La ESO ya no basta para proteger de la exclusión social
La Universidad y la FP sí actúan de coraza contra la exclusión social, según un estudio de la Fundación Jaume Bofill - abc

La ESO ya no basta para proteger de la exclusión social

Un informe catalán revela que un 38% de los catalanes se ha empobrecido entre los años 2003 y 2009

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La crisis ha alterado los parámetros sociales, culturales y económicos. Por primera vez en Cataluña, haber cursado la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) no es suficiente para protegerse de la vulnerabilidad social.

Así lo apuntan los resultados de un informe elaborado por la Fundación Jaume Bofill, del que se desprende también que el 38% de los catalanes se ha empobrecido entre los años 2003 y 2009. El estudio, presentado hoy en Barcelona, concluye que la universidad y la Formación Profesional (FP) superior si actúan de coraza contra la exclusión social. Otra de las conclusiones destacadas es que el riesgo de vulnerabilidad no está marcado por el origen social de los individuos sino por otros factores como la edad, el género o el nivel educativo.

«Aunque ahora haya muchas personas con estudios universitarios trabajando por debajo de su nivel de formación, se trata de una disfunción del mercado laboral», ha explicado a Efe la coordinadora del estudio, Laia Pineda. El informe ha analizado las trayectorias de clase social y movilidad de ingresos de casi 1.300 personas, de entre 19 y 58 años, desde 2003 y 2009.

Según el informe de la Fundación Bofill, los graduados de ciclo superior de FP reducen su riesgo de vulnerabilidad un 29 %, frente a los que no poseen este nivel educativo, mientras que los estudios universitarios disminuyen el riesgo hasta un 75 %.

El concepto de vulnerabilidad no mide la pobreza, sino la pérdida progresiva de bienestar que, por ejemplo, «puede estar provocada por una disminución de la renta o por encadenar trabajos temporales», ha matizado Pineda. Por otro lado, el acceso a la educación terciaria se ve muy condicionado por el nivel cultural de los padres, más que por su clase social, especialmente en las carreras de ingeniería, donde los hijos de padres universitarios tienen casi 15 veces más probabilidades de graduarse que los hijos de padres sin estudios.