Montsechia vidalii es la más antigua de todas las flores que se conocen
Montsechia vidalii es la más antigua de todas las flores que se conocen - David Dilcher

Las primeras flores de la Tierra vieron la luz en humedales del interior de España

La «Montsechia vidalii» colonizó amplias zonas de Cuenca y el Pirineo

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Ahora, el 90% de las plantas que nos rodean tienen flores. Pero hubo un tiempo en el que no era así. Enormes helechos arborescentes y equisetos dominaban el paisaje. Hasta que un grupo de plantas desarrolló una estructura, la flor, que se convirtió en una bomba evolutiva. En pocos millones de años, explosionaron y se convirtieron en las dueñas de la Tierra. Y esa exitosa invasión bien pudo haberse iniciado en nuestro país, hace 130 millones de años.

Un grupo de investigadores de las Universidades de Indiana (EE.UU.), Barcelona (España) y Lyon (Francia), además del Instituto Leibnitz para la Evolución y la Biodiversidad (Alemania) han identificado una planta acuática de agua dulce, Montsechia vidalii, como la más antigua de todas las flores que se conocen, desbancando a Archaefrutus sinensis, otra angiosperma acuática localizada en China. David Dilcher, coordinador del trabajo publicado en « Proceedings of the National Academy of Sciences», confirma a ABC que «Montsechia es la planta con flores totalmente acuática más antigua que se conoce en el mundo. Tenemos el polen de plantas con flores anteriores en el tiempo, pero no sabemos nada de cómo era la planta o su reproducción», asegura.

Extensos humedales

Esta planta acuática fue encontrada por primera vez hace un siglo en los depósitos de piedra caliza del yacimiento de El Montsec, en el Pirineo de Lérida, y después, en los años 80 en el de las Hoyas, en Cuenca. Estas dos zonas hoy montañosas no eran así en el Cretácico inferior, hace 130 millones de años. «Entonces, la línea de costa se aproximaba a pocos kilómetros de estos enclaves que eran humedales interiores de agua dulce sin conexión alguna con el mar. Eran extensas zonas encharcadas con canales entremezclados y con algunas zonas emergidas con bosquetes de plantas. Muy parecido a los actuales Everglades de Florida pero con enormes helechos en lugar de manglares», explica Francisco Ortega, paleontólogo de la Uned y buen conocedor del yacimiento conquense de Las Hoyas.

Estas primeras flores eran extremadamente primitivas y sencillas. «No existen indicios de que tuviesen sépalos ni pétalos. Han conservado únicamente los frutos que provienen de las flores femeninas. No se han encontrado flores masculinas ni tampoco se han visto evidencias de ellas en los fósiles», indica el profesor Dilcher, que intenta que nos hagamos una idea de cómo era aquella primitiva angiosperma: «Debían parecerse a las de las actuales Ceratophyllum», una planta acuática verde oscura que suele ser muy popular actualmente como decoración en los acuarios.

Ortega explica que aunque no se puede saber cómo era exactamente su flor, Montsechia «tenía tallos de aproximadamente medio metro que se ramifican y con pequeñas hojitas dispuestas como en el conocido equiseto cola de caballo. Si tuvo pétalos, no tenían por qué ser coloreados. Sí podemos adivinar que tenía muchas flores por el numero de semillas asociadas», describe este paleontólogo español.

Nueva línea evolutiva

Sin ser espectacular, Montsechia es además única porque, concluye Dilcher, «fue polinizada bajo el agua con la ayuda de los insectos. Las corrientes de agua dispersaron el polen y proporcionaron el cruzamiento o intercambio de material genético, algo muy importante en la evolución. Este fósil demuestra que también existió una línea muy temprana y diferente de la evolución en la que se utilizó agua para dispersar el polen».

Tan importante que la aparición de las flores sobre la Tierra supuso una explosión de diversidad de insectos, que son fuente de proteína para muchos otros animales pero también se alimentan de plantas, contribuyendo a la selección natural. «Insectos y plantas coevolucionaron generando flores cada vez más complejas y aumentando la disponibilidad de recursos. Y la biodiversidad ayuda a generar ecosistemas más estables. Montsechia, además, nos permite establecer comparaciones entre qué pasa antes y después de la aparición de un grupo que cambia radicalmente el paisaje», termina concluyendo Ortega.