«Los que vieron la muerte», la procesión de ataúdes abiertos de un pueblo gallego
Momento en el que los féretros salen de la capilla con los vivos en su interior - EFE

«Los que vieron la muerte», la procesión de ataúdes abiertos de un pueblo gallego

Los habitantes de la localidad agradecen a Santa Marta su intercesión con este ancestral rito en el que portean a tres penitentes vivos

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La escena para aquellos que no conozcan esta curiosa tradición de As Neves (Pontevedra) es tétrica. Una procesión con ataúdes abiertos, con personas vivas –y amortajadas– en su interior y con el replicar constante de las campanas de la iglesia. No es la imagen que un turista esperaría.

La procesión de Santa Marta de Ribarteme es una de las más inquietantes y sentidas de España. El silencio de la multitud contrasta con el doblar de las campanas. Es la forma que tienen de agradecer aquellos que han visto de cerca a la muerte la intercesión de Santa Marta, hermana de Lázaro, protectora de los desahuciados.

Grande tiene que ser la devoción a la santa para combatir la claustrofobia de permanecer en una caja de madera durante más de una hora y bajo un sol de justicia, como suele hacer en esta época del año.

Esta vez han sido tres penitentes, un hombre y dos mujeres, mientras que un cuarto féretro ha desfilado vacío, el de una mujer en silla de ruedas, cuya nieta ha procesionado como ofrecida. Porteadores y familiares se encargan del avituallamiento, principalmente líquidos, durante el recorrido desde la iglesia de Santa Marta hasta el cementerio y vuelta al punto de partida.

Cánticos a la virgen

El sonido de las campanas, acompasadas con las bombas de palenque y un cántico repetitivo, «Virgen de Santa Marta, estrella del norte, te traemos a los que vieron la muerte», dan mayor solemnidad a la comitiva.

Algunos de sus integrantes visten una especie de mortaja hecha de tul y portan un bastón y una vela, que bien traen de casa o la adquieren en los múltiples puestos con cirios de todos los tamaños y exvotos instalados en los alrededores de la parroquia, que hoy se ha vuelto a quedar pequeña.

La de Santa Marta de Ribarteme no es la única celebración religiosa de Galicia donde la muerte, o más bien la resurrección, es la protagonista.

Sea como fuere, esta pequeña localidad de As Neves ha atraído la atención de publicaciones internacionales como National Geographic, uno de cuyos colaboradores se subió a un féretro el año pasado durante la elaboración de un reportaje sobre esta fiesta, considerada por The Guardian como una de las más raras del mundo.