Ve la luz la novela escrita a cuatro manos por Roberto Bolaño y A. G. Porta
«Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce», de 1984, reaparece de la mano de Acantilado junto a «Diario de bar», también a cuatro manos
DAVID MORÁN
BARCELONA. Del encuentro entre los escritores Roberto Bolaño y A. G. Porta surgió, además de una larga amistad, una atípica relación literaria que cristalizó como pocas en «Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce», novela escrita por ambos autores ... en la que se relatan las peripecias de Ángel Ros, un joven barcelonés que reparte su amor entre la literatura, una delincuente suramericana, la vida al límite y The Doors.
Más de dos décadas después de su creación, y transcurridos tres años desde la muerte de Bolaño a causa de una insuficiencia hepática, Porta se ha decidido a sacar a la luz un libro que, según explicó ayer durante la presentación del mismo en Barcelona, debía servir de sostén económico para el novelista chileno. «Bolaño se la reservaba por si llegaba un momento en que su enfermedad no le dejaba escribir y ganar dinero, pero creo que ahora es el momento oportuno», explicó Porta a propósito de una novela que, si bien «no es ni la mejor de Bolaño ni la de Porta», sí que aporta pistas suficientes para entender el desarrollo de sus carreras. «Se sitúa en la esquina entre nuestros fantasmas y nuestros sueños para dejar entrever todo lo que haríamos».
«Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce» lleva un prólogo en el que Porta expone su visión sobre la escritura a cuatro manos y exhibe el arsenal de respuestas diferentes que era capaz de desplegar Bolaño. «Cuando escribes con otro has de asumir que se trata de un trabajo mixto y que no siempre vas a estar de acuerdo en todo, pero creo que la novela refleja muy bien lo que pretendimos hacer. La firmaba en aquel momento y la firmó ahora», desveló.
Entre las distintas anécdotas, recuerdos a la dura vida de Bolaño -su participación en la novela coincidió con la época en la que dormía en el suelo de la tienda de Blanes en la que trabajaba- y reflexiones a propósito del título del libro -«Joyce era un fantasma que estaba presente constantemente y Morrison funcionaba como mito y daba todo lo que necesita un personaje literario»-, Porta aprovechó también para profundizar en la carga simbólica que el libro tiene desde la perspectiva presente. «Nuestra literatura ha acabado siendo lo que prometía: una literatura de derrotados y perdedores que se enfrentan a la vida con la escritura».
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