Leonor Leal recupera la memoria del cuerpo de las mujeres del flamenco
La bailaora jerezana clausura el ciclo 'Amalgama' de la Bienal de Flamenco en Artillería
María Dueñas, Paz Vega, David Uclés y la Fundación Alalá, Premios Andalucía de la Cultura
Sevilla
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Iniciar sesiónTodo empezó el pasado uno de abril con Carmen Linares y Arcángel cuando dio comienzo 'Amalgama' un ciclo organizado por la Bienal de Flamenco de Sevilla en año no 'bienal'. Y por el escenario de la Real Fábrica de Artillería han pasado artistas, ... críticos, periodistas, escritores, pintores, todos para hablar de flamenco. Ha sido, como decía anoche el director de la Bienal, Luis Ybarra, 'una amalgama de generaciones'.
La Real Fábrica de Artillería ha acogido del 1 de abril hasta el 21 de noviembre los testimonios de Pepa Montes, José Mercé, Manuel de Paula, José Valencia, Ana Morales, Nazario Luque, Carrete de Málaga, Farruquito, La Tremendita, Fernado Iwasaki, Remedio Málvarez, Manuela Carrasco y Manuela Amador, Rafael Riqueni, Alejandro Hurtado, José de la Tomasa, Manuel de la Tomasa y Andrés Marín, acompañados en sus tertulias por periodistas y críticos.
Y se ha hablado de todo, de estilos, generaciones, épocas, mitos, maestros, desde la transmisión oral hasta los formatos técnicos de hoy día que facilitan el conocimiento, pero nunca suplen el contacto personal con el artista, en este caso, maestros y nuevas generaciones.
Para poner el punto final de 'Amalgama' la bailaora de Jerez Leonor Leal que clausuró el ciclo en la noche del jueves 20 con 'De voz, un cuerpo', un espectáculo en el que la bailaora jerezana quiere recuperar la memoria del cuerpo de las mujeres del flamenco, y ha preguntado a las maestras qué sienten cuando bailan. Mientras los testimonios se reflejan en imágenes en el escenario, Leonor Leal sigue introduciendo a cada una de las maestras protagonistas con su baile, comenzando por el zapateado de la farruca, los remates por bulerías o el rotundo martinete, usando la percusión con su boca para marcar compás o demostrando cómo se matiza el baile sin tener que acudir a remates artificiales, y usando unos sonoros 'pitos'.
Leal con su habitual estética austera, pelo corto, pantalón y camiseta negra y zapatos rojos, y en pantalla aparece Blanca del Rey que mueve las manos mientras dice: 'la soleá duele..., por eso no todo hay que terminarlo por bulerías', dice rotunda la maestra cordobesa.
Baila Leonor Leal y reflexiona con sus palabras mirando al respetable, «hay pocos textos que hablan de qué sienten los cuerpos de las mujeres al bailar. Hablan de nosotras desde fuera, los periodistas, los críticos, los investigadores, pero nosotras..., ¿cómo se baila la maternidad?»
Aparece en imagen la bailaora sevillana Merche Esmeralda, «no se puede bailar todo, no se puede», y recuerda a Pilar López y los consejos sobre su baile, «yo estaba acomplejada porque era muy alta para mi época, todas las bailaoras eran más bajitas y yo me encogía. Doña Pilar me vió y cuando se lo expliqué me dijo que entonces habría que partir la Giralda porque también era alta. Usted querida se encoge..., a ver si la próxima vez que la vea..., y sí la próxima vez que me vió bailé con mi metro setenta muy estirada».
Baila Leonor Leal, mete los pies con compás de Jerez con la percusión y se pregunta, «¿cual es la voz del cuerpo?», y suena la voz de Ana María Bueno, «hoy todo se baila con bulla, como si fueran a perder el AVE, no paran, no matizan», dice, y cuenta luego Leonor Leal una anécdota sobre Enrique el Cojo, «que podía bailar poco con su cuerpo pero dijo que el flamenco era corazón, subió los brazos y allí estaba la fuerza».
Explica Leonor Leal cómo los maestros antiguos daban pocas indicaciones, «las maestras me han dicho que como mucho les decían, esa barbilla, más impertinente y poco más, todo era a base de fijarse en el maestro, de cuerpo a cuerpo. A veces me pregunta si veo al público desde el escenario, y no, lo veo todo negro, pero sé que el público se cuela por mis ventanas».
Pepa Montes rememora cómo fue su primera gran bata de cola que le hizo Salao, cómo la colgó con reverencia en un gran espejo de su casa, «y me levantaba por la noche para mirarla. Qué bonita era. Recuerdo que se la llevaba a una señora a la calle Parras que la almidonaba hasta con tenacillas. Y raspaba las piernas al bailar, pero no importaba. ¡Qué difícil es bailar con bata de cola!», dice la maestra.
Leonor Leal se sienta en una silla y mete los pies, pero al poco tiempo empieza a quitarse los zapatos mientras habla de Carmela Greco, la hija de José Greco, «que siempre dijo que su palo era la soleá. Cuando acababa de bailarla su padre la abrazaba. Cuando su padre murió nunca más bailó por soleá», relata. Se coloca un sombrero y baila «pastueño», y Carmela Greco habla en las imágenes, «yo nunca ha tenido miedo al escenario, nunca, cuando salía a escena estaba allí, mi cuerpo estaba allí y yo sentía que ése era mi universo».
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