Fotograma de un video difundido por la Tokyo Electric Power Co. (TEPCO) que muestra el interior del reactor de la Unidad Uno en la planta nuclear de Fukushima Daiichi
Fotograma de un video difundido por la Tokyo Electric Power Co. (TEPCO) que muestra el interior del reactor de la Unidad Uno en la planta nuclear de Fukushima Daiichi - efe

Un segundo robot busca al que se perdió el pasado viernes en el reactor de Fukushima

El Ejecutivo japonés estima que tardará aún 40 años en atajar las fugas radiactivas de la central nuclear dañada por el tsunami de 2011

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Cuatro años después del devastador tsunami que arrasó la costa nororiental de Japón y golpeó a la central nuclear de Fukushima, donde se fundieron tres de sus seis reactores, la radiactividad es todavía tan alta que ningún ser humano puede entrar en ellos. Para estudiar la situación, la empresa eléctrica que gestiona la planta, Tepco, envió por primera vez el viernes un robot dentro del reactor número 1. Controlado a distancia mediante cables y capaz de cambiar de forma para adaptarse al terreno, plagado de escombros, se suponía que dicho robot podía aguantar la altísima radiación durante diez horas, pero se quedó parado al cabo de tres. A pesar de la avería, consiguió enviar varias imágenes y lecturas extremas de la temperatura y la radiactividad en la vasija de contención del reactor, en cuyo fondo permanece el material nuclear fundido.

Sin haber determinado las causas de su fallo, los ingenieros de Tepco han enviado un segundo robot operado por control remoto y equipado con cámaras, un dosímetro y un termómetro para que recorra la mitad de la superficie de la vasija de contención de la unidad 1 y recoja datos de temperatura y radiación, además de tomar imágenes de la estructura.

Antes de dejar de funcionar, el primer robot había completado dos tercios de su misión y llegado a 14 de los 18 lugares que debía cubrir con el fin de detectar los escombros más radiactivos. Con este artefacto, los ingenieros pretenden localizar el material nuclear de los núcleos fundidos para luego retirarlo a un lugar seguro mediante otros robots, pero todavía no se ha inventado la tecnología para hacerlo. Aunque el Gobierno japonés y Tepco pensaban que en 2020 podrían retirar dicho material nuclear fundido, los niveles de radiación son tan altos que no se ven capaces de hacerlo hasta 2025, cuando dispongan de los medios adecuados para llevar a cabo tan peligroso proceso.

Con un presupuesto de 2,1 billones de yenes (16.500 millones de yuanes), el Ejecutivo nipón calcula que aún tardará al menos 40 años en atajar las fugas radiactivas en la central de Fukushima 1, escenario del peor accidente atómico desde la explosión en la planta ucraniana de Chernóbil en 1986.