Osos, el desafío de una población creciente
Se estima que en 2013 la subpoblación occidental esté constituida por unos 180 osos, mientras que en la oriental podrían vivir unos 30 - abc

Osos, el desafío de una población creciente

La población de oso pardo se ha multiplicado por tres en quince años en la Cordillera Cantábrica

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El oso pardo vive su momento de gloria en tiempos modernos. Tras el descalabro sufrido a finales de la década de los ochenta, la población de la Cordillera Cantábrica empezó a recuperarse, algo que no ha dejado de hacer hasta ahora, si bien más tímidamente en su subpoblación oriental. Tanto es así que en los últimos años se han sucedido récords de osas con crías y los datos disponibles más recientes, los de 2012, suponen un nuevo máximo, con 32 osas acompañadas de 59 oseznos, de las cuales 28 y 53 crías corresponden a la zona occidental y cuatro con seis oseznos a la oriental.

Con estas cifras se estima que en 2013 la subpoblación occidental -desde los Ancares lucenses y leoneses hasta llegar casi a la zona central de la cordillera entre León y Asturias- esté constituida por unos 180 osos, mientras que en la oriental -que se extiende por la Montaña palentina, entre las cabeceras de los ríos Carrión y Pisuerga, y la Montaña oriental leonesa-podrían vivir unos 30. Sólo en la cordillera cantábrica, la población se ha multiplicado por tres.

Guillermo Palomero, presidente de la Fundación Oso Pardo (FOP), explica que el núcleo oriental «creímos que se nos iba de las manos, probablemente aguantó con una única osa», y confía en que a pesar de que la recuperación de esta subpoblación es más tímida, este proceso sea ya «imparable».

Para ello es de vital importancia trabajar para eliminar los obstáculos que interfieren en la unión de las dos subpoblaciones, con la adecuación de pasos de fauna de las vías que conforman el nudo de comunicaciones que une León con Oviedo y creando un corredor verde entre ambas poblaciones. Los primeros pasos de este futuro corredor los ha dado un proyecto de la Fundación Banco Santander para plantar casi 18.000 árboles frutales en entornos mineros degradados del Alto Sil (Léon), que sirvan de refugio y alimento a los osos.

Desde la FOP se seguirá con esta idea plantando 180 bosquetes de comunicación -«como piedras en el río», dice Palomero- a lo largo de los 50 kilómetros que separan ambas poblaciones de osos. El reto está en conseguir una sola población, algo que está cada vez más cerca: genetistas de la Universidad de Oviedo ya han confirmado un cruce efectivo entre las dos poblaciones.

Daños en poblaciones

Las claves de la recuperación habría que buscarlas en la lucha que las organizaciones que trabajan por la conservación de esta especie han hecho para cambiar la percepción que se tenía del oso en un territorio muy humanizado como es la Cordillera Cantábrica. Ha pasado de ser considerado una fiera a ser un reclamo para un turismo sostenible y un elemento de desarrollo rural. Para ello ha sido necesario atajar los problemas que el oso generaba a la población (ataques a ganado, maizales y colmenas...) Y esto se hizo invirtiendo en la instalación de pastores eléctricos y pagando rápido por los daños provocados por los osos.

Con la crisis se ha dilatado la política de pagos por daños. «Se ha pasado de pagar en uno o dos meses a un año o año y medio», dice José Luis García Lorenzo, coordinador de Proyectos de la FOP. Esto unido a que el dinero también escasea para financiar a los ganaderos y apicultores pastores eléctricos, podría conducir a un retroceso en «la paz social que tanto costó conseguir», dice Palomero.

Y lo que se está viendo desde hace unos dos años es que la cercanía a los núcleos de población está haciendo que algunos osos jóvenes estén perdiendo el miedo a los humanos. Este mismo verano, un oso joven fue descubierto comiendo cerezas en el jardín de un vecino de Llamas de Laciana. «Se comportaba con total tranquilidad, ni asustado ni huidizo», explica José, miembro de las patrullas de la FOP, quien se topó con el plantígrado mientras circulaba por el pueblo. En esas situaciones hay que «ser más oso que el oso y disuadir con fuerza para intimidarles», aconseja Palomero.