El asesinato del activista español pudo ser obra de cazadores
Una foto del álbum familiar donde el biólogo español pasea por el Parque Cunhambebe, donde vivía - efe

El asesinato del activista español pudo ser obra de cazadores

Un amigo de la víctima explica que lo ocurrido era una «tragedia anunciada»

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La forma en que el cuerpo fue encontrado, el tiro por la espalda, los cartuchos de escopeta en el área, confirman para uno de sus amigos más cercanos que el biólogo español Gonzalo Alonso Hernández fue asesinado por cazadores. Estos invadían constantemente el parque Cunhambebe, un área de preservación de 38 mil metros cuadrados, cuya entrada quedaba a 700 metros de la chacra en la que Alonso vivía hace siete años. El cuerpo fue encontrado bajo una cascada a menos de 100 metros de su casa, en el municipio de Lídice, a 170 kilómetros de Río de Janeiro.

«Fue asesinado como se mata un cerdo», explica a ABC Renato Raguzzoni, coordinador local del Instituto Terra de Preservación Ambiental (ITPA), una organización que Hernández apoyaba como voluntario desde hace cuatro años. Nacido en Santander, Alonso vivía solo, menos los fines de semana, cuando su esposa, María de Lourdes Pena Campos, volvía de Río, donde trabajaba como comerciante.

Su amigo Raguzzoni fue uno de los primeros en enterarse del asesinato. Ahora sigue de cerca la investigación para descubrir a los autores de lo que considera una «tragedia anunciada». «Cuestionaba a las personas que se creían con derecho a deteriorar el medio en que viven y lo hacía con firmeza», explica Raguzzoni, que entregó a la policía una cámara de acompañamiento hidrológico del ITPA, que estaba en el camino del asesino, considerada la prueba más importante del caso.

En una entrevista al diario brasileño O Globo, la viuda de Hernández declaró que tenía miedo de que algo le ocurriera: «Siempre le dije que tuviera cuidado. Pero él decía que el problema de los brasileños era que nunca reclamaban nada», sentenció.

Un puesto de ejecutivo

Hernández llegó a Brasil a finales de los 90 como ejecutivo de Telefónica y dejó esa carrera para dedicarse a la naturaleza. Pero su sueño de paz terminó cuando comenzó a convivir con cazadores furtivos, extractores de palmito silvestre y ganaderos. «Convivía con la negligencia al medio ambiente. Esas personas pasaban por su casa hacia el parque y él se enfrentaba a ellos», cuenta Raguzzoni, que vio seis cazadores armados en los alrededores del parque al día siguiente del asesinato.

«Muchos creen que no hay ningún problema en cortar árboles o matar animales en extinción. Nosotros tratamos de enseñarles que la preservación también puede ser un negocio», cuenta Raguzzoni sobre la dificultad de cambiar esa mentalidad.

Ahora el gobierno de Río paga a los productores agrícolas por la preservación, pero la cantidad a veces es irrisoria. «Hernández recibía poco dinero por esa actividad y trabajaba voluntariamente, midiendo el nivel del agua de los ríos», cuenta Felipe Paranhos, coordinador de planificación ambiental del ITPA.

«Era incansable», añadió Raguzzoni, que destacó la importancia de los datos recolectados por Alonso durante cuatro años.