«Fukushima nos ha enseñado a prevenir el peor escenario»
Acceso a una zona controlada de una central nuclear - foro nuclear
entrevista

«Fukushima nos ha enseñado a prevenir el peor escenario»

El director general de la Agencia Nuclear de la OCDE explica qué se ha revisado desde el accidente nuclear en Japón

alejandro carra
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La NEA (Nuclear Energy Agency, en inglés) es la agencia de la OCDEespecializada en el uso pacífico de la energía nuclear. Desde París, el bilbaíno Luis Echávarri, explica qué se ha revisado en esta industria desde el accidente de Japón en 2011.

—¿Se ha recuperado la energía nuclear de semejante mazazo?

Fukushima supuso un gran impacto en la opinión pública. Pero no paró el desarrollo nuclear. El sector hizo una pausa para analizar las lecciones aprendidas y, superada la inicial conmoción, vemos anunciar de nuevo la construcción de reactores. La energía nuclear vuelve a ser una opción para equilibrar el mix energético de los países, especialmente en los emergentes, con una demanda de energía muy fuerte. Si en el resto hay un menor crecimiento nuclear es por la caída de la demanda energética que ha provocado la crisis.

—¿Qué lección nos dejó Fukushima?

—Que la Naturaleza es capaz de superar todas las previsiones. Fue una verdadera sorpresa que un tsunami de 15 metros chocase directamente contra una central nuclear que acababa de soportar un terremoto. Un doble acontecimiento que derribó toda la red eléctrica, inundó todos los generadores diesel y agotó todas las baterías auxiliares. Por eso, aunque las barras de control habían parado la reacción nuclear, se produjo la fusión de tres reactores por el calor residual en los núcleos. Después de esa experiencia, partimos de la base de que un solo imprevisto pueda anularlo todo. Se ha analizado hasta la posibilidad de alimentar a una central con equipos externos en caso de «station blackout» (pérdida total de energía). Todo se está revisando. Incluso la creación de equipos de reacción rápida para emergencias nucleares. Una de las cosas que se vio en Fukushima es que el personal de una central afectada por una catástrofe, aun reaccionando, lo hace bajo un estrés brutal, y necesita ser reforzado y reemplazado cuanto antes. En este sentido, se está trabajando no solo a nivel de cada país, sino europeo.

—¿Y los residuos nucleares?

—El problema de los de baja y media actividad está resuelto en superficie. En cuanto a los de alta actividad, la NEA aboga por el almacenamiento geológico profundo (700 metros), en estratos estables y sin filtraciones de agua exterior, como pueden ser los de sal, arcilla o granito. Pero, por el momento, solo Estados Unidos tiene uno, y es de tipo militar. Finlandia está construyendo uno civil en Olkiluoto, y Suecia y Francia están muy avanzados en las localizaciones de los suyos. El problema es más de aceptación social que técnico. Y para eso se está trabajando sobre lo que la población percibe como más negativo en estas instalaciones, que es el concepto de «definitivo». Por eso se estudia cómo hacerlos recuperables y reversibles, para que pueda reutilizarse el material allí enterrado o cambiar su ubicación.

—¿Nuclear o renovables?

—Todas forman parte de la solución al cambio climático. La energía nuclear no compite con las renovables porque estas son intermitentes y, a día de hoy, no pueden garantizar el suministro las 24 horas del día, algo que sí hace el gas, pero sin librarse de las emisiones de carbono. En cuanto a la hidráulica, su posibilidad de nuevos proyectos es muy limitada.

—¿Y la energía de fusión?

—Está en fase de investigación; hasta 2050, todo es especular. Desde el proyecto Manhattan hasta su aplicación industrial pasaron dos décadas. Y la energía de fusión es mucho más compleja que la de fisión, por eso no está en la mesa de planificación energética.