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Dos de cada diez jóvenes admiten haber utilizado internet para buscar contenidos «duros y peligrosos»

La Fundación MAPFRE y la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) publican un estudio con el objetivo de aumentar las medidas de prevención para el uso online de los jóvenes

MadridActualizado:

«Cómo autolesionarse», «cómo hacer daño a otras personas» o «cómo estar extremadamente delgada» son algunas de las búsquedas más recurridas en Internet por jóvenes con edades comprendidas entre los 14 y los 24 años. Dos de cada diez admiten visitar páginas webs de contenido «duro y peligroso».

Este dato ha salido a la luz gracias al nuevo estudio «Jóvenes en el mundo virtual: usos, prácticas y riesgos», de la Fundación MAPFRE y la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), en colaboración con el Centro Reina Sofía. Trae a debate la necesidad de crear campañas de prevención para reducir la vulnerabilidad de aquellos que aún no tienen la madurez requerida para conocer los riegos que hay ocultos en el acceso libre a las redes sociales. La investigación, expuesta al público, tiene el objetivo de aumentar las medidas de protección para fomentar un uso responsable de Internet.

Durante un evento de presentación en el que los representantes de ambas fundaciones han compartido con la prensa las cifras más relevantes, Antonio Guzmán, director de salud de MAPFRE y Eulalia Alemany, directora técnica de la FAD, han corroborado el aumento de la dependencia a las TIC basándose en las respuestas de los encuestados y el conocimiento de éstos hacia su adicción, en comparación con un estudio realizado en el 2015. «Han pasado solo tres años entre una investigación y otra, y aun así ha habido un aumento considerable», expone Guzmán.

Tras cinco años trabajando en programas para incrementar la correcta utilización de las tecnologías, han recogido muestras pertenecientes a Madrid, Cataluña, Andalucía y el resto de España, encuestando a 1.400 personas con edades comprendidas entre los 14 y 24 años para «entender los elementos que condicionan los comportamientos de los jóvenes en el entorno online». La metodología ha consistido en averiguar el uso que hacen éstos de Internet y de los riesgos a los que se exponen, de cuales son conscientes. «El mundo occidental está casi permanente conectado a internet en su mayoría de la población», introduce la directora técnica.

La conclusión fundamental es que más de la mitad de los encuestados, siendo estos una muestra a nivel nacional, afirman conocer la dependencia que sufren a los móviles y ordenadores. Estudios anteriores exponen que éstos no reconocían el grado de adicción que mostraban. Un 55,4% asegura mirar constantemente el móvil, aunque estén trabajando (29,3%) o con gente a su alrededor (19,7%).

«Un dato relevante —prosigue Alemany— es que más del 90% tiene perfil en redes sociales, y de ellos, más de la mitad tiene una media superior a 250 contactos. El problema es la calidad, ya que no conocen a todos aquellos que les siguen y aun así les ofrecen la oportunidad de acercarles a su privacidad».

Se generan dualidades entre ventajas e inconvenientes, pero los jóvenes se decantan por las oportunidades que les ofrecen las nuevas tecnologías. El discurso que mantienen para justificar las horas que pasan delante de las pantallas se basa en la posibilidad que da internet para mantenerte conectado en todo momento con el resto de la población. Un 65,4% resalta la facilidad para relacionarte con personas que están lejos, mientras que un 50,7% destaca poder hacer nuevos amigos, y un 41% agradece ser más competentes o simplemente divertirse. Sin embargo hay una cifra que realmente impacta y es el hecho de que un 22% apuesta online, y eso «necesita una vigilancia superior», aseguran ambos representantes durante el evento.

«Es interesante lo optimistas que son los jóvenes con sus habilidades, se encuentran empoderados para utilizar la tecnología. La prepotencia les impide ver que quizás no son tan potentes, pero sí hay una gran seguridad. Piensan que lo hacen más o menos igual que sus compañeros pero mucho mejor que sus padres y profesores, por lo que se provocan consecuencias educativas y pedagógicas», explica la directora técnica acerca de la brecha digital.

Aumenta la percepción de acoso en la red

Uno de los inconvenientes que más preocupa a los padres es el maltrato al que están expuestos sus hijos, ya que un 34% de los encuestados asegura sufrirlo, frente a un 9,2% que reconoce haberlo ejercido en algún momento de su vida. «El problema es que aquellos que han sufrido en algún instante maltrato, tienen más posibilidades de volver a sufrirlo, por lo que se precisa una mayor atención en estas personas», aclara Alemany basándose en estudios psicológicos. «Muchos estudios demuestran que cuando has sufrido algún tipo de maltrato, las posibilidades de que se repita se duplican».

Ante una situación así, en la que se genera peligro, es necesario recurrir a tus familiares o a un docente que pueda ayudarte a solventar el problema y buscar una solución. Pero los datos demuestran que no es así. Un 78,1% de los jóvenes se apoya en sus amigos y tan solo tres de cada diez piden ayuda a sus padres. «Respecto a los profesores, éstos suponen una figura apenas recurrida, ya que tan solo el 10% de los encuestados, habla con ellos», explica la directora técnica de la FAT.

Es crucial para la prevención valorar en quién confían las nuevas generaciones como mediadores, es decir, de quién se fían. Y son sus propios compañeros en quien se apoyan cuando existen problemas de riesgos. Los progenitores mantienen una segunda posición alejada y vuelve a abrir un debate acerca de la necesidad de que sean éstos los que reciban los mensajes de socorro por parte de sus hijos, ya que cuentan con una autocrítica superior.

La sensación de riesgo también ha aumentado en referencia a cifras anteriores. En el 2018 un 70% ha percibido sentir acoso. «Cuanta más sensación de riesgo más prevención se debería poner», aclara Alemany. Los temas que más preocupan son: envío de imágenes, acoso de un adulto a un menor y acoso entre iguales.

Ahora los jóvenes son más conscientes del tema y se implican más. Los datos demuestran que las mujeres son más precavidas que los hombres, ya que «perciben en mayor medida los riesgos, sobre todo el envió de imágenes comprometidas», asegura Alemany.

¿Qué dejan de hacer por usar internet?

Al estar más horas conectados —para los encuestados el tiempo que emplean no es suficiente y necesitan más— conlleva dejar de hacer otras cosas. Uno de los aspectos más novedosos que ha incluido el estudio es conocer a qué dedican su tiempo cuando no están conectados. La investigación resalta que «estudian, leen y comen». Pero no lo hacen de la misma manera que antes de descubrir los avances tecnológicos.

La directora técnica reconoce que «aun así no pueden estudiar, ni leer ni dormir igual, ya que muchos jóvenes reconocen que dejan de dormir por culpa del móvil y no respetan las horas de descanso que recomienda la organización mundial de salud».

«No dormir hace que no te concentres, que pierdas la capacidad de aprendizaje, es algo en donde hay que tener incidencia a la hora de trabajar con los jóvenes», concluye.

Ambas fundaciones han agrupado a los jóvenes encuestados en tres grupos dependiendo de sus respuestas y necesidades. El grupo minoritario es «entusiastas pero protegidos», son conscientes de los riesgos y consideran las tics necesarias para la vida. En segundo lugar están los «experimentados e instrumentales», son los más jóvenes y despreocupados. Es un tema evolutivo, cuanto más joven eres menos pensamiento crítico padeces. Por último la gran mayoría son los «cautos y saturados», éstos son muy conscientes de los riegos, buscan mediaciones cuando tienen problemas y son conscientes de la dependencia que sufren.