La muerte en la cruz, más allá de Jesús
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La muerte en la cruz, más allá de Jesús

La crucifixión fue un cruel y sanguinolento método utilizado por los romanos para ejecutar a asesinos, ladrones… y cientos de mártires cristianos más

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La crucifixión fue un cruel y sanguinolento método utilizado por los romanos para ejecutar a asesinos, ladrones… y cientos de mártires cristianos más

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  1. De los persas a los romanos

    Hemos visto tantas veces reproducida la escena en cuadros, esculturas o películas, que tendemos a olvidar que Jesús de Nazaret no fue el único mártir que murió crucificado. Pero el caso es que siempre asociamos este cruel método de tortura y ejecución con él. Con su «cabeza punzada por gran cantidad de espinas, sus pies atravesados por los clavos, su cuerpo azotado y su costado atravesado por una lanza», que describía San Bernardo de Claraval en 1120. O con «las mandíbulas distendidas, la boca abierta, la lengua sanguinolenta y el vientre tan hundido que le tocaba la espalda, como si ya no tuviese intestinos», según Santa Brígida de Suecia.

    «Tenía el vientre tan hundido que le tocaba la espalda, como si ya no tuviese intestinos»Sin embargo, la crucifixión es anterior al propio Jesús. Es la más antigua de las penas capitales empleadas contra los mártires y los perseguidos en la antigüedad. Vino de Oriente y fue practicada por persas y escitas, y se empleó después en Siria, Egipto, Grecia y Cartago. En Roma lo conocieron en tiempos de la República, pero no fue hasta el Imperio, en la época en la que nació Jesús de Nazaret, cuando se hizo más habitual.

    Durante el Imperio, sin embargo, los ciudadanos romanos no podían morir en la cruz por ley. Era una ofensa muy grave al derecho civil y estaba reservado a asesinos, ladrones, piratas, esclavos fugitivos, rebeldes y, más tarde, a los cristianos, cuando esta religión aún era considerada ilegal.

    A causa de la ausencia de estadísticas, es imposible establecer el número de mártires que murieron crucificados. Las fuentes cristianas hablan de «innumerables» o «un número casi infinito», pero se tiende a pensar que estas expresiones son más producto de la retórica que de la realidad misma. Aún así, se conocen los nombres bastantes casos que han llegado hasta nosotros por textos antiguos, de los cuales te mostramos aquí los más famosos o extraordinarios.

  2. El «Buen Ladrón» y el «Mal Ladrón»

    Cuadro de la crucifición, en la que aparece Jesús, junto a Gestas y Dimas
    Cuadro de la crucifición, en la que aparece Jesús, junto a Gestas y Dimas

    Podemos empezar por Dimas y Gestas, los dos ladrones que fueron crucificados el mismo día que Cristo. Hay poca información y diferentes versiones al respecto, pero según el evangelio de Nicodemo, el primero (el «Buen Ladrón») fue crucificado a la izquierda de Jesús y segundo (el «Mal Ladrón») a la derecha.

    «Lo nuestro es justo, pues recibimos la paga de nuestros delitos»Mientras el evangelio de San Mateo asegura que ambos se burlaron de él en el momento de la muerte, el evangelio de San Lucas cuenta que tan solo fue Gestas: «Uno de los malhechores colgados lo insultaba: “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti y a nosotros”. El otro le reprendía: “Y tú, que sufres la misma pena, ¿no respetas a Dios? Lo nuestro es justo, pues recibimos la paga de nuestros delitos; éste en cambio no ha cometido ningún crimen”. Y añadió: “Jesús, cuando llegues a tu reino acuérdate de mí”. Jesús le contestó: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”».

    El «Protoevangelio de Santiago», escrito por José de Arimatea aproximadamente en el 150, hablaba de Gestas como un ladrón que «solía dar muerte de espada a algunos viandantes, mientras que a otros les dejaba desnudos y colgaba a las mujeres de los tobillos cabeza abajo para cortarles después los pechos. Y tenía predilección por beber la sangre de los miembros infantiles».

  3. Pedro, «con la cabeza hacia abajo»

    «La crucifixión de Pedro», según la pintó Caravaggio
    «La crucifixión de Pedro», según la pintó Caravaggio

    Después de Cristo, la crucifixión más famosa es probablemente la de Pedro, el primer jefe de la Iglesia, reproducida por Caravaggio, Miguel Ángel y otros genios de la pintura a lo largo de la historia. Se produjo alrededor del año 62 d.C., con Nerón en el poder. Suelen aceptarse los Jardines Neronianos del Vaticano como el lugar donde fue ejecutado ya que, según el historiador Tácito, en el siglo I, era allí donde se representaban las horrendas escenas de la persecución del emperador.

    «Yo veo cruces de diversos modos, a unos se les suspende en ellas con la cabeza hacia abajo»En el siglo II, Tertuliano solo cuenta que «Pedro sufrió una pasión semejante a la del Salvador», pero otros harán referencia a la manera en que esta se produjo. Orígenes, padre de la Iglesia oriental, precisa que se le crucificó «con la cabeza hacia abajo», porque él mismo «pidió por humildad que se le pusiera así en la cruz», ya que no se consideraba digno de morir como lo había hecho Jesús. Y a mediados del siglo IV, San Juan Crisóstomo escribía: «A semejanza del maestro tu quisiste ser crucificado, mas no en forma recta como Cristo el Señor, sino con la cabeza vuelta hacia la tierra, casi como mostrándote encaminado de la tierra al cielo».

    Al parecer, no era extraña esta crueldad en tiempos de Nerón, según escribía el mismo Séneca: «Yo veo cruces de diversos modos, a unos se les suspende en ellas con la cabeza hacia abajo».

  4. La cruz en aspa de San Andrés

    San Andrés fue crucificado en Patras, en el 62 d.C.
    San Andrés fue crucificado en Patras, en el 62 d.C.

    Alrededor también del 62 d.C., el hermano de Pedro, Andrés, se convirtió en otro de los apóstoles crucificados. Tras encargarse de predicar el evangelio por Asia, fue misionero en Grecia, en la ciudad de Patras. Fue allí donde, según cuentan los evangelios, se dedicó a curar a los enfermos posando sus manos sobre ellos, lo que provocó que muchos habitantes de la ciudad se convirtieran al cristianismo. Esto enfureció al procónsul, que ordenó su arresto y le condenó a morir en una cruz en forma de aspa.

    Según la iconografía, las dos puntas de la cruz estaban apoyadas de forma transversa en el suelo, pero el apóstol, a diferencia de Jesús, no fue clavado en ellas, sino atado para prolongar su agonía. Andrés estuvo muriendo durante tres días, los cuales aprovechó para predicar la religión a todos los que se le acercaban.

  5. Felipe, ejecutado junto a sus hijas

    Martirio de Felipe según José De Ribera
    Martirio de Felipe según José De Ribera

    Otro de los discípulos de Jesús, Felipe, fue también crucificado, esta vez en Hierápolis (Turquía). Los narradores antiguos cuentan que este apóstol fue perseguido durante 20 años por predicar en Escitia, una región de la Antigüedad clásica ubicada en Oriente Próximo. Durante estas dos décadas, Felipe habría realizado numerosos milagros que provocaron la conversión al cristianismo de otro gran número de personas.

    Un día, cuando ya tenía 87 años convocó de repente a todos los obispos de la región y les dijo: «El Señor quiere que emplee en vuestra formación los siete días que me quedan de vida». Una semana después fue detenido, azotado, encarcelado y, finalmente, crucificado para que su muerte se pareciese a la de «su maestro». Sus dos hijas vírgenes fueron enterradas a ambos lados de su cruz.

  6. Cosme y Damián, la caza más sangrienta

    «Crucifixión de Cosme y Damián» (Retablo de San Marco, 1438-1440), según el pintor cuatrocentista italiano Fra Angelico
    «Crucifixión de Cosme y Damián» (Retablo de San Marco, 1438-1440), según el pintor cuatrocentista italiano Fra Angelico

    Tras viajar a Siria para aprender ciencias y medicina, estos dos santos nacidos en Arabia se establecieron en Egea (Cilicia) para ejercer como médicos y predicar la palabra de Jesús. Debido a su proselitismo, fueron arrestados hacia el año 300, durante la persecución de Diocleciano, la caza de cristianos más sangrienta de toda la historia del Imperio Romano.

    Antes de que Cosme y Damián fueran crucificados, les hicieron todo tipo de torturasAntes de ser crucificados, A Cosme y Damiám les hicieron todo tipo de torturas. Fueron arrojados al agua atados a grandes piedras y quemados en la hoguera. Pero cuentan las leyendas que nada de eso les hizo el menor daño. Ni tampoco cuando, clavados en la cruz, fueron apedreados por la multitud y disparados con flechas por los soldados. Tanto unas como otras rebotaban sin llegar a rozarles y se volvían contra la turba violenta y hambrienta de sangre.

    Ante este panorama, sus verdugos decidieron decapitarlos sin que esta vez se produjera un milagro alguno.

  7. Bartolomé, ¿crucificado y decapitado?

    Existen varias versiones acerca del martirio de Bartolomé, el apóstol de Jesús que, tras predicar en Arabia, se encargó de llevar su palabra a la India, donde también tradujo a este idioma el Evangelio de Mateo.

    «Murió crucificado cabeza abajo, en Albana, ciudad de la extensa región de Armenia»Cuentan las antiguas escrituras que en el siglo VI, Astiages, último rey de Media, un rino situado entre el mar Caspio y los ríos de Mesopotamia, se enfureció con Bartolomé por convertir al cristianismo a su hermano y lo mandó llamar. «¡De modo que tú eres el hombre que pervirtió a mi hermano!», le acusó, obligándole después a renegar de Cristo para hacerle pagar su osadía con la misma moneda. Pero este apóstol le retó a que «maniatara» a su Dios si podía y, si no, continuaría, como había hecho, destruyendo las imágenes de sus «falsas divinidades». En ese momento, alguien se presentó al Rey para informarle de que las imágenes de los dioses Baldach y Vauldat se acaban de caer al suelo y hecho añicos.

    Las versiones de lo que le ocurrió a continuación al primer misionero de la India son varias. Unos cuentan que, tras oír la noticia, el rey ordenó que le apalearan y le desollaran vivo. Según Doroteo, «murió crucificado cabeza abajo, en Albana, ciudad de la extensa región de Armenia». Y en muchos libros se defiende que fue decapitado.

    Intentando incluir todas las lecturas, otros autores han llegado a asegurar que el apóstol fue primero crucificado, después descolgado de la cruz y desollado vivo para que sufriera más y, finalmente, decapitado.

  8. Dominguito de Val, el niño

    Ilustración de 1931 de la crucifixión de San Dominguito del Val
    Ilustración de 1931 de la crucifixión de San Dominguito del Val

    Dominguito del Val es un santo medieval legendario de Zaragoza que nació en 1243, durante el reinado de Jaime el Conquistador. Murió crucificado, según cuentan una confusa leyenda que ha sido negada por numerosos estudiosos e historiadores, a la temprana edad de siete años.

    «Querido niño, si quieres salir de aquí tienes que pisar ese Cristo»Según la leyenda, Dominguito fue víctima del odio de los judíos, que en aquella época eran muchos y muy poderosos en la capital aragonesa y tenían, según escribía Alfonso X el Sabio, la tradición de crucificar a niños durante el Viernes Santo para recoger su sangre. Han pasado a la historia los nombres de algunas de estas supuestas víctimas precoces, como Simón de Livolés, el Niño de la Guardia o Ricardo de Norwick.

    El miércoles 31 de agosto de 1250, pasaba Dominguito del Val por las estrechas calles del barrio judío de Zaragoza, cuando, de repente, Mosé Albayucet, un usurero judío según cuentan las antiguas versiones, se abalanzó sobre él y le raptó para llevarle a casa de uno de los rabinos principales de la ciudad. Allí le dijeron: «Querido niño, no queremos hacerte mal ningún, pero si quieres salir de aquí tienes que pisar ese Cristo». «Eso nunca. Es mi Dios. No, no y mil veces no», respondió con firmeza Dominguito.

    «Acabemos pronto», apremiaron los judíos mientras acercaban una escalera, un martillo y unos clavos para crucificar al niño, además de colocarle una corona de zarzas sobre su rubia cabellera, para que el parecido con Jesús fuera mayor. Una vez muerto, le cortaron las venas para recoger su sangre, y cortaron sus manos y su cabeza, que fueron arrojadas al río Ebro.

  9. Los «mártires de Nagasaki»

    Grabado de Wolfgang Kilian de 1628 sobre los «mártires de Nagasaki»
    Grabado de Wolfgang Kilian de 1628 sobre los «mártires de Nagasaki»

    Encontramos mártires muertos en la cruz incluso en regiones tan lejanas como Japón y épocas tan posteriores como el siglo XVI, poco después de que el gobierno imperial de este país aceptara el cristianismo por motivos económicos y para contrarrestar el poder que habían acumulado los monjes budistas. Pero tal fue el avance de esta religión que, asustados, la prohibieron de nuevo y decidieron ejecutar a todos los que no quisieran abandonar su fe.

    En 1597, el señor feudal Toyotomi Hideyoshi condenó a muerte a 26 cristianosEn 1597, el señor feudal Toyotomi Hideyoshi condenó a muerte a 26 cristianos. El martirio de los cinco misioneros europeos franciscanos, tres jesuitas japoneses, un franciscano mexicano y 17 laicos japoneses, entre los que había tres niños, comenzó cuando se les cortó la oreja izquierda y se les obligó, desnudos, ensangrentados y en pleno invierno, a peregrinar durante un mes tratando de convencer a la población sobre los peligros del cristianismo.

    Al llegar a Nagasaki fueron trasladados a las afueras de la ciudad y atados a una serie de cruces con cuerdas y cadenas en los pies y los brazos y les fueron colocadas una argolla de hierro en el cuello. Después, los soldados procedieron con crueldad a hundirles y remover las lanzas dentro de sus castigados cuerpos para provocarles el mayor dolor posible e ir matándolos lentamente. Entre ellos se encontraban San Pablo Miki o San Antonio Deynan, un niño de 13 años.

    Se cuenta que 4.000 cristianos fueron obligados a ver esta carnicería, y que cuando trataron de romper la barrera de seguridad de los soldados japoneses para evitar la matanza, muchos de ellos fueron también asesinados.