Locus amoenus
Sevilla y la «Peregrina»
La perla de Oviedo pesó 26 quilates y le costó 650 pesos en Panamá. La «Peregrina» pesaría 50 quilates y costó 12 mil pesos en Panamá. Aquella perla monstruo asombró en 1579 a los sevillanos y nos sigue fascinando gracias a Carmen Posadas
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Iniciar sesiónDurante el confinamiento del año 2020, Carmen Posadas publicó ‘La leyenda de la Peregrina’ (Espasa), un collar de novelas enhebradas alrededor de la historia de una perla famosa y legendaria -la «Peregrina»-, hallada en los mares del Caribe y traída a Europa en 1579, donde ... fue alhaja de reinas, símbolo de poder, trofeo de guerra, joya de divas de Hollywood y tesoro de subastas. A través de casi 500 años, Carmen Posadas narró aquel itinerario enriqueciendo la historia de la perla con amores, venganzas, intrigas, ambiciones y todos los estupendos recursos literarios que le reconocemos sus lectores. Así, gracias a ‘La leyenda de la Peregrina’ descubrimos que aquella fastuosa perla fue pintada por Tiziano y Velázquez, que perteneció a las reinas de España hasta que Napoleón Bonaparte se la llevó como botín de guerra; que Napoleón III la vendió en Inglaterra y que desde entonces pasó de mano en mano hasta que Richard Burton la compró para seducir a Liz Taylor, quien la lució en «Ana la de los mil días» (1969). La «Peregrina» se subastó por última vez en 2011 y fue vendida por 11 millones de dólares en la sala Christie’s de Nueva York. Recomiendo la lectura de ‘La leyenda de la Peregrina’, no sólo porque no tiene desperdicio, sino porque además está escrita con inteligencia, sabiduría y sensibilidad.
Sin embargo, he querido ocuparme de aquella perla en esta página de amabilidades que nos conciernen, porque la «Peregrina» pasó por Sevilla y no fue la única perla que asombró a la corte castellana. La historia universal de la «Peregrina» ha sido muy bien narrada por Carmen Posadas, pero los lectores de curiosidades históricas y bibliográficas disfrutarán un pelín más si compartimos lo que ocurrió con la perla más famosa de la historia durante su tránsito sevillano.
En el ‘Sumario de la Natural Historia de las Indias’ (153), el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo habló de una «perla pera» de 31 quilates y pescada en la isla de Terarequi en 1515. También señaló que en aquella isla «antes se hallarán cien perlas grandes de talle de pera que una redonda grande», descripción que le sirvió para explicar la singularidad de una perla de su propiedad: «De aquella isla también es una perla redondísima que yo traje de aquella mar, tamaña como un bodoque pequeño, y pesa veinte y seis quilates; y en la ciudad de Panamá, en la Mar del Sur, di por esta perla seiscientos y cincuenta pesos de buen oro, y la tuve tres años en mi poder, y después que estoy en España la vendí al conde Nansao, marqués del Cenete». ¿Por cuánto la vendería? Sin duda, por mucho más del doble.
Y así llegamos al testimonio de alguien que vio a la «Peregrina» con sus propios ojos, apenas venida de Panama. Me refiero al Inca Garcilaso de la Vega, cronista mestizo cusqueño que vivía en Montilla, pero que con frecuencia se acercaba a Sevilla en busca de noticias de ultramar, frutas tropicales y libros para su biblioteca. Así, en el capítulo XXIII del Libro octavo de sus ‘Comentarios Reales’ (1609), leemos: «vi en Sevilla, año de mil y quinientos y setenta y nueve, que fue una perla que trajo de Panamá un caballero que se decía Don Diego de Témez, dedicada para el Rey Don Felipe Segundo. Era la perla del tamaño y talle y manera de una buena cermeña. Tenía su cuello levantado hacia el pezón, como lo tiene la cermeña o la pera. También tenía el huequecito de abajo en el asiento. El redondo, por lo más grueso sería como un huevo de paloma de los grandes. Venía de Indias apreciada en 12 mil pesos (que son 14,400 ducados). Giacomo de Trezzo, milanés, insigne artífice y lapidario de la majestad católica, dijo que valía 14 y 30 y 50 y 100 mil ducados, y que no tenía precio porque era una sola en el mundo. Y así la llamaron la Peregrina. En Sevilla la iban a ver por cosa milagrosa. Un caballero italiano estaba entonces por aquella ciudad comparando perlas escogidas, las mayores que se hallaban, para un gran señor de Italia. Traía una gran sarta de ellas. Cotejadas con la «Peregrina» y puestas cabe ella, parecían piedrecitas de río. Decían los que sabían de perlas y piedras preciosas, que hacía 24 quilates de ventaja a todas cuantas se hallasen».
La perla de Oviedo pesó 26 quilates y le costó 650 pesos en Panamá. La «Peregrina» pesaría 50 quilates y costó 12 mil pesos en Panamá. Aquella perla monstruo asombró en 1579 a los sevillanos y nos sigue fascinando gracias a la novela de Carmen Posadas.
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