La frágil salud del Papa Benedicto XVI
El Papa Benedicto XVI en 2009, con la muñeca fractura tras una caída doméstica - reuters

La frágil salud del Papa Benedicto XVI

Una difteria casi mortal de niño, dos derrames cerebrales y dos caídas domésticas han sido los principales problemas del Pontífice

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«Por la edad avanzada (85 años), ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino», ha anunciado el Papa Benedicto XVI este lunes.

Ninguna enfermedad en curso ha llevado a Benedicto XVI a anunciar su renuncia al Pontificado, aseguró hoy el portavoz vaticano, Federico Lombardi.

Lombardi precisó, no obstante, que el propio Pontífice, en la carta en la que anunció su decisión aseguró que en los últimos meses han disminuido en él las fuerzas físicas. El Papa asume la necesidad de «vigor tanto del cuerpo como del espíritu» para ejercer correctamente su labor. Y admite que en los últimos meses, ha disminuido. «He de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado».

La salud del Papa podría haber sido un problema mayor a lo largo de su vida debido a una difteria casi mortal que sufrió de niño. Pese a ello, Joseph Ratzinger ha vivido sus 85 años sin grandes sobresaltos. Incluso es donante de órganos.

Aunque sufrió una herida de guerra en una mano, su primer contratiempo importante fue un derrame cerebral en 1991, a los 64 años. Se recuperó satisfactoriamente, aunque le dejó secuelas leves visibles en el rostro.

En el verano de 1992 sufrió una caída en el cuarto de baño mientras estaba de vacaciones. Se golpeó la cabeza y necesitó 10 puntos de sutura. Más de diez años pasarían sin sustos para Ratzinger hasta que entre 2003 y 2005 sufrió un segundo ictus cerebral. Desde entonces redujo su actividad y descansaba regularmente cada día para sobrevivir a la carga de ser Papa.

En 2009 otra desafortunada caída doméstica sacudió la salud del Pontífice. De esta salió con una muñeca fracturada que tuvo que operarse. Para cuando cumplió siete años de Pontificado, Benedicto XVI podía sentirse orgulloso de ser quizá el único Papa que nunca tuvo que cancelar audiencias o ceremonias por gripe u otra enfermedad. Una constitución física frágil, pero una «salud de hierro».

Su hobbie favorito es pasear sin prisa, pero ha reconocido que detesta hacer deporte, lo único que hacía era subir siempre las escaleras a pie. Aunque desde el otoño de 2011 utiliza la plataforma móvil para recorrer el largo pasillo central de la basílica de San Pedro.