Leandra Becerra, dos días antes de cumplir los 127 años, con uno de sus tataranietos
Leandra Becerra, dos días antes de cumplir los 127 años, con uno de sus tataranietos - efe

Los secretos de Leandra Becerra para llegar ¡a los 127 años!

Ayer celebró su cumpleaños la mujer más longeva de México... y probablemente del mundo

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Leandra Becerra Lumbreras acababa de cumplir los 52 años cuando tal día como hoy hace 75 años estalló la II Guerra Mundial. No era la primera contienda que presenciaba. A sus 27 años había visto comenzar la Primera y al parecer ella misma fue una de las « adelitas» de la Revolución Mexicana (1910-1917).

«A veces se pone nos cuenta cosas que yo pensaba que eran mentira, como cuando se pone a hablar de la esposa de Porfirio Díaz», relata en El Universal una de las bisnietas de esta anciana mexicana que ayer cumplió nada menos que 127 años.

Nacida el 31 de agosto de 1887, Doña Leandra ha transitado por tres siglos, lo que no le impide conversar y tener cierta movilidad, pese a la sordera y las cataratas.

Los datos de su nacimiento están documentados en un acta certificada por jueces y notarios después de una investigación en su natal Tula, en el estado de Tamaulipas. Su registro de nacimiento original, si es que lo hubo, pudo haberse extraviado hace 40 años cuando ella migró a Guadalajara (oeste), para vivir con una de sus hijas, explica su bisnieta Miriam Alvear, de 43 años.

No es raro que falte ese documento porque el Registro Civil mexicano tiene poco más de un siglo y medio.

Becerra vive en la colonia Miramar de Zapopan (Jalisco), en una casa propiedad de su nieto Samuel Alvear. Allí pasa su tiempo entre periodos de sueño que pueden prolongarse durante tres o cuatro seguidos y sus recuerdos de tres siglos que relata a familiares, vecinos y curiosos que acuden a visitarla.

«Mucha gente duda de su edad porque la ven bien. Está bien de salud, no tiene más que un pulmón congestionado por guisar tantos años con leña. Los médicos que la han visto no le han detectado problemas por alguna enfermedad. No oye de un lado y ve poco, pero está bien», asegura Celia Hernández Vázquez, la madre de Miriam.

153 descendientes

¿Los secretos de su longevidad? Días enteros de sueño, un buen apetito y el cariño de sus descendientes. Suma, hasta ahora, más de 153 personas: 5 hijos, 20 nietos, 73 bisnietos y 55 tataranietos.

Como pudo constatar Efe al visitarla días antes de su cumpleaños, Doña Leandra busca siempre la mano de quienes se acercan a saludarla y la sostiene fuertemente entre las suyas. En su silla de ruedas y con un rebozo arropando su frágil cuerpo, esperaba soplar las velas con un sabroso pastel, pues apetito no le falta.

«Quiero frijoles con gordas (tortillas)», le exigió a Celia Hernández, su nieta política.

Es su platillo favorito, pero se conforma con la taza de leche y el suplemento alimenticio que le dan ya que por indicación médica no puede ingerir ningún alimento sólido.

«Siempre fue de buen diente. Come mucho, como si no tuviera la edad que tiene», afirma Hernández.

Chocolates a los 127 años

Como no padece diabetes ni hipertensión, puede darse el lujo de comer chocolates o algún otro dulce que comparten con ella sus tataranietos, cuenta su bisnieta Miriam.

Su carácter vivaz y cálido se manifiesta en los arrullos que hace a algunos de sus tataranietos y en las coplas antiguas que interpreta de vez en vez, aprendidas de sus padres, cantantes en Tula.

Becerra tenía 23 años cuando estalló la Revolución Mexicana, 82 cuando el hombre pisó la Luna y 113 al entrar el nuevo milenio. Ha enterrado a sus cinco hijos y a algunos de sus nietos. El más reciente murió en 2013. Tenía 90 años.

Suele narrar historias de la época revolucionaria cuando, junto con sus hijos, corría a las cuevas cercanas a Tula para esconderse de los soldados que reclutaban a la fuerza a los más jóvenes.

Su bisnieta Miriam Alvear afirma que, aunque no lo han podido confirmar con documentos o fotografías, su bisabuela pudo haber sido una de las «Adelitas», las mujeres que atendían y acompañaban a los soldados revolucionarios que lucharon contra el presidente Porfirio Díaz en 1910.

Más certeza tienen sus familiares de que conoció al líder insurgente Francisco Villa, que regalaba maíz a la gente, y a Alberto Carrera, un famoso militar revolucionario que le regaló un terreno expropiado a los hacendados tamaulipecos.

En las pocas fotos viejas ella aparece siempre con el pelo trenzado, un rebozo, faldas largas y guaraches (sandalias).

Pocas son sus pertenencias: una vieja cuchara de plata de 1847, billetes antiguos, unos aretes de oro, un anillo y un viejo reloj de bolsillo con una máquina de tren a vapor grabada.

En ocasiones deja volar su mente y conversa con fantasmas del pasado o narra situaciones que la marcaron, como cuando fue empleada doméstica en una antigua hacienda de Real de Catorce, en el norteño estado de San Luis Potosí.

También habla de los tres grandes amores que tuvo. Uno de ellos, Margarito Maldonado, luchó en la Revolución y le regaló un rifle que hasta hace poco conservaba la familia.

«Siempre fue una mujer que luchó. Cosía ropa, tejía hasta hace dos años, nunca ha dejado de estar activa, por eso creemos que pudo llegar hasta esta edad», concluye su bisnieta.

Según la página oficial del Récord Guinness, la mujer más longeva del mundo fue la francesa Jeanne Louise Calment, nacida en 1875 y que falleció en 1997 con 122 años. La misma organización considera que la mujer viva más anciana es la japonesa Misao Okawa, nacida en 1898 y que tiene 116 años, once menos que Leandra Becerra.