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Picos de Europa, el maná del Parque Nacional

La ampliación del espacio protegido lleva la esperanza de la reactivación económica a los concejos afectados

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«En Sotres empedraron las calles con el dinero del Parque Nacional y dejaron el pueblo como nuevo». Con esta frase comienza una conversación de atardecer en Casa Alfonso, el habitual punto de reunión de los vecinos del pueblo asturiano de Oceño antes de retirarse a sus casas. El anuncio de la ministra de Agricultura y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, de que en la próxima primavera los concejos de Peñamellera Alta y Peñamellera Baja aportarán más de 2.400 hectáreas al Parque Nacional de Picos de Europa, no ha pillado por sorpresa al medio centenar de habitantes. Pero sí ha creado bastantes expectativas en la reducida comunidad.

El pueblo más elevado de Peñamellera Alta, y el que más terreno cede en esta ampliación, va a convertirse en unos meses en una privilegiada puerta de entrada «a una zona totalmente virgen de Picos de Europa», afirma Rosa Domínguez de Posada, la alcaldesa. Un espectacular paisaje de escarpados riscos, soberbios hayedos, ríos angostados entre imponentes paredes de piedra y «praderías» que nunca pierden su verdor.

Subvención al ganado

Ni las tierras ni sus habitantes han formado parte del Parque jamás. «Pero hemos tenido todos los inconvenientes y ninguna de las ventajas», asegura Alfonso Martínez, hijo del mítico guía de montaña -del mismo nombre- que ascendió más de doscientas veces a la cumbre del Naranjo de Bulnes. «Al estar pegados, los ganaderos y pastores de la zona estaban de facto en el Parque, pero no de iure». Como explicaba a ABC Domínguez de Posada esta pasada semana, « los vecinos de los pueblos que ya pertenecen al Parque cobran un 40% más de subvenciones por el ganado y los derechos de los pastos».

Cuánto dinero llegará al pueblo es una incógnita aún. Desde el Ministerio de Medio Ambiente se limitan a señalar que « los nuevos territorios son susceptibles de ver incrementadas las inversiones y compensaciones autonómicas y estatales. Podrán participar en las convocatorias de subvenciones en las áreas de influencia socioeconómica de los Parques Nacionales». María Teresa de Lara Carbó, portavoz de Medio Ambiente del PP en el Congreso, recuerda también que «los 10 millones de visitantes anuales de los Parques Nacionales demuestran que el turismo de Naturaleza es una clara oportunidad para el desarrollo sostenible de las comarcas de su entorno». Y con 1,5 millones de visitantes que tuvo Picos de Europa en 2012, desde luego que pertenecer al Parque puede ser una oportunidad.

De camino hacia la Braña de Caraspión, donde la pista da paso a una pradera en la que ahora pastan varias vacas Casinas de raza asturiana y el día anterior lo hacía un Asturcón, un pequeño caballo de monte autóctono, Alfonso enseña una de las posibles ubicaciones del pequeño aparcamiento que Parques Nacionales construirá. No muy lejos de ese enclave, José Antonio Roque Llamazares, teniente de alcalde de Peñamellera Alta, señalaba el enclave del futuro mirador que permitirá a los nuevos visitantes admirar los barrancos que encajonan al río Rubó y las empinadas laderas de umbría en las que tanto les gusta medrar a las hayas. En la cabeza de todos está el pueblo de Sotre y «los siete millones de euros que se invirtieron allí».

Aprovechar las subvenciones

A diferencia de Peñamellera Alta, los vecinos del limítrofe concejo de Peñamellera Baja sí decidieron entrar en el Parque desde el principio. Y el dinero llegó, explica José Manuel Fernández, su alcalde. «No han sido proyectos grandiosos. Pero se ha empedrado la aldea de Cuñaba y restaurado su núcleo urbano, además de recuperar elementos arquitectónicos y etnográficos como el puente, el lavadero antiguo y varios bebederos para el ganado. En Suarías, se construyó un parque público y en Panes se está terminando un arboretum con la flora del Parque. Unos 600.000 euros», se aventura a decir.

Por eso, todos piensan en las subvenciones. Eso sí, «lo importantes es que esta vez sepamos aprovecharlas bien», dice Pablo, antes de apurar un buen trozo de queso de cabrales (Oceño es uno de los pueblos que tiene reconocida la Denominación de Origen). «Las primeras que dieron terminaron siendo un desastre. La gente no estaba acostumbrada y gastó mal el dinero. Pocos construyeron refugios para el ganado durante el invierno o mejoraron la raza. Si una cabra se les escominaba (perder la cría), les daba igual; como ya habían cobrado la subvención... Así pasamos de tener 1.000 cabras a solo 100. Pero esta vez no va a ser así», asegura este pastor, cerrando la conversación con un merecido trago después de haber pasado más de tres horas persiguiendo por unas laderas de vértigo a un castrón (macho cabrío) despistado de su rebaño. Ya lo dijo la alcaldesa. «Una zona totalmente virgen». Y lo es.