Eduardo Mendoza: «La corrupción y el Barça son los dos agujeros de Cataluña»
El autor, que se confiesa «culé», lamenta que los políticos de los distintos territorios actúen como en una liga de fútbol «en la que hay que sacar más puntos que los otros, que se convierten en rivales»
Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943), autor, entre otras obras, de «La verdad sobre el caso Savolta»; «El misterio de la cripta embrujada»; «La ciudad de los prodigios»; o «Sin noticias de Gurb», ha ambientado en la Barcelona de los años ochenta su última obra «Mauricio o ... las elecciones primarias» (Seix-Barral), un retrato, a caballo de lo dramático y de lo cómico, de la clase política catalana de la España de la pos-transición, que podría aplicarse, sin embargo, a la andaluza, la gallega o la castellano-manchega. El autor elige como protagonista a un joven dentista ajeno a la política que es tentado por dos dirigentes del Partido Socialista de Cataluña (PSC) para que forme parte de su lista electoral. Uno de ellos le dice: «Muchos creen que la democracia es poder infringir las normas impunemente y basurear al vecino. Otros creían que con la democracia no pararían de follar y como no es así se sienten traicionados (...). Por esto una de las funciones más urgentes que nos competen es educar a la población. Y para esta labor necesitamos gente, mucha gente, más de la que nosotros podíamos imaginar. ¿Estarías dispuesto a figurar en las listas del partido para las próximas elecciones autonómicas?».
Mendoza tiene su particular punto de vista sobre la actividad política de esa época y también sobre la actual: «Cuando regresé a España en 1983 (antes vivía en Nueva York), la política no era una profesión como ahora y había pocos políticos. Tenían que buscarse la vida y autofinanciarse. Con Franco nadie pagaba impuestos. Se estaba improvisando un nuevo Estado porque con al dictadura sólo podían hacer política unos cuantos y no mucha». Para el autor catalán, «las listas electorales tenían y siguen teniendo su cuota de aprovechados, enchufados e incompetentes, pero ahora existe un aparato y todo está mucho más profesionalizado».
Respecto a las actuales reformas estatutarias, Mendoza cree que esto «son cosas de los políticos, ajenas a las preocupaciones de sus electores, que no están muy interesados en los nuevos estatutos. Son ellos (los políticos) los que han vivido una etapa infantil y ahora, como les pasa a muchas familias que se van haciendo mayores, el piso parece que se les ha quedado pequeño y quieren ir a un piso mayor, que en este caso es el de tener en cada comunidad como un pequeño estado». Mendoza subraya «el aumento considerable de la burocracia que eso traerá,» y que este proceso «se está haciendo al margen de que exista un sentimiento de unidad o respaldo de los ciudadanos respecto a eso».
De Cataluña comenta que tiene «dos agujeros: la corrupción y el Barça», aunque la frase no es suya y se declara acto seguido «culé» y contento por la consecución de la Liga. «Es verdad que hay un elemento sociológico en el fútbol que me parece negativo y que no es exclusivo del Barça o de Cataluña, que es es sentimiento de identidad histórica», dice. Y añade: «Vivir la vida o la política como una liga de fútbol no es bueno no ya sólo para el desarrollo del cerebro sino para nada, porque se supone que hay que sacar más puntos que el otro, al que ya se le considera un rival. Y para que uno suba, es claro que otro tiene que bajar. Se trata de una especie de guerra sin sangre».
Mendoza dice que nunca ha tenido problemas en Cataluña por escribir en español o «castellano», como él le llama, y cree que «hacer presión en un sentido u otro» no tiene sentido, aunque reconoce que «el idioma oficial en Cataluña es el catalán», a pesar de lo cual define a éste como «una sardina» frente a «una ballena» (el castellano). Y cree que por muchas medidas que se tomen oficialmente contra «la ballena», es posible que ésta acabe comiéndose a la sardina, con la ayuda de la inmigración masiva que se vive en Cataluña y que no renuncia al español por razones obvias.
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