El Papa Francisco ensalza la alegría de Santa Teresa de Jesús
El Papa Francisco ensalza la alegría de Santa Teresa de Jesús - efe

El Papa Francisco: «La verdadera santidad es alegría, porque un santo triste es un triste santo»

El Pontífice ha escrito una al obispo de Ávila con motivo del V Centenario de Santa Teresa de Jesús

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«La verdadera santidad es alegría, porque un santo triste es un triste santo», escribe el Papa Francisco al obispo de Ávila, Jesús García Burillo, en una carta sobre el V Centenario de Santa Teresa de Jesús, la española más universal, cuyo nombre han ido tomando otras mujeres excepcionales como Teresa de Lisieux, Edith Stein o Teresa de Calcuta.

La cariñosa carta, fechada este miércoles en el día de su fiesta, comienza recordando que «el 28 de marzo de 1515 nació en Ávila una niña que con el tiempo sería conocida como Santa Teresa de Jesús». Con motivo del quinto centenario, el Papa anima «a todos los españoles a conocer la historia de esa insigne fundadora, así como a leer sus libros».

En la línea de su exhortación apostólica programática « La alegría del Evangelio», el Papa recuerda que «Dios se alegra con nosotros. Y, de sentir su amor, le nacía a la Santa una alegría contagiosa que no podía disimular y que transmitía a su alrededor».

Ese tintineo del alma es compatible, según Francisco, con una vida de renuncia y de sacrificio por los demás «mirando al Crucificado y buscando al Resucitado. De ahí que la alegría de Santa Teresa no sea egoísta ni autorreferencial. Como la del cielo, consiste en "alegrarse de que se alegren todos"».

El Papa aconseja practicar la oración, que ella «definió bellamente como un "tratar de amistad estando muchas veces a solas con quien sabemos que nos ama". Rezar no es una forma de huir, ni de aislarse, sino de avanzar en una amistad».

Finalmente, el Santo Padre invita a imitar el ejemplo de la andariega en el modo de cumplir «los deberes de cada día porque también "entre los pucheros anda el Señor"» y en el modo de afrontar «las dificultades de su tiempo, tan complicado, sin ceder a la tentación del lamento amargo».

El Papa se despide del obispo de Ávila y de los fieles abulenses y españoles pidiendo «por favor, que recen por mí, pues lo necesito. Que Jesús les bendiga y la Virgen Santa los cuide. Fraternalmente, Francisco».