Las Penas sublima lo clásico para celebrar su 150 aniversario y cerrar un año extraordinario
Crónica
El Señor regresó a San Vicente tras una distinguida y parsimoniosa salida marcada por dos visitas inolvidables: a San Isidoro y al Señor de Sevilla
Sella así un curso cofrade repleto de numerosas extraordinarias, desde el Cachorro al Museo, pasando por la Misión de la Esperanza de Triana
En imágenes, la salida extraordinaria del Señor de las Penas
Así te hemos contado en directo la procesión extraordinaria de Las Penas
Sevilla
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Iniciar sesiónEn la marcha 'Jesús de las Penas' cabe todo el oro de Andalucía, que son las más brillantes cofradías de la tierra de María Santísima. Porque va de lo divino a lo humano, ¿no lo ven? Del misterio más mundano al descubrimiento de la vida ... eterna. En ella andan condensados los tres ángulos de un triángulo equilátero: Dios Padre observa la caída de Dios Hijo en presencia del Espíritu Santo. El Señor que divide nuestras aceras salió porque se cumplen 150 años desde que la hermandad de las Penas se erige como uno de las más preclaros ejemplos de cómo ha de ser vivida aquí la Pasión en su justa medida: por más que el camino pese, por más que la piedra haga mella sobre mella, siempre habrá fe y verdad con la que seguir cargando. Con voluntad y sin dobleces. Porque este Nazareno si lo piensan siempre nos ha mirado de frente: somos nosotros quienes nos hemos ido poniendo de lado a lo largo de su hechura. A lo ancho de su historia.
Fue Joaquín Romero Murube, poeta de la Generación del 27, quien catalogó a la hermandad protagonista de la última salida del año de la capital de nada menos que de «ápice y excelso» de todas las cofradías sevillanas, y le asistía —pobre de quien lo dude— toda razón. Porque «se puede ser macareno, o del Cachorro, o de Pasión, o de la Quinta Angustia», que todos volveremos a encontrarnos un Lunes Santo yendo a rastras por el camino más corto hacia la parroquia de San Vicente Mártir y dejar que —breve, absorto— el rostro del Señor haga su humilde acto de presencia tras las llamas de los ciriales. No cabe más poderío ni existe trance más exquisito. Porque es ésta una cofradía para paladares mayores, que si bien se entretuvo algo de más en su recorrido.
Así salió a las 17.25 de la tarde desde el antiguo convento de las carmelitas calzados. No había ocurrido suceso igual a ése en estas postrimerías de noviembre que trajo algunos abrigos a Sevilla en lo que tarda el Señor de las Penas en levantarse y seguir. Le acompañó la ciudad y fue su Cirineo un tal Antonio Pantión, ¿les suena? Todo un hermano de honor de la corporación, cuyos sones a través de la Banda de Música Maestro Tejera se hicieron notar desde antes de que un silencio herido atravesase Ortiz de Zúñiga. Aquello parecía Alfaqueque el día que sigue al Domingo de Ramos. Balconeras violetas y negras se suspendían en las cancelas y un niño agarrado al cuello de su padre, —algún día sabrá que no habrá mejor momento de su vida— soltaba la pregunta que muchos habrían de hacerse: «¿Y los tambores, papá?».
«¡Menos el costero derecho!», pedía Antonio Santiago a sus costaleros a trescientos metros de este cronista. Tiene mucho de evocación, de pensar acaso cómo esta cofradía acaba vertebrando el clasicismo de una ciudad que sabe esperarla siempre. Escuchar la voz clara de un capataz desde tanta distancia no pasa casi nunca, y menos en Sevilla. Esta es la lección grabada entre el carey y la plata de una cruz que es santo y seña: que la medida está ahí sólo para quien quiera buscarla. Sólo el peso de la historia de Las Penas lo consigue, sólo el Señor de San Vicente, el ilustre vecino de la Iglesia del Buen Suceso, que se postraba abnegado ante el gentío en la primera revirá. Abajo sin martillo, y en la levantá, Tejera impelía los oles callados poniendo en la calle mucho más que un mero desfile. Nadie dudaría ya de que estábamos ante toda una 'Procesión de Semana Santa en Sevilla'.
La Alfalfa aguardaba impaciente la llegada del Señor. La calle Jesús de las Tres Caídas era un presagio de lo que estaba por llegar. A eso que casi se escuchaba la pisada levantada del Cristo, hollando el llanto hueco del tambor de Tejera. Cada paso quemaba. Y fue enfilando con la mirada recta los últimos metros antes de alcanzar las puertas de San Isidoro, otrora templo en el que se guareció la hermandad en los años 90, cuando San Vicente estuvo reconstruyendo la historia de la organización. Les recibió una comitiva de quienes consideran hermanos porque así son ciertamente.
La calidad de la cofradía también contagiaba al comportamiento ejemplar de quienes la presenciaron, porque no hubo persona que no respetara la solemnidad de su tránsito a veces lastimero, a veces suplicante, hasta la Plaza del Salvador. A la espera de que Jesús se haga niño en las manos de sus Mercedes, moría lentamente de Amor al tiempo que se precipitaba sin solución a su más triste Pasión. Cuando el Señor de las Penas se colocó debajo de una campana navideña, retumbó cada nota de una marcha sobre una 'rampla' imaginaria. 'Tus Dolores son mis Penas'. Y su gloria, también. Me lo recordó Antonio, químico de profesión, el día que me presentó a la Virgen de los Dolores un Lunes Santo en San Vicente: «Aquí se viene a corazón abierto».
🟪⬛ 𝗦𝗢𝗟𝗘𝗠𝗡𝗘 𝗣𝗥𝗢𝗖𝗘𝗦𝗜𝗢𝗡 𝗧𝗥𝗜𝗨𝗡𝗙𝗔𝗟 𝗗𝗘 𝗡𝗨𝗘𝗦𝗧𝗥𝗢 𝗣𝗔𝗗𝗥𝗘 𝗝𝗘𝗦𝗨𝗦 𝗗𝗘 𝗟𝗔𝗦 𝗣𝗘𝗡𝗔𝗦⬛️🟪
— Hdad. de Las Penas (@LasPenas_) November 22, 2025
Se ha procedido por parte de la autoridad pública competente a abrir el espacio aforado en la calle Cuna hasta la calle Orfila. Agradecemos al… pic.twitter.com/o56b1wlUbx
'Amarguras' en San Lorenzo
Se acercaba la Cruz de Guía al entorno de Orfila y Cuna, aforado inicialmente, cuando las autoridades municipales decidían desbloquear el espacio de forma sorpresiva ante la presencia del cortejo. Ni se entendió que el CECOP no aceptase alguna de las varias alternativas que tuvo sobre la mesa de Las Penas en su momento, dado que fue finalmente el alcalde quien tuvo que intermediar en un acto previo, ni que se levantara dicho veto espontáneamente en mitad de la procesión, y es lo que transmitió la hermandad anoche a este periódico.
Sea como fuera, celebraron los allí presentes que el Señor también pudiera ser visto en este tramo, antes de que el monte de claveles rojos fuese a llamar a las puertas de Los Panaderos. Más brazos abiertos para el Señor de San Vicente. Tejera volvió a demostrar por enésima vez su categoría interpretando 'Siempre en el recuerdo', a la memoria de Pepin Tristán y su hija María del Mar. Y el paso alcanzó la Plaza de San Lorenzo a sones de 'Amarguras', cuando el Señor ensombrecía el gesto por momentos, como si supiera que ahora estaba más cerca de la muerte que la propia muerte. Ya no era el Cisquero que tomó la Cruz con el rostro esplendoroso que logró recuperarle Fernando Aguado. Ya era un hombre sin miedo que se adentraba valiente hasta las plantas del Señor de Sevilla. Dos certezas frente a frente. El escorzo cual lirio quebrado con el Gran Poder fue de una belleza inenarrable. De vuelta al lugar en que ya estuvo por el centenario de la creación de la cofradía.
Nuestro Padre Jesús de las Penas bajó el telón más extraordinario de las cofradías sevillanas en un año para el recuerdo. Lejos parece ya aquel mayo victorioso en el que el Cachorro expiró junto al Coliseo, o la Amargura celebró que cumplía 300 años en su sede de San Juan de la Palma. Que desde julio a la Virgen del Rocío de la Redención y a la Pastora de Santa Marina meses más tarde hay que añadirles el apelativo de coronada, que en septiembre Las Aguas tuvo a bien celebrar sus 275 de vida partiendo desde San Jacinto. Y que durante todo el mes de octubre la Esperanza de Triana bendijo cada rincón del Polígono Sur, proclamando el Dogma de la Asunción y en el contexto del año jubilar de la Esperanza. La Corona, el Divino Perdón de Alcosa y el Museo, junto a Las Penas, fueron los últimos pines de los escudos de una solapade 2025 que pocos años se recuerda más extraordinaria.
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