Los momentos más dulces y amargos del pontificado de Benedicto XVI

Los momentos más dulces y amargos del pontificado de Benedicto XVI

La Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Madrid o Colonia, o la beatificación de Juan Pablo II, encontraron su reverso en el escándalo de los abusos en Irlanda o el caso «Vatileaks»

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Toda experiencia está ligada a momentos difíciles, complejos, agridulces, emotivos o gratos. Desde que comenzase su pontificado en abril de 2005 hasta su anuncio de renuncia este 11 de febrero, Benedicto XVI no ha sido la excepción, como es natural con una responsabilidad de este calibre que de hecho intensifica la importancia de los acontecimientos, y ha vivido momentos de todos los colores. Si, por ejemplo, el año pasado tenía que hacer frente al caso «Vatileaks», 2013 venía marcado por la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro en Julio.

Entre los momentos más especiales de estos casi 8 años para el Papá están las Jornadas Mundiales de la Juventud, donde cosechaba grandes muestras de afecto de los asistentes. Primero fue la de Colonia en agosto de 2005, al poco de llegar al cargo. Después sería Sidney en 2008 y, después, Madrid en 2011; este año tocaba la JMJ en Río de Janeiro. Procede recuperar algunas frases del discurso que realizó en Madrid en la Eucaristía, punto culminante de esta celebración: «Al veros aquí, venidos en gran número de todas partes, mi corazón se llena de gozo pensando en el afecto especial con el que Jesús os mira».

Destacaba Benedicto XVI por la brillantez de su aportación intelectual, significativa en tanto gozaba de gran prestigio por sus trabajos a los que dedicaba gran esfuerzo. Como señala Juan Vicente Boo, sus encíclicas «Dios es amor» (2005), «Salvador por la esperanza» (2007) y «Caridad en la verdad» (2009) fueron flechas «dirigidas a la diana de lo esencial».

La beatificación del Juan Pablo II, con «la mayor ceremonia de elevación a los altares en toda la historia» (relataba Vicente Boo) sería otro de los hechos más gratificantes para el pontífice, que pronunció la fórmula de la beatificación ante un millón y medio de peregrinos en las misas simultáneas celebradas en Roma.

Los momentos más difíciles

El Papa Benedicto XVI reconoció el mayo pasado que atravesó momentos difíciles desde su llegada al trono de San Pedro y aseguró que los rezos de todos los católicos le han sostenido en esas vicisitudes.

El caso de la filtración de documentos reservados, el denominado «Vatileaks», fue una de las mayores crisis de su papado, que concluyó con l a concesión de la gracia por parte de Benedicto XVI a su exmayordomo, Paolo Gabriele; en medio del Año de la Fe.

El «VatiLeaks», como explica Lucia Palacios en este artículo más extensamente, se desató a primeros de 2012 cuando se publicaron en una cadena de televisión italiana unas cartas del actual nuncio en Estados Unidos, Carlo María Vigano, al Papa en las que denunciaba la «corrupción, prevaricación y mala gestión» en la administración vaticana. Y después fueron apareciendo más documentos de esta naturaleza, incluida una supuesta conspiración para asesinar al propio Papa.

La respuesta del Vaticano ante el caso Vatileaks llegó el pasado 16 de marzo de 2012 cuando abrió una investigación criminal del caso. La policía vaticana, finalmente, arrestó al exmayordomo del Papa, Paolo Gabriele que fue sometido a un juicio por parte del tribunal vaticano y declarado culpable.

Una de las situaciones más duras de su pontificado fue, sin duda, la acusación por parte del Gobierno de Irlanda al Vaticano de haber obstaculizado e intentado frustrar la comisión oficial sobre abusos sexuales. Tras conocer la magnitud de los hechos, de los abusos realizados por los sacerdotes en Irlanda durante 70 años y revelados a la luz pública en 2009, Benedicto XVI manifestó sentirse «asolado y angustiado» y que compartía con los fieles, expresó de manera contundente, la «indignación, la traición y la vergüenza» por esos delitos sexuales. Y se encargó de realizar la operación de limpia en el episcopado irlandés.

En 2012, se produjo otro acontecimiento importante en este sentido para el Vaticano, al reconocer 4.000 casos de pederastia y también que la respuesta de la Iglesia fue «inadecuada». Benedicto XVI afirmó entonces que la curación de las víctimas debía ser «la preocupación prioritaria» de la comunidad cristiana y que ésta debía ir unida a una «profunda renovación de la Iglesia en todos los niveles». La «tolerancia cero» con esta lacra fue la tónica de su estancia como máximo representante de la Iglesia Católica.