Polémica cacería en el Parque Nacional de Monfragüe
Un ciervo durante la berrea en el Parque Nacional de Monfragüe - ismael rozalen
MEDIO AMBIENTE

Polémica cacería en el Parque Nacional de Monfragüe

La autorización de la Junta para realizar una «acción de control biológico» de ciervos y jabalíes en una finca privada levanta las protestas de conservacionistas y hosteleros de la zona

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Una «acción de control biológico» que se llevará a cabo hoy en el Parque Nacional de Monfragüe ha provocado el choque de los empresarios turísticos de la zona, los conservacionistas de SEO/BirdLife que forman parte del Patronato de esta reserva de la naturaleza y la Junta de Extremadura.

Para SEO, no hay justificación alguna para este control de ciervos y jabalíes que califican de «irregular» porque «el Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) ni siquiera está aprobado» y lo atribuyen a un «favoritismo hacia los intereses cinegéticos de los propietarios privados». Protesta que se suma a la de los hosteleros, a quienes el corte por motivos de seguridad de una de las carreteras que atraviesa el Parque -la de La Bazagona- en un fin de semana de máxima afluencia causaría obvios trastornos.

Desde la Junta se ha asegurado, sin embargo, que la cacería no solo está justificada «por los problemas de tuberculosis que afectan a parte de la cabaña ganadera» sino que, en lo relativo a que no se informó a SEO, «el Patronato de Monfragüe del día 11 octubre de 2013 tuvo como punto 2 del orden del día el control poblacional de especies en las zonas de uso restringido del Parque». Al margen de esto, recuerdan igualmente que la disposición adicional segunda de la ley de Declaración del Parque señala que «en tanto se produce tal aprobación (del PRUG), de forma transitoria, la administración gestora adoptará las medidas de gestión que estime oportunas y otorgará las autorizaciones procedentes de acuerdo con lo señalado en la presente Ley y en el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales aprobado por Decreto 186/2005 de la Junta de Extremadura».

Echando un vistazo a ese Decreto, se puede leer en el apartado de Usos permitidos en la Zona de Uso Restringido que «por razones biológicas y al amparo de lo dispuesto en el artículo 13, apartado 3, de la Ley 8/1990, de Caza de Extremadura, se podrán realizar acciones selectivas, con el fin de controlar las poblaciones de ciervo y jabalí». Y un poco más adelante, que «estas acciones serán realizadas por la propiedad de las fincas o la Dirección del Parque con cargo a sus presupuestos, en toda la Zona de Uso Restringido».

Consultado también por ABC, Albert Ituren, director de la Escuela Española de Caza y profesor titular de Derecho Administrativo en la Universitat de Valencia, explica que «dentro de los Parques Nacionales hay fincas privadas en las que a sus dueños se les permiten, como compensación, aprovechamientos entre los que se encuentra la caza. Eso sí, controlada y para evitar que haya sobrepoblación de especies que pueden resultar dañinas para la agricultura, para otras especies de la zona o incluso para las personas (accidentes de tráfico) que acuden a esos Parques. Los titulares de los cotos de caza en estas zonas son responsables de los daños que puedan hacer los animales salvajes y si un propietario decide que no se cace en su finca y un animal provoca un accidente, lo primero que se hace es acudir a la memoria del coto para comprobar que se hayan realizado los controles de especie acordados».

Sobre la sostenibilidad de las reservas naturales, Albert defiende que «hace ya años que se comprobó que cuando se decide no tocar un Parque Nacional, el resultado es que al no haber grandes predadores, se producen excesos de población que traen epizootías y zoonosis. En Valencia, en Muela de Cortes, se decidió en su momento no cazar a la cabra montés, se declaró un brote de sarna sarcóptica y los celadores del Parque tuvieron que matar a 600 cabras. Mientras no haya predadores que controlen al resto de las especies, tiene que se el hombre el que reequilibre el ecosistema para conservarlo».