Y Dios dispuso
Francisco I se dirige a los peregrinos desde la basílica de San Pedro después de ser elegido nuevo Pontífice - efe
el sucesor de benedicto xvi

Y Dios dispuso

Jorge Mario Bergoglio no estaba en ninguna lista de «papables», pero su nombre fue elegido en poco más de 24 horas

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Todo el mundo esperaba una frase capaz de condensar el futuro de su Pontificado. Y Jorge Mario Bergoglio, ya convertido en Francisco I, no tardó en encontrar en lo más profundo de su corazón la que Santo Tomás de Aquino definió como «la más perfecta de todas las oraciones»; un sencillo Padrenuestro con el que desde el primer minuto hizo partícipes a millones de fieles, poniendo por delante de cualquier otra consideración su carácter de pastor, de religioso entregado a los demás. Un rezo que además pidió en primer lugar para su predecesor, Benedicto XVI, y solo después para él. Para que el ferviente apoyo de todos los creyentes le inspire el aliento necesario para llevar sobre sus espaldas la enorme responsabilidad que supone asumir el ministerio petrino en los tiempos de lobos que vivimos.

No es el Papa que muchos esperaban

Los retos que debe afrontar son muchos y complicados, y no es el Papa relativamente joven, enérgico y carismático al que muchos imaginaban sujetando el báculo en el que ha de sostenerse la Iglesia. No es ese. Es un humilde jesuita de 76 años que sigue sintiéndose más sacerdote que prelado. Más cómodo con la sotana negra que con la púrpura cardenalicia. Más amigo de lavar los pies de enfermos, presos y mendigos en el oficio del Jueves Santo en su querida Buenos Aires que de medrar en la Curia de Roma, como demostró al suplicar en el Cónclave de 2005 que no le votasen a él sino a Joseph Ratzinger, por el que ayer rezó un Padrenuestro y un Ave María envuelto en el ensordecedor susurro de los peregrinos presentes. No era el Papa que muchos esperaban, es el que Dios ha dispuesto para su rebaño.