareja insista. Así de sencillo y así de importante. La escena se repite en diecisiete centros penitenciarios con internas que tienen de media 36 años y que han vivido en carne propia las humillaciones, los insultos y en una gran mayoría las palizas de sus parejas. Son las participantes del programa «SerMujer.es», cuyo objetivo es prevenir la violencia de género y tratar a aquellas que ya la han sufrido y necesitan mayor atención en la cárcel.

Los datos son demoledores: entre el 70 y el 75 por ciento de las internas han sido víctimas de violencia de género en sus formas más graves, pero otro 9,6 por ciento también tienen la percepción de haber pasado por situaciones de violencia. El resumen es que solo una de cada diez mujeres en prisión declara no haber sido víctima de esta violencia. «Han estado en una situación de vulnerabilidad extrema, a veces asociada al tráfico de drogas o al consumo o a la prostitución y otras no. La característica común es una bajísima autoestima», explica a ABC Antonio Viedma, profesor de la UNED, sociólogo especializado en estudios penitenciarios que es el evaluador del programa, junto a la profesora Consuelo del Val.

Mejoran más que fuera

En la prisión se eleva la autoestima en todas las internas, tanto de las que participan en el programa como de las mujeres que sirven como grupo de control para evaluar. La conclusión es que la cárcel dispara el concepto que tienen sobre sí mismas porque se sienten protegidas frente a su agresor. «El alejamiento del maltratador y romper su aislamiento funciona», aclara Viedma. En un contexto cerrado las mujeres víctimas mejoran más que fuera. Un mensaje para la reflexión.

Tanto que el programa en algunos centros ha sido rebautizado por las internas con nombres que afianzan esa mejora: «Porque yo lo valgo», es uno de ellos. «El programa funciona como un grupo terapéutico. Conocen a gente que ha estado y ha salido», incide Viedma. Pero hasta llegar a ver la luz y a cambiar la respuesta hacia valores positivos hay un largo camino.

SerMujer.es data de 2011, a raíz de un convenio entre Instituciones Penitenciarias y el Instituto de la Mujer, y en él han participado ya 1.318 presas, que trabajan en grupos reducidos de entre ocho y diez (a veces se amplían). Se imparte en 17 centros, como se ha dicho. Es voluntario y tiene «una clara orientación de género sin olvidar el carácter terapéutico», aclara a ABC Flora Pozuelo, jefa de área de Programas específicos de tratamiento de Intistuciones Penitenciarias.

Se selecciona entre las candidatasa a las más vulnerables y las que quedan fuera se toman como grupo de control para la evaluación. Al frente de cada grupo hay un psicólogo de la prisión, pero intervienen también trabajadores sociales, educadores e incluso algún jurista. Dura un año y los resultados avalan su éxito. «Un 40 por ciento cambia su respuesta hacia valores positivos después de la intervención», subraya Viedma. «¿Una mujer debe obedecer a su marido?». Solo el 47 por ciento respondía que no antes del programa; después esa cifra se eleva hasta el 66,4 por ciento. Los indicadores son similares en el resto de preguntas, referidas por ejemplo al control de amistades y familiares; a las relaciones sexuales, a la violencia económica, a los insultos y amenazas, etc.

Aprender a quererse

«Se trabajan habilidades sociales, educación para la salud y habilidades cognitivas y emocionales», explica Flora Pozuelo. «El autoconcepto, la autoestima de estas mujeres es muy baja. Tenemos que darles recursos para afrontar, para que se valoren y se quieran». Pozuelo evidencia la dificultad inicial de estas víctimas, más vulnerables que ninguna otra.

«En la mayoría de los casos ni siquiera identifican que han sufrido violencia de género, hay una dependencia emocional del agresor enorme. Uno de los indicadores que seguimos es la ansiedad que muestran», dice.

El programa de intervención se divide en ocho unidades, repartidas en 48 sesiones que duran entre dos horas y dos horas y media a la semana y que tienen «mucha intensidad terapéutica», en palabras de Pozuelo. Conocer cómo se construyen los roles de hombres y mujeres; trabajar la autoestima; la sexualidad; las relaciones de pareja y los mitos del amor romántico... Por supuesto hay una unidad completa dedicada a la violencia de género y otra dedicada a la prevención y recursos.

Policías «amigos»

«Lo importante es darles una salida cuando estén fuera, explicarles los recursos con los que cuentan desde centros de acogida hasta ayudas», recalca Pozuelo. Para ofrecerles otra ventana desde al año pasado participan en «SerMujer.es» policías de la UFAM (Unidad de Familia y Mujer), los mayores especialistas en esta violencia. Las presas rompen así otro mito: del policía que solo detiene al que les ayudará si vuelven a ser maltratadas. Ellas tienen 36 años de media y llevan media vida en manos de su agresor. El programa es una herramienta para controlar ellas la otra media.