Un grupo de monjas durante la canonización de María de la Purísima y los padres de Santa Teresa de Lisieux
Un grupo de monjas durante la canonización de María de la Purísima y los padres de Santa Teresa de Lisieux - reuters

El Papa canoniza a María de la Purísima, la Hermana de la Cruz madrileña fallecida hace solo 17 años

La niña valenciana protagonista del milagro lleva las reliquias de los padres de Teresa de Lisieux

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El Papa Francisco ha canonizado este domingo en la plaza de San Pedro, como ejemplo de santidad para el mundo entero, a una madrileña del barrio de Salamanca que pasó su vida sirviendo en sus casas a enfermos pobres y casi abandonados.

En la misma ceremonia fueron también declarados santos Louis Martin y Zélie Guérin, padres de santa Teresa de Lisieux. Es el primer matrimonio canonizado como tal en una causa conjunta y el milagro que sella el proceso tuvo como beneficiaria a una valenciana, Carmen, que ahora tiene siete años y ha llevado hasta el altar las reliquias de los nuevos santos.

La Madre María de la Purísima, superiora durante 22 años de las Hermanas de la Cruz y fallecida en Sevilla el 31 de octubre de 1998, es la santa canonizada con mayor rapidez en la historia contemporánea: dieciocho años, un «record» superado sólo por san Juan Pablo II.

Su nombre de pila era María Isabel Salvat Romero (1926-1998) y había nacido en la casa de la calle Claudio Coello donde falleciera, medio siglo antes, el poeta Gustavo Adolfo Bécquer.

Era hija de un profesor mercantil, gerente de una empresa de automoción, y de una licenciada en Filosofía, una de las poquísimas en aquella época. Fue bautizada en la parroquia de la Concepción, donde se habían casado sus padres, y estudió en el colegio bilingüe de las Madres Irlandesas, uno de los más prestigiosos de la ciudad. La familia, acomodada, veraneaba en Cercedilla.

En la homilía de la misa de canonización, el Papa Francisco afirmó que «santa María de la Purísima vivió personalmente con gran humildad el servicio a los últimos, con una dedicación particular hacia los hijos de los pobres y enfermos».

Desde un gigantesco tapiz en la fachada de la basílica de San Pedro, la nueva santa sonreía en primer lugar a muchas Hermanas de la Cruz que estaban en las primeras filas y que la conocieron y la quisieron personalmente.

La imagen procede de una foto de la Madre María de la Purísima con Juan Pablo II. Sonríe mientras sostiene entre las manos el rosario que le acababa de regalar el Papa que canonizó a su fundadora, santa Ángela de la Cruz, en la plaza de Colón de Madrid en 2003. Las historias de los santos se entrecruzan.

El espíritu de los nuevos santos

Comentando unas palabras del profeta Isaías, el Papa Francisco recordó que «los siervos de Yahveh» no son conocidos «por empresas grandiosas ni célebres discursos», sino que «cumplen el plan de Dios con su presencia humilde y silenciosa, y con su propio sufrimiento».

Era el espíritu de los nuevos santos, quienes vivieron de modo ejemplar un consejo de Jesús a sus apóstoles cuando la madre de Santiago y Juan pidió para sus hijos nada menos que un alto cargo en el cielo: «El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor».

Según Francisco, «con esas palabras, Jesús señala que en la comunidad cristiana, el modelo de autoridad es el servicio»; nos invita «a cambiar de mentalidad, y a pasar del afán de poder al gozo de desaparecer y servir».

Su homilía era un canto al «sacerdocio de misericordia y compasión», enseñado por Jesús, a quien «el no tener pecado no le impide entender a los pecadores».

Subrayando la vocación laical, el Papa afirmó que «cada uno de nosotros, en cuanto bautizado, participa del sacerdocio de Cristo: los fieles laicos del sacerdocio común, los sacerdotes del sacerdocio ministerial».

Ese «sacerdocio común» fue el de Louis Martin (1823-1894), relojero y joyero, y el de su esposa Zélie Guérin (1831-1877) empresaria de un taller de punto en Alençon (Francia). No se les declara santos por haber tenido una hija extraordinaria sino, según Francisco, porque «vivieron el servicio cristiano en la familia, construyendo un ambiente lleno de fe y de amor; y en ese clima brotaron las vocaciones de las hijas, entre ellas santa Teresa del Nino Jesús».

El milagro de la pequeña Carmen rebosa también sabor familiar. Nació en el día de la fiesta de santa Teresa de Ávila del 2008, pero prematura y con un cuadro de múltiples patologías graves incluida una doble septicemia y una hemorragia cerebral intraventicular.

Aunque era imposible que sobreviniese mucho tiempo, su padre fue a pedir oraciones al convento de las carmelitas de Serra (Valencia), donde recibió una respuesta inesperada: en lugar de rezar a Teresa de Ávila le propusieron rezar a los padres de Teresa de Lisieux.

Así empezó la plegaria que terminó en el milagro y en el hermoso momento en que la pequeña, acompañada de sus padres, se acercaba al altar para depositar las reliquias de un matrimonio francés que no conocía pero se cruzó providencialmente en su vida.

A su vez, el milagro que permitió concluir la causa de canonización de la Madre María Purísima fue, como podría esperarse, sevillano al mil por cien. Francisco José Carretero Díaz, conocido familiarmente como «Carre», es un «armao de la Centuria Macarena» que sufrió en 2012 una parada cardiorrespiratoria durante veinticinco minutos.

Fue trasladado al hospital Virgen Macarena de Sevilla, donde ingresó en estado vegetativo. Al cabo de doce días, cuando los médicos iban a apagar las máquinas de vida artificial, las plegarias a la Madre María de la Purísima produjeron un efecto inexplicable: la persona de 43 años que consideraban «clínicamente muerto» se despertó del coma. Las redes sociales, donde se había difundido su caso multiplicando la cadena de plegarias, empezaron a transmitir la gran alegría.

Al final de la misa, el Papa saludó «a los peregrinos venidos de España, en particular de Sevilla, y a las Hermanas de la Cruz», y formuló el deseo de que el ejemplo de la nueva santa «nos ayude a vivir la solidaridad y la cercanía con los más necesitados».

La delegación oficial española, que se sumó a miles de peregrinos de nuestro país, estuvo presidida por el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, a quien acompañaban, entre otras personalidades el embajador de España ante la Santa Sede, Eduardo Gutierrez Sáenz de Buruaga, la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril; la Fiscal General del Estado, Consuelo Madrigal; y el alcalde de Sevilla Juan Espadas.

La ceremonia de canonización ha tenido lugar en el marco del Sínodo de la Familia, con la participación de obispos de todo el mundo.

Los padres de Teresa de Lisieux son ejemplos de santidad en el hogar. María de la Purísima también, porque allí donde van las Hermanas de la Cruz, la casa de un enfermo abandonado vuelve a ser un hogar.