El Vaticano promete a la ONU ser modelo de lucha contra el abuso de menores
Monseñor Silvano Tomasi habla con Charles Scicluna, abogado del Vaticano. - afp

El Vaticano promete a la ONU ser modelo de lucha contra el abuso de menores

Afirma que «no hay excusas» contra esos delitos cuya incidencia mundial suma cientos de millones

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La Iglesia católica seguirá mejorando la protección de menores frente a abusos sexuales con el deseo de «convertirse en ejemplo de ‘mejores prácticas’ en este importante esfuerzo», según manifestó en Ginebra el representante del Vaticano, Silvano Tomasi, ante el comité de expertos de la Convención de Derechos del Niño, que sistemáticamente pasa revista al modo en que la aplican los Estados firmantes.

El arzobispo Tomasi reiteró que «no hay excusas para ninguna forma de violencia o explotación de los niños. Esos delitos no pueden ser justificados». El Vaticano ha presentado informes en 1994 y 2012, pero es la primera vez que hace una presentación verbal ante el comité de expertos encargados de examinar el respeto a la Convención en cada Estado y hacer recomendaciones que «la Santa Sede espera con gran interés».

El representante del Vaticano recordó la extrema gravedad del problema, pues el Informe sobre Violencia Contra Niños de Naciones Unidas, publicado en 2006, presenta cifras escalofriantes de la Organización Mundial de la Salud: 150 millones de muchachas y 73 millones de muchachos menores de 18 años han sufrido «experiencias sexuales forzadas». A esa lacra se añaden decenas de millones de niños en trabajo esclavo, soldados forzados y víctimas del tráfico de personas.

El arzobispo Silvano Tomasi reconoció que «se encuentran abusadores entre los miembros de las profesiones más respetadas y, más lamentablemente, incluso entre los miembros del clero y otro personal de la Iglesia». En este caso, los abusos revisten una gravedad mayor «ya que esas personas se encuentran en puestos de gran confianza y están llamadas a niveles de servicio de promover y proteger la persona humana».

Desde el punto de vista legal, en cuanto Estado miembro de la Convención de Derechos del Niño desde 1990, el Vaticano sólo es responsable de su minúsculo territorio de medio kilómetro cuadrado, en el que viven 31 niños, así como de los ciudadanos vaticanos, que son sólo unos cientos, y de su personal diplomático en el exterior.

En este sentido, el Papa Francisco incorporó recientemente una serie de delitos al código penal del Vaticano, que se están aplicando ya en el proceso al arzobispo polaco Jozef Wesolowski, cesado hace unos meses como nuncio en la Republica Dominicana por abuso de menores.

El arzobispo Tomasi explicó que, al margen de sus obligaciones como Estado en su territorio, la Santa Sede «como órgano central de la Iglesia católica ha formulado directrices para facilitar el trabajo de las Iglesias locales en el desarrollo de medidas dentro de su jurisdicción». Un protocolo ejemplar es la Carta de Protección de los Niños de la conferencia episcopal de Estados Unidos, que muchas organizaciones no católicas siguen como directriz.

El representante de la Santa Sede citó los esfuerzos de Juan Pablo II y Benedicto XVI por poner fin a abusos que han traído la vergüenza a la Iglesia católica y han costado, además, indemnizaciones millonarias a las parroquias y las diócesis, sobre todo en países anglosajones.

Poco a poco, la situación ha mejorado. Durante su último viaje al Reino Unido, Benedicto XVI señaló como meta un fruto positivo de ese desastre: aprovechar la experiencia acumulada en ayuda a las víctimas y prevención de abusos, de modo que la Iglesia pase a ser modelo en ese terreno como lo es en el de la ayuda sanitaria a personas pobres en todo el mundo.

Ese es el objetivo renovado por el Papa Francisco, quien anunció el mes pasado la creación de una Comisión de Protección de Menores, con expertos de todo el mundo, para avanzar en la lucha a un problema muy extenso, y en buena parte todavía invisible, tanto en los países pobres como en los ricos..