Semana Santa 2014: Cuando el peso de la devoción lo cargan ellas
Un grupo de costaleras en la procesión del Santo Entierro, en Madrid - EFE

Semana Santa 2014: Cuando el peso de la devoción lo cargan ellas

En el año 1985 un grupo de 37 jóvenes cordobesas formó parte del paso de la Virgen de la Encarnación, convirtiéndose en las primeras costaleras de la historia de España. Hoy en día, cientos de mujeres repartidas por todo el país continúan su legado

aitor santos moya
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Cuando a principios de los años 80 un grupo de mujeres cordobesas, en su mayoría adolescentes, empezaron a ensayar con el hasta la fecha insólito objetivo de meterse bajo las trabajaderas, pocos pensaban que podrían conseguirlo. Sin embargo, con tesón, esfuerzo y sobre todo mucho coraje, 37 jóvenes realizaban en 1985 un trayecto a la ida y otra a la vuelta portando sobre sus hombros el paso de María Santísima de la Encarnación. Solo un año más tarde, llevarían a cabo el recorrido durante toda su estación de penitencia. Aquel hecho, muy controvertido en su momento, sentó las bases de una nueva era en la Semana Santa.

Casi 30 años después de la aparición de las primeras costaleras en España, cientos de mujeres repartidas a lo largo y ancho de la península continúan un camino lleno de sacrificios, pero rebosante de recompensas. Esperanza Elipe, natal de la localidad de Membrilla (Ciudad Real), formará por primera vez parte de la cuadrilla encargada de sacar el Jueves Santo y el Domingo de Resurreción a la Santísima Virgen de la Esperanza, «nuestra hermandad alberga dos pasos: el de la Virgen de la Soledad y el de la Virgen de la Esperanza. Las dos imágenes llevan saliendo muchos años, pero esta será la primera Semana Santa que salgamos con la Virgen de la Esperanza a nuestro costal, ya que la Virgen de la Soledad aún marcha sobre ruedas».

«No importa si eres hombre o mujer, todos somos los pies de la Virgen»A sus 24 años refleja la ilusión de quien se estrena en esta tarea, «mis padres llevan 30 años siendo miembros de esta cofradía y yo desde que era muy pequeña siempre he salido acompañando a la Virgen. Cuando terminó la anterior Semana Santa en Membrilla cobró fuerza la idea de sacar el paso de la Virgen de la Esperanza a costal. A mediados de julio asistí a una reunión y desde el primer momento sentí ese 'gusanillo' de querer ser partícipe. Ahí me di cuenta que la devoción se lleva por dentro y no puede explicarse, pero es algo que me llena totalmente».

Aunque el paso está preparado para aproximadamente 30 costaleros, este año el grupo está formado por 24, de los cuales 7 son mujeres. El papel de cada uno de ellos es fundamental, ya que como recuerda Esperanza «todos son los pies de la Virgen». A pesar de su inexperiencia, la confianza en que todo salga perfecto está intacta, «hace falta mucho sacrificio ya que partimos desde cero. Llevamos desde noviembre aprendiendo como se tiene que ir debajo del paso y ensayando cada 15 días e incluso todos los viernes de este último mes».

El Misterio del Lavatorio

María Márquez, Rita Flores y Estefanía Castro pertenecen desde hace 12 años a la hermandad de la Real Archicofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, asentada en el municipio almeriense de Vera. La mañana de Viernes Santo volverán a formar parte de la cuadrilla de mujeres que portará El Misterio del Lavatorio, que lleva saliendo en procesión desde principios de la década de los 40. Reconocen que siempre les ha llamado la atención y a pesar del largo período de tiempo que ostenta el paso, recuerdan que hubo una imagen que «fue destruida o desaparecida durante la Guerra Civil, y que de no ser así, ahora tendría un siglo».

Desde hace dos meses cerca de 60 costaleras ensayan cada fin de semana, en una escena que se viene repitiendo desde 1999, «anteriormente era llevado por hombres pero a partir de ese año empezó a hacer su estación de penitencia portado por mujeres». Un cambio que no mueve un ápice el sentido de la misma, «no vemos ninguna diferencia entre los pasos mixtos o formados por hombres, ya que todos realizamos el mismo trabajo, sacrificio y esfuerzo».

El brillo en las palabras aflora cuando las tres almerienses explican la pasión con que esperan la Semana Santa, «esta época nos ofrece la oportunidad de vivir al máximo nuestra espiritualidad, compartir la misma con nuestros hermanos cofrades, y participar en la cultura de nuestra tierra». Los sentimientos están a flor de piel y prueba de ello son los nervios que surgen en los días previos, «es una de las semanas mas esperadas del año puesto que atesora una sensación difícil de expresar. El sentir como se te eriza la piel al ver pasar las imágenes por las calles de Vera y ver los frutos del esfuerzo un año entero, esperando y deseando que todo salga bien».

Un rincón muy especial

María Carmen Foz, de 61 años, es originaria de Castelserás, un pequeño pueblo de poco más de 800 habitantes de la provincia de Teruel. Ella y sus tres hijas pertenecen a la Cofradía del Cristo de la Soledad y cada Viernes Santo, durante más de una década, han portado a la Virgen que acompaña al Cristo en su camino hacia la cruz. El paso, formado por 24 mujeres en dos relevos de 12, requiere de un gran esfuerzo ya que solamente la peana vacía pesa alrededor de 600 kilos, «nos agachamos en cuclillas para meter la cabeza entre las barras y levantar todo el peso con los hombros y la espalda. Desde hace un año, he tenido que dejarlo debido a problemas lumbares».

En plena Ruta del Tambor y el Bombo, que tan fielmente recreó el célebre director de cineLuis Buñuel, no es habitual encontrar un escenario donde las mujeres carguen literalmente con el peso de la devoción. «Mis hijas y yo entramos en la Cofradía en distintos años, hará unos 15 en total. Sobre todo cuando se nos permitió poder sacar a la Virgen», recuerda María Carmen, para quien no debería existir ninguna diferencia por género.

«En un municipio tan pequeño, cada vez cuesta más juntar a 24 mujeres»Dada la peculiar orografía de la villa aragonesa, es necesario una planificación perfecta a la hora de colocarse debajo de la Virgen, «nos establecen en turnos de menor a mayor altura y así nos vamos colocando, porque el pueblo está repleto de cuestas. De esta forma el peso recae de una manera proporcionada a medida que vamos caminando».

A pesar del importante acontecimiento que supone para la localidad, cada vez es más complicado encontrar un relevo generacional. «En un municipio tan pequeño, cuesta juntar a 24 mujeres dispuestas a cargar sobre sus hombros cientos de kilos. A medida que nos vamos retirando, las que llegan deben saber que la fe es nuestra única ayuda para realizar un sacrificio así», concluye María Carmen.