El joven que no está en las redes sociales es como si no existiera
Dos jóvenes usuarios navegan por las redes sociales - ANGEL DE ANTONIO

El joven que no está en las redes sociales es como si no existiera

Un estudio advierte del riesgo de «exclusión» de los pocos jóvenes que no se relacionan en el entorno digital

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Las nuevas tecnologías, internet y las redes sociales son, simplemente, donde hay que estar. Al menos así lo perciben los adolescentes y jóvenes, que han hecho de estos ámbitos el espacio donde se relacionan, ya sea para pasar el rato, compartir contenidos propios o estar al día de lo que ocurre.

Pero, al tiempo que «facilitan nuevos procesos de integración», también propician procesos de «exclusión», advierte el estudio «Jóvenes y comunicación. La impronta de lo virtual», presentado este miércoles por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, impulsado por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción.

«Quien no esté ni use redes sociales quedará abocado al olvido del grupo que se autogestiona y organiza a partir de las facilidades que ofrece la tecnología y que asume con aparente naturalidad los procesos de marginación que pueden sufrir esas personas», a los que se tilda de «raros», «independientes», aunque también en ocasiones «auténticos», explica el estudio.

Los jóvenes usuarios articulan de tal forma sus relaciones y rutinas en torno a las redes sociales, indica este informe, que la temporal ausencia de ellas, bien porque se estropea el móvil o el ordenador o porque se lo han olvidado en casa, «les hace sentir una verdadera incomunicación». «O todo pasa en las redes sociales, o las cosas que pasan fuera se gestionan y preparan en ellas», explica.

En este sentido, no estar integrado en las redes sociales, incluso no estarlo en tiempo real, se interpreta como una pérdida de oportunidades, como que no se están aprovechando las posibilidades que te brinda el desarrollo tecnológico, que no solo te hace la vida más cómoda y práctica, sino que determina buena parte del sentido de las relaciones personales.

Un uso masivo y cotidiano

Únicamente un 5,5% de los jóvenes no hace uso de las redes sociales de forma habitual, según los datos de la última encuesta del INE, por lo que, ante el empleo generalizado de estas herramientas por el resto, podrían correr el riesgo de quedar «excluidos», apunta el estudio del Centro Reina Sofía.

El Eurobarómetro de 2012 apuntaba que el 66% de los jóvenes entre 15 y 24 años usa las redes sociales todos o casi todos los días y el 19% lo hace entre una y tres veces por semana.

En cuanto a los motivos que mueven a los jóvenes a usar las nuevas tecnologías en sus relaciones, tres de cada cuatro de entre 15 y 29 años (74,1% en el caso de los hombres y 74,2% en las mujeres) piensa que «es más fácil hacer nuevas amistades», de acuerdo con un estudio del CIS de 2011 del que también se hace eco el estudio.

Las redes sociales permiten mantener el contacto con personas físicamente alejadas, pero «cuando se cae en el exceso y la dependencia, también aparecen malos usos».

Raros y frikis

El director técnico del Centro Reina Sofía, Eusebio Megía, que, aunque hay todo tipo de casuística sobre las razones por las que un joven se excluye de las redes sociales, cuando se queda fuera «el resto de compañeros lo ven como raros, frikis, no entienden que no quieran estar en los redes sociales, aunque también con el puntillo de admiración con el que se ve a los solitarios». «Internet es el sitio donde hay que estar, es donde pasan o se organizan las cosas», señala. En este sentido, se percibe que el que no está «se está perdiendo la oportunidad, queda fuera del escaparte».

Por otra parte, el informe advierte de la «fantasía de los nativos digitales», en alusión a los miembros de una generación que se supone que trae incorporadas las actitudes y conocimientos precisos para desenvolverse en las redes, pero que también ncesita complejos procesos de aprendizaje y su propia alfabetización digital.

«Si bien ven que las ventajas superan a los riesgos, entienden que, lejos del tópico social de que vienen aprendidos de serie, deben aprender y buscar un espacio de equilibrio que no está claro», señala Eusebio Megías. Ellos entienden que las redes permiten estar en contacto con mucha gente a la vez, pero también que si tienen mucho ruido, hay más riesgo para las relaciones individuales, más personales, explica. A su juicio, «el punto de equilibrio no es fácil».

Además, añade, deben saber «compatibilizar» su yo en las redes (online) con su identidad fuera de ellas (offline), que «son complementarias y no se sustituyen». Otras de las consecuencias de estas nuevas formas de relación es que «democratizan el flirteo, incluso los que tienen mas dificultades en el cara a cara, aunque saben que no pueden mentir, porque al final -concluye Megías- todo acaba en un cara a cara».