Estatua de Santa Teresa en Alba de Tormes
Estatua de Santa Teresa en Alba de Tormes - efe

Colón, Da Vinci... y ahora también Santa Teresa dicen que era catalana

Miembros de Nova Historia sostienen que Teresa de Jesús fue Teresa de Cardona Enríquez, la abadesa de Pedralbes prima hermana de Fernando el Católico

Jose Oliva (EFE)
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La presencia de catalanismos en su obra, su vivencia en un gran convento, inexistente en Ávila, o las visitas del duque de Gandía, virrey de Cataluña, han llevado a un grupo de historiadores a identificar a Teresa de Jesús con Teresa de Cardona Enríquez, prima hermana de Fernando el Católico.

El grupo de historiadores pertenece a la fundación Nova Historia, que en los últimos años ha atribuido una procedencia catalana a personajes históricos como Cristóbal Colón, Américo Vespucio, Cervantes, Hernán Cortés o Bartolomé de las Casas.

Según Jordi Bilbeny, fundador de Nova Historia, Teresa de Cardona Enríquez (1494-1562), que fue abadesa de Pedralbes desde 1521 hasta que murió, era en realidad Santa Teresa y «la formación de una princesa catalana explicaría la calidad de la obra de Teresa de Jesús, que en ningún caso podría haber sido creada por una simple priora, una monja pía y pobre».

Para Bilbeny, «es evidente que Teresa de Jesús no podía ser una monja sencilla, sino que tenía que tener una formación y un gran bagaje cultural, como lo podía tener una princesa».

La prosa castellana de Teresa de Jesús está teñida, a decir de Bilbeny, que es además filólogo, de «infinidad de catalanismos» entre los que menciona «muy por menudo», «mi madre tenía de hacernos rezar», «monesterios», «en llegando a», «niñerías nonada buenas» (no gens bones), «estaba muy más contenta» (molt més), «el rigor del mal de corazón» (mal de cor, en el sentido de sensación de hambre) o «hasta la fin del mundo».

Por otra parte, autores ingleses se refieren a Teresa de Jesús en el siglo XVIII como abadesa («spanish abbess»), que «entra en contradicción -apunta Bilbeny- con la tradición, que la presenta como una mera priora».

El anuncio de Bilbeny coincide con la publicación, por primera vez, de la «Obra poética» (Llibres de l'Índex) de Teresa de Jesús en una edición bilingüe castellano-catalana, de la «obra atribuida» a la gran mística hispánica. La edición se completa con un apéndice que incluye poemas escritos en Cataluña en 1614 con motivo de su beatificación.

Bilbeny, que ha dedicado los últimos treinta años a investigar la censura historiográfica, recuerda que «las fiestas más espectaculares cuando fue beatificada tuvieron lugar en Barcelona y Valencia, y no en Ávila, ni en Valladolid, ni en Toledo».

El investigador Pep Mayolas, autor del exordio en el libro ahora publicado, sostiene que «la Teresa de Jesús castellana es una invención del Concilio de Trento para hacer desaparecer la figura de Teresa de Cardona, y no debe ser casual que Teresa de Ávila no comience a firmar con su nombre hasta 1562, año en que muere la de Cardona».

El nacimiento de la Teresa de Ávila está asimismo rodeado de dudas, comenta Bilbeny, pues en Gotarrendura, pequeña aldea abulense donde representa que nació Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada el 28 de marzo de 1515, está mutilado el libro de bautismos, en el que faltan las 34 primeras páginas, y también falta el libro «pequeño» al que remite el libro anterior para informaciones complementarias, si bien esta circunstancia se podría explicar por el interés en ocultar sus orígenes conversos.

La fecha de la muerte de Teresa de Ávila en 1582, cuando el papa Gregorio XIII instaura el calendario gregoriano derivado del Concilio de Trento, es «toda una operación de marketing, pues al saltar del 4 al 15 de octubre de aquel, hicieron que tuviera «la agonía más larga de la historia, como exaltaba el anecdotario popular», apunta Mayolas.

En opinión de Mayolas, la Teresa de Jesús barcelonesa era molesta para las nuevas directrices de Trento, pues promulgaba «la idea de impedir la injerencia de príncipes y reyes en los asuntos de la Iglesia» y restringía las libertades de la mujer hasta el punto de «aconsejar a los padres que sus hijas no aprendieran a leer» y «defender la licitud del castigo a la mujer por parte del marido».

Por el contrario, «la Teresa de Ávila es un producto preparado para servir las restricciones de Trento», repone Mayolas, para quien «la reforma teresiana es justamente, por su finalidad última, una reacción antiluterana, nace de la lucha y para la lucha contra el protestantismo»".