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Málaga y El Cristo de la Buena Muerte: Pasión castrense

El Jueves Santo el pueblo malagueño sale a la calle a recibir expectante esta procesión. Un centenar de legionarios y la cabra, su mascota, custodian con orgullo a quien es su Sagrado Protector desde 1928

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«¡Custodiar al Cristo de la Buena Muerte!»

Este es el breve pero intenso diálogo que se puede escuchar durante el cambio de Guardia de los gastadores legionarios al Cristo de la Buena Muerte, acto que presencian los malagueños desde 1928. Ese año, con motivo de una visita de los mandos del recién creado Tercio de Extranjeros, se produjo un acercamiento entre estos y los directivos de Mena, lo que desencadenó la petición de que el Cristo de la Buena Muerte fuese protector de La Legión.

La chispa salta el mismo año en el que se pone en marcha la primera guardia legionaria ante la imagen en la capilla de Santo Domingo. En un primer momento custodiado por los congregantes, debido a acontecimientos histórico-políticos, estos fueron sustituidos por los marciales y bizarros caballeros legionarios.

Esta singular relación fue estrechando sus lazos y en los años sesenta se hizo entrega de una talla a cada Tercio, réplica del genuino Cristo de Mena. Es en su presencia donde se rinden honores a los muertos caídos por la causa. No se debe olvidar que, para un caballero legionario, «la muerte no es el final», tal y como reza uno de sus cánticos más conocidos. Perder la vida en acto de servicio es un verdadero honor, de ahí su especial vinculación con el Cristo de la Buena Muerte.

Esta peculiar formación militar fundada por Millán Astray se ha convertido en una institución para la Semana Santa malagueña. La ciudad malacitana ha abrazado esta tradición hasta el punto de llamar a su titular cariñosamente «El Cristo de los legionarios». Esta devoción se desborda el jueves por la mañana, cuando a las dos escuadras que custodian al Cristo se le une una compañía entera de legionarios voluntarios.

El Cristo de la Buena Muerte es custodiado desde el Domingo de Ramos hasta el Jueves Santo por ambas escuadras de legionarios. Cada cinco minutos hacen un cambio de guardia en la Capilla de Santo Domingo. La misma mañana del Jueves Santo, un barco de la Armada española atraca en el corazón de Málaga al sonido del «Novio de la muerte» y desborda la emoción de devotos y no tan devotos. Esta compañía desfila marcialmente hasta la plaza de Fray Alonso de Santo Tomás en la que el Cristo sale a hombros de los legionarios con verdaderos honores militares hasta ser entronizado.

Con posterioridad, el Jueves Santo a las siete de la tarde, los legionarios acompañan a su Sagrado Protector por los rincones más mágicos de esta bella ciudad. Entonan con devoción su himno, roban sonrisas y alguna lágrima. Emocionando.

La legión, los Tercios de Flandes del Siglo XXI

Este cuerpo tan especial de nuestras Fuerzas Armadas siempre ha acariciado el riesgo. Fundado en su época para sortear las arriesgadas dunas del desierto del Sáhara, estos tercios de elite están entrenados en condiciones extremas y se les exige un gran esfuerzo tanto físico como psicológico. De movimientos perfectos y disciplina férrea, no es de extrañar ese particular con la muerte, pues para ella están entrenados y no podía ser más que el Cristo de la Buena muerte quien les protegiera.

Durante el resto del año, esta cofradía estrecha sus lazos con la Legión, pues en palabras de Pablo Krauel, Albacea General, «entre sus numerosas obras sociales se contemplan las ayudas a las familias sin recursos de los caballeros y damas legionarios».

A su vez, esta cofradía tiene una especial vinculación con la Armada y con la institución monárquica, de ahí que tanto en el espectacular manto de la Virgen como en el Trono estén bordados el Escudo de la Armada, la Casa Real y la Legión, así como motivos relacionados con estas instituciones.

La relación con la Armada se remonta a 1756, año en el que una Fragata de la Armada sufría en aguas malagueñas el envite de un fuerte temporal. Su tripulación avistó un torreón de una Iglesia y se encomendaron a la Virgen que seguro estaba bajo aquella espadaña. Poco más tarde el temporal amainó y los marines se dirigieron a aquel lugar donde se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora de la Soledad. Actualmente acompaña al Cristo de la Buena Muerte el Jueves Santo y, hasta hace un par de años, era acompañada por la Marina.