El Papa confirma la voluntad de reformar la Curia en su primera reunión con los jefes de dicasterios
El Papa Francisco durante la reunión con los jefes de dicasterios - afp

El Papa confirma la voluntad de reformar la Curia en su primera reunión con los jefes de dicasterios

Escuchó sus consejos durante tres horas, en un encuentro abierto a todos los temas

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El Papa Francisco sorprendió a la Curia vaticana limitándose a escuchar durante tres horas en su primer encuentro con la treintena de jefes de dicasterios: las congregaciones, consejos pontificios y otros departamentos cuyo arcaico y complicado organigrama requiere una simplificación urgente. Asistieron también el cardenal responsable del Estado del Vaticano, Giuseppe Bertello, y el cardenal vicario del Papa para la diócesis de Roma, Agostino Vallini.

El comunicado del Vaticano señala que el encuentro permitió al Papa «escuchar las consideraciones y consejos de sus principales colaboradores», algunos de los cuales están inquietos por la posible simplificación y reducción del número de departamentos.

Significativamente, el comunicado inscribe este primer encuentro plenario «en el contexto de la puesta en práctica de las sugerencias realizadas por los cardenales en las reuniones previas al Cónclave». Es un rasgo de colegialidad muy notorio respecto a los cardenales repartidos por todo el mundo, y una ratificación del objetivo de aquellos días: cortar en seco la retahíla de escándalos generados en la Curia vaticana, desde las fugas de documentos hasta los continuos casos de corrupción en el banco del Vaticano, y convertir el gobierno central de la Iglesia en un mecanismo de apoyo a las diócesis y conferencias episcopales en lugar de un órgano primariamente fiscalizador.

El comunicado señala que el proceso de reforma se inscribe también «en las reflexiones del Santo Padre sobre el gobierno de la Iglesia», muchas de las cuales han salido a la luz en sus breves homilías de la misa de las siete (no al «carrerismo», a la hipocresía, a la obsesión por el dinero y a la mundanidad), en los discursos a los nuncios (sentido de servicio) y en los encuentros con obispos durante la JMJ de Rio de Janeiro (obispo como servidor y no como «príncipe»).

Finalmente, el Vaticano recuerda que este proceso «tendrá otro momento importante en la reunión del Grupo de 8 cardenales» de todo el mundo, constituido y operativo desde hace cinco meses, que mantendrá su primera reunión plenaria de trabajo con el Papa Francisco en Roma del uno al tres de octubre. El día 4, fiesta de San Francisco, todos peregrinarán a Asís para poner bajo el patrocinio del santo los proyectos de renovación de la Iglesia.

En realidad, el Papa está llevando a cabo una reforma en tres etapas que a veces se solapan pero que son sucesivas: cambio de la cultura (en una línea de humildad y servicio), cambio de las estructuras (en una línea de simplificación) y, como fase final, cambio de las personas.

El cambio de personas –que para algunos parece eternizarse- ha empezado ya el 31 de agosto con el nombramiento de Pietro Parolin como nuevo secretario de Estado, cargo en el que tomará posesión el 15 de octubre.

Durante estos seis meses, el Papa ha llevado a cabo un profundo cambio en la cultura clerical y curial, reorientándola hacia una línea de sencillez, austeridad y servicio. Al mismo tiempo, ha hecho los «deberes» previos a la reforma de las estructuras no sólo encargando la recogida de propuestas a los ocho cardenales de todo el mundo presididos por el hondureño Oscar Maradiaga, sino también con la puesta en marcha de dos comisiones investigadoras: la primera sobre el banco del Vaticano y la segunda sobre los demás organismo económicos de la Curia y del Estado Vaticano, que son centenares.

El cuadro empieza a resultar cada vez más claro, y en el último trimestre del año, los juristas abordaran el modo de llevar a cabo, mediante normativas concretas de diversos rangos, los cambios decididos por los pastores. En este caso, la vida guía al derecho y no al revés.