La chimena del paralelo, en Barcelona, se levantó en 1896 para dar fuerza a una ciudad que empezaba una urbanización acelerada
La chimena del paralelo, en Barcelona, se levantó en 1896 para dar fuerza a una ciudad que empezaba una urbanización acelerada - archivo abc
cambio climático

La Revolución Industrial fue capaz de acabar con la Pequeña Edad de Hielo

La quema masiva de combustibles fósiles a partir de 1850 detuvo brúscamente un proceso de enfriamiento oceánico que duraba ya casi dos mil años

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Este próximo invierno se debería poder patinar sobre el río Támesis. Pero no será así. Entre los años 1275 y 1300, una intensa actividad volcánica emitió inmensas cantidades de gases y cenizas a la atmósfera, bloqueando la radiación solar sobre la superficie, y comenzó lo que se conoce como la Pequeña Edad de Hielo. En esa época, los glaciares avanzaron imparables y las temperaturas del planeta bajaban siglo tras siglo. Así fue, y así debería haber continuado, hasta que llegó la Revolución Industrial. Esa es la conclusión principal de un estudio internacional de más de 600 científicos publicado en la revista «Nature Geoscience» por el grupo de trabajo Ocean 2k de Past Global Changes (PAGES).

La investigadora del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC, Belén Martrat, ha participado en la elaboración del estudio y explica a ABC que «La tendencia a largo plazo era hacia el enfriamiento. Los datos que hemos analizado nos muestran que desde el siglo XII comenzó a descender la temperatura de los océanos de una forma continuada y robusta. Las observaciones agrupadas en tramos de dos siglos nos dan un valor descendente hasta el siglo XVIII. A partir de ese momento, coincidiendo con la revolución industrial y la quema de combustibles fósiles, comienza el único calentamiento estadístico significativo de los últimos siglos».

El papel de los volcanes

Las erupciones volcánicas son la principal causa de variación de la temperatura en el planeta, especialmente los volcanes. «Sabíamos que, a corto plazo, las erupciones volcánicas tienen un efecto refrigerante sobre la atmósfera. Ahora nuestros resultados muestran que, cuando la actividad volcánica se produce de manera más frecuente, ese efecto se prolonga en el océano», afirma Helen McGregor, de la Universidad de Wollongong, en Australia. Martrat pone un ejemplo concreto de ese efecto refrigerante. «1816 fue el año sin verano en Europa. Y coincide con la potente erupción en Indonesia del Tambora. Igual que en los años 60 y 70 del pasado siglo hubo un pequeño enfriamiento en Europa por el aumento de la actividad volcánica».

En el estudio, los expertos encontraron que ni las variaciones orbitales, ni la deforestación, ni la actividad solar justificaban completamente el descenso de las temperaturas de la superficie de los océanos, que son el gran termostato de la Tierra por su colosal capacidad de absorber calor. Solo los volcanes validaban los datos de los modelos climáticos que manejaban. Pero el hombre inventó la máquina de vapor. Y todo cambió.

La mano del hombre ha sido superior a los volcanes

Casi dos milenios de tendencia al enfriamiento de los océanos, acelerado sustancialmente durante la Pequeña Edad de Hielo, terminaron con el «forzamiento antropogénico», indica Martrat. «En los dos últimos siglos, ni la actividad volcánica ni la solar tuvieron cambios capaces de explicar la detención de la curva de enfriamiento. El único factor novedoso que lo puede explicar es la quema masiva de combustibles fósiles a partir de 1850. Hasta ese momento, la tendencia al enfriamiento era muy profunda. En 1.800 años, la temperatura oceánica descendió gradualmente a una velocidad de cerca de 0,5 grados en diez siglos. A partir de la revolución industrial, en solo dos siglos, ha aumentado entre 0,5 y 1,5 grados. Y para 2100 el IPCC da un rango de entre 2 y 4 grados. El calentamiento que hemos provocado ha ido 20 veces más rápido que el enfriamiento natural del planeta. El hombre ha sido la interferencia más potente», señala la investigadora española.

Inercia imparable

Hemos sido, y seremos. Porque aunque dejásemos de emitir hoy mismo un solo gramo de gases de efecto invernadero a la atmósfera, el planeta seguirá calentándose durante cientos de años. El océano ha ido acumulando calor en estos dos últimos siglos, y es factible que comiencen a emitirlo. Ese es el trabajo en el que ya está inmerso el grupo de trabajo Ocean2k de Past Global Changes.

«Todavía estamos aprendiendo sobre el papel de los océanos como mediadores en las variaciones climáticas. La detección de los factores que cambiaron las temperaturas del océano en el pasado nos abre una ventana hacia la comprensión de los cambios climáticos inferidos en los próximos siglos», adelanta Mike Evans, de la Universidad de Maryland (Estados Unidos).