Ricardo Blázquez, entrevistado el pasado 15 de marzo p0r ABC
Ricardo Blázquez, entrevistado el pasado 15 de marzo p0r ABC - josé ramón ladra
religión

Blázquez: «El Papa ha creado una atmósfera distinta en la Conferencia Episcopal»

La primera entrevista exclusiva con el entonces recién elegido presidente de los obispos españoles ocupó las páginas de ABC el sábado 15 de marzo

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Pronto no habrá que remontarse más allá de un lustro para que los grandes rostros de la actualidad hayan mudado por completo. Reyes (no solo los de España), líderes políticos, sociales, sindicales y religiosos, entre ellos el Papa que, a su vez, está acometiendo una pausadamente vertiginosa renovación del Pontificado dentro y fuera del Vaticano. Quien fuera presidente de la Conferencia episcopal en dos periodos (1999-2005 y 2008-2014) daba paso a quien ya había ocupado tal cargo entre 2005 y 2008. Talante moderado y humilde, Blazquez es hoy un unánimemente aplaudido sucesor de Rouco Varela. Y mucho más. Todo ello lo contaba en esta, la que fuera su primera entrevista tras ser elegido.

Monseñor Ricardo Blázquez recibió ayer a ABC apenas unos minutos después de que concluyera la CIII Asamblea Plenaria, que lo ha elegido, por una mayoría casi unánime, como presidente de la Conferencia Episcopal Española. En su antiguo despacho de la Casa de la Iglesia, el arzobispo de Valladolid, analizó los retos a los que se enfrenta la Iglesia en España ante los nuevos aires que el Papa Francisco está imprimiendo a su Pontificado.

-¿Qué significa para usted este respaldo tan mayoritario de los obispos para presidir el Episcopado?

-En primer lugar un motivo de gratitud, y también estoy seguro de que es una especie de anticipo de que la colaboración va a ser muy fluida.

-¿Cómo va a compaginar sus tareas de presidente con sus responsabilidades como arzobispado de Valladolid?

-Como pueda (sonríe). En todo caso ambas responsabilidades son compatibles. Ya lo fueron en el tiempo que fui presidente de la Conferencia Episcopal, siendo obispo de Bilbao y también en el caso de otros presidentes.

-Con su elección y la renovación hace unos meses del secretario general, ¿estamos ante un cambio de ciclo dentro de la Conferencia Episcopal?

-Todavía no tengo perspectiva para decir que estamos en un cambio de ciclo, pero ciertamente el año de Pontificado del Papa Francisco ha creado una atmósfera distinta también en la marcha de la Conferencia Episcopal.

-De hecho su elección ha sido interpretada como la llegada del estilo Francisco a la Iglesia en España, ¿cree que es un poco así? ¿se siente identificado con el Papa Francisco?

-Me siento muy identificado. También me sentí muy identificado con el Papa Benedicto XVI con el que tuve que tratar mucho cuando él era prefecto para la Doctrina de la Fe y yo presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe. Le conocía mucho como teólogo y cuando fue elegido Papa ya tenía una larga lista de obras suyas leídas.

-A su juicio, ¿cuál es el principal problema de la Iglesia en España?

Que sea una casa abierta, acogedora, una invitación a recibir a Cristo

-Creo que una tarea que necesitamos subrayar es la transmisión de la fe cristiana a las generaciones que van llegando y de fortalecimiento también a las más adultas. Evidentemente, esto no solo se hace con las palabras, sino también con las obras, con ese espacio acogedor que la Iglesia debe ofrecer siempre. Que nuestra Iglesia sea un lugar habitable para las personas tanto desde el punto de vista del amor, como de la verdad y del impulso al servicio de los necesitados. Que sea una casa habitable, una casa abierta, acogedora y también una invitación a acoger a nuestro Señor Jesucristo.

-¿Qué cree que le hace falta a la Iglesia en España para convertirse en esa Iglesia que propone el Papa Francisco: una Iglesia de puertas abiertas, cercana a la gente, a los pobres?

Debemos salir al encuentro de las personas

-Probablemente necesitamos afrontar la nueva atmósfera que se ha abierto con el Papa y que es una atmósfera de misión confiada, valiente y decidida. No nos podemos quedar como a la defensiva, acosados, sino salir confiadamente al encuentro de las personas. Al mismo tiempo, el mensaje que nosotros llevamos entre manos con nuestras palabras, nuestras obras, nuestra vida es un mensaje que las personas están necesitando. Nos viene muy bien a todos la fe en Dios. Necesitamos reactivarla.

-El Papa quiere pastores pobres y cercanos a la gente, ¿cree que los obispos tienen los deberes hechos en este sentido?

-Creo que los obispos de la Conferencia Episcopal estamos en esa línea y hemos sintonizado muy fácilmente con el Papa Francisco. Evidentemente siempre hay tareas nuevas que tenemos que acometer con nuevo espíritu, con nueva dedicación. No hay fisuras entre los obispos de la Conferencia Episcopal Española y el Papa.

-¿Cree usted, como está haciendo el Papa en su primer año de Pontificado, que el estilo y los gestos con los que se presenta el Evangelio son tan importantes como el mensaje mismo?

Los gestos del Papa son muy elocuentos

-Todo va unido. Para una persona que tenga menos capacidad de reflexión, de raciocinio, de búsqueda laboriosa de la verdad, los gestos son muy elocuentes. Y para todos nosotros también lo son porque todos tenemos nuestro corazoncito. Necesitamos que nos llegue la buena noticia de Dios por todos los poros del cuerpo.

-El Papa Francisco ha generado una enorme ilusión y entusiasmo entre católicos y no católicos, ¿cómo puede aprovechar la Iglesia en España esta enorme movilización?

-Creo que lo estamos utilizando, no en un sentido de instrumentalización de las cosas sino que bendecimos al Señor por el don que nos ha dado en el Papa Francisco y estamos esforzándonos todos por sintonizar nuestras actitudes, nuestras palabras, nuestros comportamientos y también los gestos con el camino que nos va abriendo el Papa Francisco. De hecho, una de las tareas que ya tiene asumida la Conferencia Episcopal es analizar muy en concreto qué significa para nuestras tareas pastorales el documento programático del Santo Padre que es la Exhortación Apostólica «La alegría del Evangelio».

-¿Y qué ha surgido de esas primeras reflexiones?

-Un impulso misionero grande. La proximidad a los indigentes y los necesitados y a tantas formas de necesidad. Un estilo apostólico y evangelizador muy cercano, el subrayar la dimensión humana y humanizadora del Evangelio. Este tipo de cuestiones han ido apareciendo.

-Vivimos un país que atraviesa muchos problemas además de la crisis económica. La unidad de España se encuentra amenazada. Usted que ha vivido en primera persona las consecuencias del nacionalismo, ¿cómo ve la cuestión de Cataluña?

Todos ganamos unidos, trabajando conjuntamente

-Confío en que se imponga por parte de todos la sensatez, la prudencia, también el reconocimiento de toda una historia secular juntos. Todos ganamos unidos, trabajando conjuntamente. Se puede comprender que cada región de España tiene sus peculiaridades legítimas pero dentro del marco de convivencia que nos hemos dado tenemos que trabajar todos conjuntamente y ser respetados.

-¿Cuál cree debe ser el rol de la Iglesia para mejorar la convivencia?

-Nosotros debemos estar muy cerca de la sociedad porque evidentemente en medio de ella tenemos una misión concreta que no es de carácter político, ni económico; es de carácter religioso. La fe tiene mucho que ver con el hombre y la sociedad, no es algo al margen. Nosotros proponemos, no imponemos el Evangelio. Cuando es recogido y respetado por las personas produce enormes frutos, para la convivencia, para la vida familiar.

-¿Qué cosas le preocupan al Papa de España? ¿En esta visita ad límina el Papa les ha manifestado alguna de sus preocupaciones?

-Hablo por el grupo de obispos que fuimos juntos. Tuvimos un diálogo distendido y largo con él. Aparecieron las cuestiones que aparecen diariamente tanto en su magisterio como en su forma de actuar en cuanto obispo de Roma y pastor de la Iglesia universal que es la fe, la atención a las personas, los sufrimientos que se atienden en las diócesis, las vocaciones al sacerdocio, las tareas que forman parte de nuestra vida...

-¿Cómo ve la reforma del aborto que ha planteado el Gobierno?

Con el aborto, no podemos decidir quien vive y quién no

-Ninguno tenemos autoridad para decidir quién merece vivir y quién no. En segundo lugar todos comprendemos que puede haber momentos en que una mujer que está esperando un hijo tenga dificultades para recibirlo. En este contexto pido que nos hagamos conscientes y cercanos para ofrecerle ayuda. La impresión que yo tengo por lo que veo en la diócesis de Valladolid es que cuando la persona encuentra esta ayuda en todos los órdenes (humano, afectivo, económico) lleva adelante el embarazo y se alegra muchísimo de vivir esa vocación maternal con la ayuda de los demás.

-Muchas veces la defensa de la vida, de la unidad de España, de la libertad de la Iglesia ha sido tomada como un ataque por parte de algunos sectores de la sociedad y también de los gobiernos, ¿por qué se interpreta así?

-Nos encontramos en una sociedad plural desde hace muchos años, por tanto para que la pluralidad sea una pluralidad que nos enriquezca a todos tiene que ser una pluralidad respetada. Nadie puede decir «tal discurso no cabe dentro del ámbito de la opinión pública». Exijamos que el derecho a la expresión no sea conculcado. Aportemos la perspectiva que nosotros debemos aportar con atrevimiento y libertad, ya que la verdad se va haciendo su camino. Pero, sobre todo, nos respetemos. Hay un bien común en el que la violencia debe quedar excluida porque eso no es ni adecuado a la persona que ejercita la violencia ni respetuoso con la persona que es violentada. Crezcamos en nuestra humanidad, en una humanidad consciente, libre, colaboradora.

-¿No echa en falta pactos de Estados para los grandes problemas que tiene España?

-Sí, a mí gustaría que muchas cuestiones que son de Estado hallaran un lugar para afrontarlas conjuntamente. Lo necesitamos todos.

-¿No cree además que la sociedad se lo merece?

-Claro que sí. Estoy convencido que muchas veces los ciudadanos cuando escuchamos y vemos las polémicas constantes además de producirnos irritación nos produce decaimiento. ¡Cómo vamos a afrontar así las cuestiones! Todos juntos somos más fuertes y podemos afrontar mucho mejor los envites y las dificultades que la vida nos va poniendo delante.

-¿Qué le parece la reflexión teológica con respecto a los problemas de la familia que se está preparando de cara al Sínodo y, concretamente, la cuestión de los divorciados vueltos a casar?

-De cara al próximo Sínodo que tendrá lugar en octubre hemos recibido un cuestionario que en las diócesis hemos ido respondiendo. En esas respuestan han aparecido todas las cuestiones que gravitan en torno al matrimonio y la familia. De nuestra área cultural y también de otras porque tenemos que reconocer que en muy pocos años se ha despertado una especie de avalancha de problemas en este orden que antes parecían absolutamente inimaginables.

-¿Y la atención pastoral a los divorciados vueltos a casar? ¿cómo lo ve?

Los casados de nuevo por lo civil siguen siendo cristianos

-Debemos cuidarlo siempre. El que un cristiano se haya divorciado y haya contraído un nuevo matrimonio civil no implica que haya dejado por ello de ser cristiano. Continúa siendo hijo de la Iglesia, por tanto que participe. Creo que tampoco es bueno poner una forma concreta de participación como la totalidad. Si no puede comulgar, sí puede ir a misa, rezar y procurar la educación en la fe de los hijos. Esta cuestión en la que se ha centrado el interés será tratada adecuadamente, pero hay muchas otras cuestiones. También podríamos plantearnos por qué hay tantísimas rupturas. Vayamos a la raíz.