Mats Brännström, durante un momento de la entrevista con ABC
Mats Brännström, durante un momento de la entrevista con ABC - inés baucells
experto en reproducción asistida

Mats Brännström: «Recibo por lo menos dos correos al mes de mujeres que quieren donar su útero»

El médico sueco, artífice del primer nacimiento después de un transplante de útero, afirma que las historias de sus pacientes son «una fuente de inspiración» para la investigación

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El doctor Brännström es la estrella de la reproducción asistida a nivel mundial. Actualmente conduce un ensayo por el que diez mujeres suecas que nacieron sin útero (síndrome MRKH, que conduce a la ausencia, total o parcial de vagina y útero, y que afecta a una de cada 5.000 mujeres al nacer) recibieron un transplante de donantes vivas para lograr quedar embarazadas por fecundación in vitro (FIV). De éstas, dos rechazaron el útero; seis lograron el embarazo, pero, lamentablemente, hubo dos pérdidas. El primer bebé de un útero transplantado, Vincent (¡vencedor!), nació en Suecia en octubre; dos más nacieron en diciembre, y para verano nacerá uno más (actualmente de 18 semanas).

–¿Cuatro de diez?

–Para un tratamiento nuevo son muy buenos resultados.

–¿Y las otras seis?

– Hay que darse cuenta que para estas mujeres que nacieron sin un útero y que a los 15 años les dijeron que no podrían tener nunca un bebé, este tratamiento les da la esperanza de una posibilidad. Antes no tenían ni eso.

–¿Quiénes son las donadoras?

– En Suecia no hay tantas muertes de jóvenes, como en España,

«Queremos que la cirugía de extracción del útero sea laparoscópica para reducir su duración»

ahí todo el mundo usa casco al andar en moto. Así que tuvimos que buscar donantes vivas.

–¿Vivas?

– Sí, amigas de la familia que ya hubieran tenido su familia, así nos aseguramos de que el útero trabaja bien.

–La del primer bebé tiene más de 60 años.

– Sí, es la madre del mejor amigo del padre de Vincent. Hace poco le bautizaron, ella fue su madrina (el doctor muestra orgulloso la foto del bautizo, que lleva en su móvil).

–¿Qué falta para aumentar el éxito?

– La cirugía es costosa (cuesta entre 60.000 y 70.000 euros) y larga, sobre todo la de la extracción. Dura 12 horas. En un siguiente ensayo queremos hacer que la cirugía sea laparoscópica, para reducir su duración a seis horas.

–¿Demasiado para la donadora?

– Y para el cirujano; aunque, sin abrir el cuerpo, habrá menos trauma para la mujer.

–¿Quién puede ser donadora?

– Mujeres fuertes, no fumadoras, de preferencia deportistas, que estén física y psicológicamente bien. Recibo por lo menos dos correos al mes de mujeres que se ofrecen para donar.

–¿Le asusta que su descubrimiento se vuelva un negocio?

–No pienso mucho en ello, la infertilidad es una enfermedad, no importa si es porque naciste sin útero o has tenido una enfermedad. Si hay un tratamiento, es nuestro deber buscarlo.

–Hay gente que lucra con la necesidad de ser madre.

– Es verdad, el 95% de las mujeres quieren ser madres y en algunas culturas serlo es muy importante.

–A eso me refiero.

– El negocio no será tan grande porque el procedimiento es complicado, la cirugía de extracción es larga y no debe producirse en hospitales pequeños. Sin embargo, esa no debe ser razón para no seguir con esto. Recibo cada día por lo menos 20 correos de mujeres de todo el mundo con historias muy tristes.

–¿Sí?

– Historias de todos tipos, que no esperábamos. Por ejemplo, he recibido correos de personas que han cambiado de sexo, que quieren ser madres.

–¿Y es posible?

– No lo sé, nadie ha hecho investigación acerca de ésto. Sé que hay casos en Francia de mujeres que van a someterse a una cirugía transgénero y que quieren donar sus óvulos y su útero. Es buena idea, simplificaría el tener que hacer una fecundación in vitro (FIV).

–¿Le inspiran estos correos?

– Los pacientes clínicos son una gran fuente de inspiración para los que nos dedicamos a la investigación.

–¿De dónde se inspiró para este ensayo?

– En 1998 atendí a una paciente en Australia que perdió su útero por un cáncer. Me preguntó si no podría recibir un transplante. Desde entonces trabajo en esa inocente idea. Antes de ese día nunca había pensado en ello.

–¿Ella lo sabe?

– Murió tres años después. El cáncer regresó. Me gustaría que su familia supiera que lo logré y que gracias a ella, ahora hay tres nuevas madres en Suecia que jamás pensaron que podrían dar a luz.