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Iniciar sesiónLas Penas ha cerrado su 150 aniversario por todo lo alto y en casa. Es un final que supone, al mismo tiempo, el inicio de una nueva etapa, coincidiendo con el comienzo del año litúrgico. Son semejanzas fruto de la no casualidad, porque todo ... lo que esta hermandad prepara está organizado con sentido y al detalle, transmitiendo así este mensaje a sus hermanos.
Con la presencia del arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, quien ha presidido la misa estacional en una jornada marcada por el inicio del alumbrado navideño —que además ha coincidido con el comienzo del Adviento, el tiempo de preparación para el nacimiento del Señor—, la homilía comenzó con unas palabras dedicadas a la hermandad y al propio Adviento. «Hunde sus raíces en la fe viva del barrio de San Vicente y, durante siglo y medio, ha cultivado la devoción al Señor de las Penas y a María Santísima de los Dolores. La luz que abre el Adviento es la misma que iluminó a la hermandad en sus primeros pasos, cuando un pequeño grupo de fieles creyó que era posible levantar en San Vicente una cofradía seria, penitente, devota y profundamente eclesial».
Continuó elevando la invitación contenida en la lectura del profeta Isaías proclamada durante la eucaristía. «Subamos al monte del Señor. Esta palabra es casi un retrato, una historia devocional de una institución que ha ido ascendiendo, creciendo, dejándose purificar y orientar por Dios a lo largo de estos 150 años. Si repasamos vuestra historia, descubrimos que, desde los orígenes, desde el siglo XIX, la hermandad ha caminado siempre hacia la luz de Cristo, incluso en épocas de auténtica prueba. La subida al monte del Señor no ha sido estética, sino espiritual; la hermandad ha subido porque ha sabido apoyarse en la oración, la penitencia, la caridad y la obediencia a la Iglesia. Ha subido porque ha mirado al Señor, y el profeta Isaías os invita a seguir creciendo: 'Caminemos a la luz del Señor'».
Por otra parte, expresó a los hermanos de Las Penas que esta efeméride no supone un final. «Este aniversario no es una meta final; es un alto en el camino para retomar fuerzas». Continuó haciendo una pregunta: «¿De dónde vendrá el auxilio? El auxilio viene del Señor. Esta frase podría estar escrita en la historia espiritual de Las Penas desde su fundación. Ha habido momentos de brillantez y de dificultad, de esplendor y de escasez, de cambios en Sevilla, en la Iglesia y en la sociedad; sin embargo, vuestra identidad ha permanecido. Eso se debe a que no se sustenta en fuerzas humanas, sino en la gracia de Dios, porque el Señor ha sido vuestro guardián: Él protege vuestra salida y vuestra entrada; Él sostiene la fe de los hermanos. Esa certeza debe acompañaros en el presente y en el futuro. La hermandad está llamada a vivir confiando, sin miedo, sabiendo que Dios no abandona nunca la obra de sus manos».
Subrayó José Ángel Saiz Meneses que este acontecimiento debe servir como una llamada profunda a la renovación. «Este aniversario es una ocasión excepcional para que la hermandad potencie su vida interior: despertar la vida espiritual —más oración, más silencio, más adoración, más sacramentos—; despertar la formación cristiana —conocer mejor la fe, renovar el entusiasmo por la palabra, profundizar en la doctrina social de la Iglesia—; despertar la caridad —estar más atentos a los pobres del barrio, a las familias rotas, a los ancianos solos, a los jóvenes que han perdido el rumbo—; y despertar la comunión fraterna —construir el diálogo, el respeto y el perdón—. Despertar también el compromiso, de modo que cada hermano sea apóstol allí donde vive, en su propio ambiente».
«Como dice el evangelio del primer domingo de Adviento: 'Estad preparados'. Esta vigilancia totalmente cofrade cuando prepara el culto, vela cuando acompaña al Señor por las calles, vela por su hermandad y vela cuando vive la fe con coherencia. La vida de esta hermandad es una escuela de vigilancia», apunto el arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, que concluyó la homilía hablando del Señor de las Penas y la Virgen de los Dolores. «La Virgen de los Dolores nos enseña a esperar con fortaleza, a permanecer en pie, a abrazar la cruz, ha confiar en la promesa de Dios cuando las circunstancias estén oscuros. El Señor de las Penas nos enseña a no desfallecer, a cargar la cruz con amor, a mirar el mundo con misericordia».
Más de 150 puntos de luz alumbraron al Señor de las Penas y a la Virgen de los Dolores, conformando un auténtico monumento instalado por una de las priostías más excelentes de la ciudad. Todo para solo unas horas, lo que refleja el amor de estos hermanos por sus imágenes, que no dejan de sorprender con esa única finalidad de engrandecerlas; de querer trabajar y saber hacerlo solo por ellas y por engrandecer a la hermandad por encima de todo.
La ocasión lo merecía: era un día festivo para ellos y había que cerrar el 150 aniversario fundacional por todo lo alto, acorde con el valor que Las Penas concede al culto, el fin principal para el que una hermandad es creada. Concluye así una etapa que jamás olvidarán los hermanos, los devotos y toda Sevilla, dando paso a un año nuevo que anunciarán cuando el Señor de las Penas se traslade desde su capilla al altar mayor para sus cultos ordinarios, preludio de la llegada del tiempo más esperado.
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