Tras abandonar el tabaquismo activo se van fortaleciendo y cambiando conductas
Tras abandonar el tabaquismo activo se van fortaleciendo y cambiando conductas - efe
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Los fumadores que dejan el hábito son solo «exfumadores entre comillas» tras un año

El tabaquismo es una enfermedad crónica, pero el abandono activo del tabaco reporta beneficios «a cualquier edad», afirma el Dr. José Ignacio Granda, neumólogo y coordinador del área de Tabaquismo de la Sociedad Española de Neumología

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Que la industria farmacológica ingrese cientos de miles de millones en productos para dejar de fumar da una idea aproximada de una evidencia: la mayoría de fumadores quieren ser exfumadores.

Abandonar el hábito no es una empresa fácil y, una vez hecho, viene el segundo reto. Y es que «el fumador seguirá siendo fumador siempre, del mismo modo que sucede con el alcoholismo», advierte el Dr. José Ignacio Granda, neumólogo y coordinador del área de Tabaquismo de la Sociedad Española de Neumología ( SEPAR).

La enfermedad del tabaquismo es una dolencia crónica que, sin embargo, conviene llevar a fase pasiva cuanto antes y siempre. «Nunca es tarde para dejar de fumar», asegura el doctor Granda, que cita varios estudios sobre la mejora física y vital experimentada en fumadores que dejaron de serlo activamente después de los 60 y 70 años.

Tratamientos eficaces

Dejar de fumar es un proceso y no un punto de partida. De hecho, según la estadística, los métodos más eficaces para abandonar el hábito son los «multicomponente», narra Granda. Es decir, aquellos que combinan un «asesoramiento cognitivo conductual», es decir, una serie de hábitos y apoyo psicológico, junto al «tratamiento farmacológico: sustitutivos de la nicotina, varelicina o bupropión», enumera el doctor Granda.

Uno es fumador desde que consume al menos un cigarrillo al día, pero el «cómo» es esencial para determinar los efectos nocivos que el tabaco puede tener sobre el consumidor. «El número cigarrillos que se fumen y el periodo de tiempo vital durante el que se haga» son obviamente factores agravantes. Pero también influye «cómo se fume», explica el Dr. Granda. «Si son caladas profundas o más superficiales, o el tiempo que se mantiene el humo dentro de los pulmones e incluso si se expulsa lentamente mientras, por ejemplo, se habla, ayuda a la absorción de los agentes dañinos del tabaco», dice. Un tercer factor es «idiosincrasia de cada persona», es decir, la mayor o menor tolerancia a la sustancia que se tenga por naturaleza.

La posibilidad de recaer es del 50 por ciento a los 3 meses; del 1 tras un año

En cualquier caso, como advierte el neumólogo, «fumar afecta a todo el organismo; hay 25 cánceres asociados al tabaquismo, pero el tabaco tiene relación con la osteoporósis, la diabetes, el asma...», enumera el doctor.

Aunque es, como ya se ha dicho, una enfermedad crónica, «la probabilidad de recaer va disminuyendo con el tiempo, puesto que se van fortaleciendo y cambiando conductas». Esta estadística indica que, pasados tres meses, «casi un 50 por ciento de los fumadores vuelven a retomar el hábito», alerta Granda. Tres meses más tarde, apenas el 2 por ciento de quienes han superado esa barrera vuelven a fumar. «A partir de un año, solamente un 1 por ciento recae, y es entonces cuando uno puede considerarse un exfumador entre comillas», afirma el experto, consciente de la mejora evidente de todos los indicadores físicos y defensor del abandono del hábito a cualquier edad, aunque siempre se vaya a ser fumador cuando se ha sido.