Periodismo, un negocio que «se juega la vida»
Gráfico creado por la Cámara europea sobre la situación del periodismo en Europa - parlamento europeo

Periodismo, un negocio que «se juega la vida»

Los eurodiputados piden que se proteja a los periodistas ante la «violencia y abuso» que padecen

Actualizado:

La muerte del periodismo puede ser una bala perdida que se gana el silencio de un periodista. Puede ser un reportero en la cárcel sin un juicio justo. Puede ser una ley de medios restringida, que coloca el poder sobre el contenido editorial en manos de censores y gobiernos. Puede ser un periodista despedido y su compañero con miedo de ser el siguiente. El periodismo se juega la vida, aunque aún no sepa cómo ha de venirle la muerte.

Ser periodista hace veinte años suponía tener poder, prestigio y dinero. Poder, porque ser capaz de hacer caer a Gobiernos enteros los convertía en perros guardianes de la democracia; prestigio, porque los ciudadanos confiaban en sus perros guardianes, y dinero, porque guardar la casa estaba muy bien pagado.

Pero ser periodista hoy se ha convertido en un «negocio muy serio». El poder de antaño es ahora constantes acosos y atropellos merced de los gobiernos de turno, que los controlan, manipulan e incluso asesinan; el prestigio está ahora en sus peores momentos, con una ciudadanía que desconfía de ellos y que los posiciona como el empleo que nunca querrían para sus hijos; y el dinero es ahora despidos y sueldos precarios que la han convertido en l a peor profesión del mundo, detrás de las de leñador, fregaplatos o barrendero.

Desde el Parlamento Europeo, los eurodiputados pidieron a la Unión Europea que garantice la protección de los derechos de los periodistas a nivel mundial debido —según señalaron ellos mismos—, al acoso constante al que se enfrentan. En la Comisión de Asuntos Exteriores que se celebró el martes pasado denunciaron a la censura que padecen los medios en algunos estados, la eterna criptonita del periodismo. Y no solo hablan de censura, sino también de cómo ésta acaba conduciendo a la «autocensura». La clasificación mundial de Reporteros sin Fronteras en 2013 coloca a países como Corea del Norte, Turkmenistán, Siria o Somalia a la cola de la libertad de prensa. España ocupa el puesto 36 de 179.

El periodismo se la juega, porque si ya no puede ejercer de perro guardián de la democracia, pierde la esencia de su existencia. Los eurodiputados apuntan a las «presiones jurídicas, intimidaciones u órdenes para bloquear determinados contenidos» a las que se enfrentan cada día. Reconocen que «los gobiernos son los primeros responsables de los obstáculos a la prensa», algunos incluso asesinando a los periodistas para acallar sus voces. Creen incluso que «la legislación en materia de difamación, calumnia y blasfemia se utiliza para detener o censurar a los periodistas y para impedir el ejercicio de la libertad de expresión».

Todos los días se cierran periódicos, televisiones y radios, abocando a sus empleados a engrosar la lista del paro. Según el Parlamento Europeo, 12.353 periodistas perdieron su empleo debido a la crisis entre 2008 y 2012. Pero la cifra podría ser mayor, teniendo en cuenta que la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) calcula que sólo en España fueron más 10.000 los «guardianes del poder» que fueron a parar al paro en ese mismo periodo, y setenta medios de comunicación españoles cerraron. Desde FAPE defienden que «sin periodismo no hay democracia», y apuntan a que «España pagará un alto precio si siguen sin tomarse medidas a favor de este sector y sus profesionales».

El negocio del periodismo se juega la vida, como también se la juegan muchos periodistas. Hasta 121 murieron en 2012 en el cumplimiento de su deber, según la Federación Internacional de Periodistas (IFJ). El europarlamento calcula 88 periodistas muertos, 879 encarcelados, 38 secuestrados y 1.993 amenazados o agredidos. Ha sido uno de los años más mortíferos para los informadores de la última década.

Otra de las patologías que amenzan de muerte al periodismo es la desconfianza de aquellos a quienes sirve. Los datos del Barómetro del CIS de Abril dejan ver que periodistas y jueces son los profesionales peor valorados —eso sí, quedan fuera políticos y banqueros—. Son datos en clave nacional, pero en Europa el panorama no es mucho más alentador. Más de la mitad de los europeos (54%) desconfía de la prensa escrita, y la cifra es sólo un poco más baja en radio y televisión, según los datos del último Eurobarómetro. En España, hasta seis de cada diez ciudadanos no confía en la prensa.

El portal de empleo Careercast coloca la profesión de redactor de prensa como la peor del mundo, en la posición número 200, por detrás incluso de barrendero, fregaplatos o leñador. Probablemente lo sea.

La Cámara Baja lucha por recetar a este «paciente terminal» medicinas suficientes para su recuperación. De hecho, está trabajando en dos informes sobre la libertad de los medios con los que pretende instar a los países miembros a que garanticen una mayor transparencia y libertad de información. Periodismo, periodistas, democracia... Hay mucho en juego.