cultura
Juan Ramón Biedma: «Para hacer una novela negra con crítica social no es necesaria una trama llena de matanzas»
El escritor sevillano acaba de publicar 'El club de los primogénitos' (Almuzara), Galardón de Novela Letras del Mediterráneo 2025
El escritor sevillano Juan Ramón Biedma, Premio Castellón Negro a toda su trayectoria literaria
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Iniciar sesiónJuan Ramón Biedma (Sevilla, 1962) es un escritor que se sale de los moldes porque no se ajusta a un género concreto, algo que dejó claro cuando debutó en 2005 en el mundo de la ficción con 'El manuscrito de Dios'. Sus ... historias tienen en común el elemento fantástico, pero también un humor negro que hace que sus novelas cuenten con una personalidad especial y que dejen una huella profunda en sus fieles lectores. Premiado en numerosas ocasiones por una trayectoria impecable en la que destacan obras imprescindibles como 'Crisanta' (2023), recientemente ha publicado 'El club de los primogénitos' (Almuzara), avalada con el Premio de Novela Letras del Mediterráneo 2025. Esta novela negra, que se sale de los cánones habituales del género y que prescinde de ingredientes tan comunes como los crímenes truculentos, parte de una situación surrealista. Beatriz Bernal —que pertenece a dicho club— denuncia el rapto de su hija por parte de su madre, una suerte de curandera que ha dedicado su vida a sanar el mal de ojo. Para localizarla, recurrirá a Navacerrada, una especie de investigador del que se sirven las clases más desfavorecidas del barrio.
—¿Cómo definiría el tono de 'El club de los primogénitos' y qué buscaba provocar en el lector?
—Desde el principio he intentado graduar el punto de vista de la novela para escribir una historia protagonizada por gente de barrio. No me refiero a personas de los suburbios o ultramarginales, de los que ya me he ocupado en otras ocasiones. En este caso quería elegir a gente de un barrio medio, sin que fuera de ninguna provincia en concreto. Quería situar la trama exactamente en ese punto en el que no llega a ser población ultramarginal ni tampoco delincuentes. Son gente empleada de barrio, pero que de alguna manera están dando la sintonía de lo que es nuestro país en este momento.
—En el centro de la novela están la Sastra, una camarera casi chamánica, y Navacerrada, un investigador de los márgenes. ¿Qué le atrajo de estos personajes?
—Venía del cansancio o saturación de la novela negra en la que nos hallamos actualmente. El hecho delictivo recae en personas en una situación donde el delito está profesionalizado o hay una élite intelectual que cometen los asesinatos. También son habituales los detectives que cuenta con altas cualidades. Quería buscar otro tipo de delito. El arranque de la novela es el de una camarera de 60 años que ha raptado a su nieta. La madre denuncia el tema, pero la Policía no le hace mucho caso porque ve que se trata de una trifulca familiar. Como ella es una dependienta de barrio, recurre a un expolicía inhabilitado, Navacerrada, que se busca la vida haciendo chapuzas de fontanería y que ayuda a la gente. Este es un tipo como tantos hoy en día. En el fondo Navacerrada es un hombre al que le han fallado sus expectativas sociales. Tiene alrededor de 50 años y vive en un piso de estudiantes. Lee sólo biografías porque en la ficción no encuentra las respuestas que busca. Tras el encargo de Beatriz, intenta reconstruir los pasos de esa abuela que ha secuestrado a su nieta haciendo un retrato de esta mujer, que es una curandera de males de ojo. La intención era buscar en esta historia la distorsión del orden y de la seguridad que vemos en los espacios de sucesos de la televisión y en la prensa. Ese tipo de delitos que introduzco aquí no lo encuentro en la narrativa actual y es muy descriptivo de lo que somos.
—¿De dónde surge la idea de 'El club de los primogénitos' y qué simbolismo encierra?
—Toda la novela gira en torno al secuestro. La gran peculiaridad de la madre de la niña secuestrada es que ella también fue secuestrada en su momento. Ella pertenece a un círculo de apoyo, El club de los primogénitos, donde personas que fueron privadas de su libertad se ayudan. Es como un club de Alcohólicos Anónimos. He estado al habla con psicólogos especializados en personas que han sido secuestradas y que han sufrido un trauma para el resto de su vida. Durante un tiempo, estos han sido secuestrados por alguien que ha decidido por sí mismos y que les ha privado de su libertad. Son personas que han sufrido un fracaso social. Es El club de los primogénitos porque muchas veces el secuestrado es el hijo mayor de la familia. Para guardar el anonimato usan un seudónimo de un escritor que empiece por B. En el secuestro hay cosas conocidas como el síndrome de Estocolmo —donde se establece un vínculo emocional positivo con el secuestrador—, pero por lo general son más extendidas las secuelas negativas que deja en las personas que lo han experimentado. Dichas secuelas afectan a las víctimas en muchos sentidos, derivando en adicciones, familias desestructuradas... Muchos casos han ocurrido en Sevilla o en el sur y los he sacado de la prensa.
—En un género donde suele haber cadáveres, ha elegido conscientemente escribir una novela negra sin asesinatos. ¿Qué desafíos y libertades le dio trabajar con esa limitación autoimpuesta?
—Son gente tan pobre y enredada en el día a día que no tienen donde caerse muertos. Para hacer una novela negra, con un planteamiento de misterio que atrape al lector y que desarrolle una crítica social, no es necesario desarrollar una trama llena de matanzas. A veces lo peor del ser humano se manifiesta sin llegar a este tipo de desenlaces. Aquí hay un secuestro y una estafa burda que hacen una mujer que vive de limpiar suelos unas veces a la semana, un joven profesor de arte contratado a tiempo parcial y una dependienta que buscan un ascenso social. Hay una serie de comportamientos cruzados entre sí que provocan un interés en el lector. En la historia se encuentran unos comportamientos muy afines a nosotros, pero transformados por la ficción.
—Los capítulos están titulados como si fuesen epígrafes de un guion cinematográfico. ¿Qué aporta este montaje al ritmo y al estilo de la obra?
—A estas alturas, y con la innegable crisis de lectores que padecemos, es muy importante que tengamos en cuenta las nuevas maneras que presentan los textos escritos, que están muy condicionados por lo audiovisual. No es nada nuevo. Pérez Galdós escribía novelas basándose en la estructura teatral para que el lector entrara más en contacto con las imágenes que se narraban. La novela está estructurada como una miniserie de seis capítulos. Está todo perfectamente estructurado desde el principio hasta el final. Se enclavan las escenas y el lector va a lo que se quiere contar. Sin renunciar a la calidad del lenguaje, poco a poco se eliminará lo superfluo. El lector y el autor no están para perder el tiempo. Mi intención no era, sin embargo, que la novela se adapte después más fácilmente a lo audiovisual, aunque ya hay algún director de cine al que le ha caído esta obra en sus manos y me ha dicho que esto le facilitaría muchísimo el trabajo a la hora de hacer una adaptación cinematográfica. He escrito la novela para que la gente la lea de la forma más divertida posible. Si luego se adaptara a lo audiovisual, eso sería una segunda vida de la historia que ya no dependería de mí. Alguna de mis novelas ha estado a punto de llegar al cine. Cualquier tipo de adaptación es una operación financiera muy compleja. A veces te compran los derechos durante un tiempo y no siempre llegan a buen puerto.
«Desde siempre he luchado por mejorar el estilo e intentar retorcer cada palabra, frase o párrafo para que lo que sea contado se plasme en el papel con una cierta originalidad»
Juan Ramón Biedma
Escritor
—¿Qué papel juega el humor negro en su narrativa y por qué le interesa mantenerlo incluso en las situaciones más tensas?
—No es algo deliberado. Ese humor nace de la búsqueda del propio estilo de la novela, que buscaba no entrar en lo puramente académico, pero que tampoco pretendía recaer en la tosquedad de la ordinariez. Me interesaba que se estableciera un diálogo imaginario con el lector. En ese diálogo hay lugar para ese humor negro a veces irreverente. Estoy contando una historia y quiero intensificar algunos momentos. Intento romper la cuarta pared y atrapar la atención de la persona que está al otro lado con los mismos recursos.
—Esta obra está avalada por el Galardón de Novela Letras del Mediterráneo 2025.
—Es un galardón muy especial. Es un premio que es un mecanismo que han montado en Castellón para intentar dar a conocer su ciudad y su región a través de la literatura. Ellos conceden el galardón al autor con la premisa de que la historia debe ocurrir en Castellón. Yo estaba montando una historia que por primera vez no iba a ocurrir en ningún sitio porque quería una ciudad que fuera todas las ciudades. Tenía muy avanzada esa idea cuando me llamaron desde el comité para concederme el premio. La suerte es que esta historia encajó perfectamente con el tipo de proyecto que estaba desarrollando. Como además tenía la ventaja de haber visitado a menudo Castellón por el Festival de Novela Negra, donde me concedieron el premio a toda la trayectoria el año pasado, conocía la ciudad para situar allí la historia. Además, Castellón era un lugar ideal para ello porque es una ciudad donde te encuentras cara a cara con el ciudadano de la España del siglo XXI. Pero ese Castellón puede ser perfectamente la Sevilla del 2025. No hablamos de la monumentalidad ni de ferias folclóricas. El carácter es muy similar en un sitio que en otro. No me queda más que darle las gracias por haberme concedido este galardón.
—¿Cómo ha cambiado su relación con la escritura desde 'El manuscrito de Dios' hasta hoy?
—Ya van veintitantos años enlazando una novela con la siguiente. Nunca he querido hacer con mi vida otra cosa que no fuera escribir. Publicar mis historias me ha permitido hacer una especie de plan personal de mis novelas. Me ha resultado muy gratificante mejorar en las novelas y mezclar tramas más contemporáneas con otras más históricas. Hay muchas ideas con las que estoy comprometido y que quiero tratar en mis novelas. Desde antes de la publicación de mi primera novela he luchado por mejorar el estilo e intentar retorcer cada palabra, frase o párrafo para que lo que sea contado se plasme en el papel con una cierta originalidad. Sigo buscando historias que quiero contar. De lo que más orgulloso me siento, como cuando presenté la novela en Sevilla, es de ver que hay gente incondicional, lectores que me siguen año a año. Gente que creo que conocen mis publicaciones mejor que yo mismo. Son redes de lectores que me encuentro en Sevilla y en otros puntos de España. Siempre me dicen que están esperando una nueva novela mía. Me muestran sus ganas, el enorme cariño y su capacidad de entender lo que yo hago. Esto te produce una especie de tranquilidad y te proporciona dinero en tu cuenta bancaria, pero a nivel emocional sabes que tienes ahí un colchón de gente que te apoya y que hace que te enfrentes a la nueva novela sin hacer concesiones y sin tener que plegarte a las modas y a los usos superventas. Intentar hacer una novela de la máxima calidad posible al margen de cualquier otro condicionante.
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