Llega al Maestranza otro «acontecimiento» de la temporada, el estreno de la 'Lucrezia Borgia' de Donizetti
Esta coproducción del teatro con el Auditorio de Tenerife, Ópera de Oviedo y Teatro Comunale de Bolonia se representará en el coliseo sevillano los días 3, 6 y 9 de diciembre
La aclamada soprano Marina Rebeka interpreta a Lucrezia en esta producción dirigida por Maurizio Benini y Silvia Paoli
Cecilia Bartoli protagoniza este sábado en el Maestranza una versión revisada del 'Orfeo ed Euridice' estrenado en Parma en 1769
Esta funcionalidad es sólo para registrados
Iniciar sesiónAunque en un encuentro «mermado» por los típicos resfriados de esta época, en la presentación de este miércoles en el Teatro de la Maestranza se ha dado buena cuenta de los detalles de la coproducción que por fin, más de un lustro después, se representa ... en el coliseo del Paseo Colón. Javier Menéndez, director del teatro, ha calificado de «acontecimiento» la llegada de 'Lucrezia Borgia' de Gaetano Donizetti los días 3, 6 y 9 de diciembre, en una producción realizada junto al Auditorio de Tenerife, la Ópera de Oviedo y el Teatro Comunale de Bolonia, y que contará con los músicos de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla y el Coro del Teatro de la Maestranza dirigido por Iñigo Sampil.
La pandemia y sucesivas reprogramaciones han impedido que este melodrama del compositor italiano se estrene antes en la capital hispalense. Pero, igualmente, lo hace con un equipo artístico de primerísimo nivel, encabezado por el director musical, Maurizio Benini, un viejo conocido en este espacio en el que ya se le ha podido disfrutar al frente de 'Trancredi', 'Ana Bolena' o 'Norma'. La dirección de escena corre a cargo de la también actriz Silvia Paoli. Ambos han sido los encargados de recorrer los puntos más destacados de esta versión de la historia de la hija del Papa Alejandro VI, que compuso para el libreto de Felice Romani sobre el drama homónimo de Víctor Hugo.
La gran ausente del encuentro ha sido la protagonista de la ópera, la aclamada soprano Marina Rebeka, recientemente premiada en la 12ª edición de los International Opera Awards, considerados los premios más prestigiosos del panorama operístico. La intérprete letona encabeza un elenco repleto de debutantes en el Maestranza, como Krzysztof Bączyk (Don Alfonso), Duke Kim (Gennaro), Teresa Lervolino (Maffio Orsini), o Julien Van Mellaerts (Ascanio Petrucci) de esta producción que subirá a escena en el próximo mes de diciembre. Su presencia en Sevilla marca un hito en su carrera: será su esperado debut en el Teatro de la Maestranza y también su primera interpretación del personaje de Lucrezia, uno de los roles más emblemáticos y complejos del repertorio de Gaetano Donizetti. «Ejemplo de la calidad del melodrama romántico del compositor, tiene la impronta que se le va implementando al bel canto y, además, el carácter tenebroso, oscuro de la partitura le da un plus», ha subrayado Menéndez, muy «feliz» de poder presentar esta obra para un final de año cargado de lírica en el coliseo. Y es que este sábado se presenta en este mismo escenario otro referente mundial, la mezzosoprano Cecilia Bartoli, que regresa a los escenarios españoles para encarnar a Orfeo en una versión en concierto semiescenificada de 'Orfeo ed Euridice', de Gluck.
Maurizio Benini ha destacado que pese a que esta 'Lucrezia Borgia' no es la obra maestra de un aún joven Donizetti, sí tiene unas particularidades que la convierten en referencia. Primero, porque con ella «empieza a alejarse del lenguaje rossiniano, el compositor, junto Bellini -aunque en menor medida- más importantes de la época». El director musical ha puesto en valor dos hitos de esta ópera. En primer lugar, la novedad que supone «subrayar los personajes en su situación sentimental». Hay otro desde el punto de vista orquestal. «La orquestación ligada al gusto del tiempo empieza a cambiar con la aparición de los instrumentos ligados a los personajes». Además, ha resaltado, Donizetti inició una revolución que hoy, casi dos siglos después se mantiene, con el cambio de la disposición de las líneas de cuerda y viento de la orquesta, colocándolas alrededor del director. Una «intuición» que favoreció «una nueva sonoridad».
Esta ópera no dejó de dar sorpresas. También por el empleo especial de los personajes. En la Lucrezia de Donizetti hay seis papeles que no pueden considerarse secundarios, ya que son ellos los que cuentan la historia. Otra dificultad sin precedentes para un «público acostumbrado a un aria, una cabaletta, por lo que después tuvo que añadir esta estructura para atender a los gustos de la época».
Violencia fascista
Desde el punto de vista de la puesta en escena, Silvia Paoli se ha referido a que lo que más le interesaba era acortar la distancia temporal de una historia del Renacimiento y acercarla lo más próximo posible al espectador actual. Al fin y al cabo, la trama tiene un punto que, desgraciadamente, acompaña a todas las épocas. La de la violencia. Para la directora e intérprete, especialmente le recordaba la violencia del fascismo italiano. «He leído mucho de Lucrezia Borgia y me he dado cuenta de que es un personaje mal entendido. Se consideraba la puta de Italia de la época, por eso había que replantear este personaje». De mala, malísima, a víctima. «Ella era víctima de los juegos políticos de los hombres que la rodeaban, de su padre y de su hermano La casaron con 12 años y su segundo matrimonio, con un español, también fue impuesto y su hermano Cesare acabó asesinándolo. Estuvo a merced de los hombres», ha abundado Paoli.
Así, si bien Donizetti la dibuja como una mujer malvada, en esta versión se trata de justificarla. «Tuvo un hijo, Gennaro, pero no se sabe quién era el padre. Teniendo en cuenta de que su progenitor y su hermano abusaban de ella, es probable que ese niño fuese fruto de sus abusos», ha explicado, para profundizar después en otros datos biográficos erróneos que se le ha atribuido a esta figura femenina de la casa Borgia. «En la historia, ella mata a seis amigos de su hijo, pero no es verdad, el envenenador era su hermano. Por eso en el prólogo he querido justificar de alguna manera esos asesinatos, como si hubiera sido consecuencia de toda la violencia que ejercieron previamente sobre ella».
En medio de tanta violencia, el único y más puro amor que le queda a la protagonista es el de su hijo, «la esperanza de una felicidad que siempre le ha sido negada». Desde el punto de vista de la escenografía, Paoli ha ideado un matadero enorme, metáfora del sentimiento interior de Lucrezia que es, a la vez, «víctima y verdugo», una mujer «obsesionada por los fantasmas del pasado, marcada por la masculinidad que le rodeó durante la infancia. El problema no es personal, sino social, diría que incluso patriarcal», ha resumido.
En este aspecto encuentra la directora de escena un paralelismo con el fascismo en su país, cuya violencia se reflejaba en todos los órdenes de la vida, hasta en la arquitectura, en la que predominaba «lo viril», en un tiempo en el que Mussolini defendía que «no se era un verdadero hombre si al menos no se tenían dos orgasmos al día».
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete
Esta funcionalidad es sólo para registrados
Iniciar sesiónEsta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete