Olalla Oliveros durante su época como actriz y modelo (izda) y como «monja» de los «miguelianos» (dcha)
Olalla Oliveros durante su época como actriz y modelo (izda) y como «monja» de los «miguelianos» (dcha) - archivo

La modelo de la secta de los «miguelianos»: «Tengo mucho que decir»

Olalla Oliveros, que dejó su carrera para ingresar en la clausurada orden, afirma que tiene argumentos, aunque los calla

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Olalla Oliveros tenía unas aptitudes y un físico que prometían una exitosa carrera en el mundo de las pasarelas y la interpretación. Sin embargo, en 2010, tras una visita al santuario portugués de Fátima, decidió cambiar su vida. «El Señor nunca se equivoca. Me preguntó si le seguiría y no pude negarme», declaró. Pasó a ser la Hermana Olalla del Sí de María e ingresó en régimen de semiclausura en la Orden y Mandato de San Miguel Arcángel, conocida como los «miguelianos», con sede en Vilariño (Oia). Ahora, contactada por ABC, afirma que tiene «muchas cosas que decir», aunque se niega a dar cualquier tipo de explicación.

El 12 de diciembre, en el marco de la operación El Edén, la Guardia Civil arrestaba en la localidad de Collado Villalba (Madrid) al fundador de la Orden, Miguel Rosendo, y a una de sus personas de mayor confianza, a quien la propia Guardia Civil se refiere como «supuesta monja», llamada Marta Paz Alonso. Aquel día, la trayectoria de Oliveros sufrió un nuevo cambio, solo que en esta ocasión no lo decidió ella. Residente desde hace algún tiempo en Bustarviejo, en la Sierra Norte de la Comunidad de Madrid, trabaja en la residencia de ancianos de esta localidad, «El Concejo». Hasta allí fue a visitarla recientemente una persona de su entorno, que explica a ABC que «está bien»: «Tiene cierta incertidumbre sobre lo que pueda pasar». Lo hace con otras tres compañeras que pertenecieron a la citada orden, disuelta hace apenas una semana por el Obispado de Tui-Vigo. «Tenemos entendido que ya no llevan el hábito», señalan desde esta Diócesis, pues tanto Olalla como sus homólogas vestían una suerte de atuendo que emulaba al de una monja, aunque en ningún momento tenían la potestad para haber sido ordenadas como tal. Esto se debe a que los «miguelianos» eran una asociación pública de fieles, es decir, que contaban con el mismo estatus que una cofradía de Semana Santa.

«Ella me ha dicho que no ha puesto un duro y veo que entra y sale cuando quiere», afirma la misma fuente, que parece dudar de las acusaciones que se han vertido sobre los dirigentes de la secta. «De momento no hay denuncias», advierte. Los vecinos de Bustarviejo tampoco parecen demasiado críticos con la congregación o, al menos, con lo que conocen de primera mano de ella. Uno de ellos señala que «la gente sigue contenta con ellas» y atestigua que viven «con total normalidad». Bien es cierto que estas mujeres llegaron a Madrid mucho antes de que lo hiciera Miguel Rosendo, según aclara la Diócesis de Tui-Vigo. Quizá por ello este vecino incluso añade que tiene una tía que está en otra residencia «porque no había plaza en El Concejo». Hace unos días, la Asociación de Amigos de la Tercera Edad El Concejo, que administra el citado geriátrico, se reunió para decidir qué van a hacer con ellas, ya que el vínculo eclesiástico que las unía con la institución se ha roto al haber sido disuelta la congregación. Mientras, el líder de esta secta, quizá el peor guionista que Olalla pudo imaginar, continúa en prisión provisional y sin fianza, acusado de delitos de asociación ilícita y abusos sexuales. Aunque nadie sabe todavía si ella le ve bajo la sombra de esas acusaciones o si sus palabras solo serán para defenderle.