Vistas de la ciudad de Madrid con índices de contaminación bajos
Vistas de la ciudad de Madrid con índices de contaminación bajos - jaime garcía

El aire español es cada vez más saludable

Aunque España ha reducido sus emisiones de CO2 en un 34%, «aún hay un largo camino por recorrer»

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La situación de la calidad del aire de España ha mejorado en los últimos años debido a la aplicación de valores límites de emisión cada vez más estrictos, pero también a unos objetivos cada vez más exigentes desarrollados en la legislación europea y española, basados en la protección de la salud. Pese al avance, a nivel mundial, la última revisión sobre causas de mortalidad muestra que la contaminación por partícula, sin embargo, es la séptima causa de muerte.

En España, nuestras ciudades se caracterizan por tener una arquitectura compacta, con edificios altos donde la principal causa de contaminación son los vehículos. «Las ciudades, compactas y densas, reportan notables beneficios energéticos al tener todo concentrado, pero el parque de vehículos, cada vez más grande, ha provocado los mayores problemas de contaminación», señaló ayer Emilio Lora-Tamayo, presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) durante su intervención en los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

En 2005, en nuestro país eran 47 las zonas que superaban el límite diario de partículas. En 2014 solo lo superan tres, según informó Lora-Tamayo. Aun así, «hay un largo camino que recorrer», pues el último informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) muestra que el 98 % de los ciudadanos respiran aire contaminado. Las zonas más afectadas, las del sur del continente. Por ello, para Miguel Escudero, profesor del Centro Universitario de Defensa, las medidas para avanzar en este ámbito, además de ser restrictivas, deben estar encaminadas «a entender mejor el ozono troposférico y el NO2».

En el período de 1990 a 2011, España redujo sus emisiones de dióxido de carbono un 34 %, según el último informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA). «Ha habido mejoras especialmente en algunos contaminantes de una manera muy relevante en SO2, que se ha disminuido mucho desde los años 80 hasta aquí, el plomo también al eliminar la gasolina con plomo, pero al margen de eso, los problemas todavía existen», señaló Escudero.

Los efectos de las partículas atmosféricas, del ozono troposférico y del NO2 tienen diversos efectos sobre la salud (sobre el aparato respiratorio, cardiovascular, etc.) y algunos componentes pueden ser cancerígenos y tener efectos sobre la vegetación o incluso los materiales, además de sobre el clima. El camino por recorrer, a juicio de Escudero, debe ser «seguir tomando medidas para la reducción de las concentraciones (de partículas y de ozono). En las primeras ha habido mejoras en los últimos años, pero el ozono es lo que menos ha mejorado».

En la misma línea se manifestó Guillermina Yanguas, directora general de Calidad y Evaluación Ambiental del Ministerio de Agricultura. «La tendencia de la calidad del aire en España es positiva, aunque tenemos camino por recorrer». Las paradas del proceso: el Plan Aire, impulsado por el ministerio en 2013 y el Programa “Aire Puro” para Europa, también del mismo año, una propuesta de nueva directiva de techo que establecerá límites de combustión. La Comisión Europea estima que los beneficios que reportará para la población se situarán en torno a los 40.000 millones de euros al año.

En Europa, pero concretamente en España, la mejora del aire se hace evidente «en la menor presencia de contaminantes para los cuales ya no existen superaciones en sus límites legales y a una mejora en los niveles de partículas, debido al establecimiento de objetivos muy exigentes, tanto europeos como españoles», señaló Yanguas.

En juego, no solo una importante cifra económica sino también la salud y calidad de vida de los europeos.