«Jorge ayudó a muchos perseguidos en la dictadura»
El Papa Francisco en una imagen de archivo - reuters

«Jorge ayudó a muchos perseguidos en la dictadura»

La ex jueza y ex secretaria de Derechos Humanos, Alicia Oliveira, defiende la labor del Papa en esos años

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Las aguas turbulentas de la última dictadura argentina (1976-83) siguen agitando la figura del Papa Francisco. En Argentina, el oficialismo, en general, no ve con buenos ojos al Pontífice, considerado un crítico del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, como lo fue de su difunto marido, Néstor Kirchner, pero hay excepciones. El vice gobernador de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, incondicional de la Presidenta, le definió como «un Papa peronista» con «gran militancia y cosmovisión tercermundista». También le adjudicó, «cercanía con el proyecto político de esta Latinoamérica». Las declaraciones de Mariotto dejaron atónitos a los tertulianos del programa de la televisión pública, ultraoficialista, «6,7,8», que arremetían en la misma mesa contra el Pontífice.

En declaraciones al diario Clarín, el piquetero que lidera el Movimiento Evita y subsecretario de Agricultura familiar, Emilio Pérsico, otro hombre «K», sorprendió al hablar bien del Pontífice, «es un peronista, comprometido con los más humildes, con el que hemos trabajado en las villas, con los cartoneros, luchando contra el paco (versión local del «crack»). Los que piensan que su papado va a afectar al Gobierno es porque no le conocen». Pérsico, recordó que Bergoglio estuvo de acuerdo con él para organizar una misa, el pasado año, por la salud del por entonces convaleciente Hugo Chávez.

Campaña K

El cisma abierto en el «kirchnerismo» entre los que apoyan al Pontífice y los que no quieren ni pronunciar su nombre arrancó la misma tarde de su nombramiento. Cuando la Presidenta argentina –tardó dos horas en felicitarle- le mencionó en una intervención pública, estalló una silbatina atronadora que no encontró freno inmediato en las palabras de una Presidenta que frena en seco cualquier manifestación que le disgusta.

Sería el principio de una ronda de declaraciones en el seno de la familia kirchnerista que tenían como objetivo transmitir una imagen de hombre intransigente y cómplice de la dictadura del Papa. En esa travesía, encabezada por el periodista, ex guerrillero montonero, autor de un libro encargado por la dictadura sobre la Fuerza Aérea y asesor en las sombras del Gobierno, Horacio Verbitsky, se fueron sumando nuevas voces. La presidenta de la asociación de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, que hasta la fecha no había subido el tono para identificar a Bergoglio con la brutal represión del régimen militar, dijo. «Nunca habló ni se nos acercó a las Abuelas para ayudarnos. Ha ayudado en otros temas, muy lacerantes, pero no en el nuestro… Bergoglio pertenece a esa Iglesia, -y hoy la representa-, que nos oscureció al país».

El piquetero Luis D´Elía, gestor de cuantiosos planes de viviendas oficiales, buena parte bajo sospecha de administración bajo el paraguas de la corrupción, escribió en Twitter, «Francisco I es a América Latina lo que Juan Pablo II fue a la Unión Soviética. El nuevo intento del imperio por destruir la unidad suramericana».

La secuencia siguió en la prensa adicta al Gobierno y ayer la Santa Sede intervino. Federico Lombardi, portavoz del Vaticano, denunció, « la campaña contra Jorge Mario Bergoglio» y reprochó las acusaciones de connivencia con la dictadura.«No tienen base… Nunca ha habido una acusación concreta, creíble, contra él. La justicia argentina le interrogó una vez pero como persona informada de hechos y jamás fue imputado por algo». Asimismo, manifestó, que el origen es «una izquierda anticlerical» que pretende «atacar a la Iglesia y no hay motivos para arrojar sombras sobre la figura de Francisco».

En la misma intervención, advirtió que Bergoglio, «hizo mucho para proteger a las personas durante la dictadura». La ex jueza y ex secretaria de Derechos Humanos, Alicia Oliveira, confirmó estas palabras al relatar ayer su propia experiencia en el diario La Nación, «Jorge (Bergoglio) me llevaba desde donde estaba, escondida en el auto y me dejaba en el patio del colegio para que pudiera ver a mi hijo». Perseguida por el régimen que hizo desaparecer y ejecutó a miles de argentinos, Oliveira, añade, «Ayudó a muchos en la dictadura… Salvó a un hombre que no podía cruzar la frontera. Era parecido a él y Jorge le dio su cédula y su «clergyman» (camisa de sacerdote que sustituye a la sotana y lleva el alzacuellos). Pudo irse. Eso no lo hacía cualquiera».

Evitar la polémica

Con el oficialismo dividido y cada cual diciendo lo que piensa, la presidenta evita entrar directamente en la polémica. Pese a su afición a despacharse, como hizo con el actor Ricardo Darín por poner en duda el origen lícito de su patrimonio en una batería de Twitts y en una extensísima carta en Facebook, mantiene un perfil bajo.

Pero, algunas de las primeras espadas del kirchnerismo parecerían querer dar señales de retirada en esa batalla contra Bergoglio. Una muestra fue el vicegobernador Mariotto, otra la dio el titular de la Cámara de Diputados, Julián Dominguez, «es una extraordinaria alegría para el pueblo argentino tener un Papa argentino», dijo mientras el diputado Fernando «chino» Navarro, cercano a la presidenta fue más lejos: «Bergoglio tuvo una actitud, un compromiso y una conducta durante la dictadura que dista mucho de lo que se le acusa».

En este contexto, con suerte o ayuda divina, las aguas volverán pronto a su cauce y la figura del Papa servirá para unir a los argentinos y no enfrentarlos.