Un médico militar norteamericano ayuda a ponerse un equipo de protección individual
Un médico militar norteamericano ayuda a ponerse un equipo de protección individual - reuters
crisis del ébola

Militares y huelga: la lucha por la supervivencia en Liberia

Sanitarios locales (en crítica situación económica) y tropas estadounidenses caminan de la mano en el país africano para poner fin a la crisis de ébola

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A comienzos del siglo XIX la Sociedad Americana de Colonización instituía Liberia como colonia. Entonces, el objetivo era simple: Trasladar a este punto geográfico a antiguos esclavos negros de Estados Unidos. En 1847, sin embargo, estos nuevos residentes declararían de forma definitiva la independencia de la república. De aquellos tiempos todavía se muestra heredera la capital del país, Monrovia, que recoge su nombre del presidente estadounidense James Monroe.

Ahora, casi dos siglos después de aquel viaje que cambiaría para siempre la región, Liberia y Estados Unidos se funden de nuevo. Y con la supervivencia del primero en juego.

A comienzos de mes, la Administración Obama autorizaba el despliegue paulatino de hasta 4.000 soldados en las zonas afectadas por el ébola. En virtud de este mandato, en la última semana, al menos un centenar de infantes de marina llegaban a Liberia, elevando a 300 el número de tropas estadounidenses en el país africano. Solo en sus fronteras se han producido 4.075 contagios, con 2.316 muertes por el virus ébola. Cerca de la mitad de las ocurridas de manera global.

«Tenemos experiencia en el despliegue en muchos entornos médicos. Sin embargo, esto es único», reconocía recientemente Scott Giberson, director general de Salud Pública de Estados Unidos.

El operativo camina bajo el mando de Darryl A. Williams, general de dos estrellas que cuenta con experiencia en las operaciones como Tormenta y Escudo del desierto en el Golfo Pérsico en la década de las 90. Entre sus principales objetivos, garantizar la llegada de suministros y la generación de estructuras estables. Tal es el caso de los 17 centros de tratamiento, con capacidad para 100 camas en cada uno, que se espera estén listos a final de año. Todo ello, en un Estado totalmente congestionado por la enfermedad.

«Necesitábamos su apoyo. No podemos combatir esta batalla solos. Nuestro Gobierno es quien debería estar gestionando la crisis de manera eficiente, pero esto parece imposible», reconoce a ABC en conversación telefónica Maima Klimmie, sanitaria local.

Para entender la situación del país africano, basta comparar los números marciales. El despliegue anunciado por Estados Unidos, por ejemplo, ya de por sí dobla el número total de militares locales con los que cuenta Liberia: Cerca de dos millares (tras finalizar la guerra civil en 2003, el Gobierno de Monrovia llevó a cabo una desmilitarización del país para prevenir futuros conflictos).

Salarios míseros

No obstante, en esta guerra, el enemigo ahora es invisible. Y con muchas caras. Ayer, el colectivo sanitario iniciaba una huelga en Liberia ante el impago de sus salarios y la ausencia de medidas de seguridad eficientes. «Que haya soldados estadounidenses en el territorio para colaborar con nosotros me parece correcto. Pero me preocupa más mi dinero», asevera a este diario el enfermero Jerry Donkeh. Pese a que la asociación de trabajadores sanitarios de Liberia (Nahwal) había hecho un llamamiento masivo a seguir el paro, no obstante, buena parte de sus representados se personaba ayer en los centros de tratamiento. El problema ético parece evidente.

«El salario de los sanitarios en la región es muy bajo; además, nuestras familias no reciben ninguna compensación cuando uno de nosotros es víctima de la enfermedad. Eso provoca que aquellos que se encuentran en primera línea del brote estén desmotivados», reconoce George Poe Williams, secretario general de la Nahwal. Solo en Liberia, desde que se registrara hace seis meses el primer caso de ébola, 95 sanitarios han perdido la vida por el virus.