Eva Yerbabuena: «No quiero que bailéis, quiero que sintáis vuestra emoción»
La bailaora, directora artística de la Cátedra de Flamenco de la Universidad Pablo de Olavide, imparte una masterclass junto a Andrés Marín
Juan Tomás de la Molía y el disfrute de bailar
Sevilla
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Iniciar sesiónHace ya tiempo que el flamenco entró de pleno derecho en las universidades, y desde lo académico se han desarrollado una serie de iniciativas que han puesto en contacto al mundo universitario con el flamenco en muchos aspectos.
En la Pablo de Olavide se ha ... creado la Cátedra Olavide de Flamenco que co-dirigen la bailaora Eva Yerbabuena y el investigador Norberto Díaz, y que en estos días lleva a cabo el III Festival Universitario 'Las Impurezas del Flamenco'.
Entre las actividades, en la mañana del viernes en la sede del Ballet Flamenco de Andalucía en el estadio de la Cartuja, se ha celebrado una masterclass con la presencia de Eva Yerbabuena y del bailaor Andrés Marín.
Unas treinta personas han participado en este encuentro, bailarines llegados de toda Andalucía, de academias, conservatorios y también el elenco del Ballet Flamenco, y de localidades como Lebrija, Alcalá de Guadaira, Utrera, Los Palacios, entre otras, y dos participantes extranjeros, de Argentina y Japón. Más mujeres que hombres, eso suele pasar casi siempre en temas de baile, y con una diversidad enorme de edades, desde una joven de 15 años hasta una señora de 56 que confesó haber empezado a bailar a los 45 por gusto. Había quien se había formado en peñas y en la academia de su pueblo, y quienes habían hecho cursos con maestros y cursado el Superior de Danza. Todo el mundo podía participar.
Expectación entre los participantes, sentados en círculo, cuando Eva Yerbabuena se dirige a ellos: «Primero, no tengáis miedo. Vamos a trabajar con objetos, con música y con textos. Lo que no quiero que hagáis es bailar». Así de contundente empezó la sesión con el centro de la sala llena de objetos.
«Los pasos, son eso, sólo pasos y si no están cargados de una energía que hayamos experimentado no nos provocarán emoción. Quiero sentir vuestra emoción». Andrés Marín a su lado recuerda cuando vio a Yerbabuena por primera vez, «yo me ponía detrás, y le hice de palmero en alguna actuación. Ella bailaba y yo no creía lo que estaba viendo».
Pero Yerbabuena sigue 'provocando' a los participantes: «Vamos a trabajar desde el silencio», y se fija en la postura de algunos: «Sentados con las piernas cruzadas, no», y automáticamente los chicos descruzan las piernas. Y sigue la bailaora: «Lo que nos inquieta es de lo que partimos, y yo lo que quiero es provocación».
Andrés Marín pone una música del artista sonoro Francisco López, luego pondrá más piezas de Tomás Luis de Vitoria y del polaco Krzysztof Penderecki. Entre los observadores, profesoras del Conservatorio de Sevilla y de otras escuelas. Cuando ningún alumno se atreve a salir al medio del espacio lleno de objetos, sale Maribel Ramos, docente del conservatorio sevillano, se pone en el centro y en silencio empieza a moverse. Es la veterana de 56 años la primera que sale de forma individual a coger objetos. Entonces se produce la catarsis, los alumnos empiezan a deslizarse en el escenario y comienzan a participar en esta performance que va in crescendo, y que poco a poco supera la timidez de algunos.
Leen el 'Manifiesto del teatro de la crueldad', de Antonin Artaud, uno de los textos que ha ejercido una gran influencia en la historia del teatro mundial, y siguen moviéndose por la escena. Los primeros que salen son los que ya se conocen, los miembros del elenco del Ballet Flamenco de Andalucía, más acostumbrados a interrelacionarse, pero poco a poco se van uniendo los más tímidos. Insiste Eva Yerbabuena, «no bailéis», porque a muchos se les escapa el baile por las costuras.
La performance ocupa la primera parte de la masterclass y acaba con el aplauso general, «estoy contento porque se han dado muchas y preciosas imágenes», dice Andrés Marín a unos jóvenes que muchos nunca habían hecho este tipo de actividad.
En la segunda parte, es Andrés Marín quien pone un zapateado a los alumnos, y empieza sentado en la silla, «fue Mario Maya quien popularizó este zapateado así sentado, pero ya lo había hecho antes Antonio el Bailarín. Tenemos que tener en cuenta que todo viene de Antonio, aunque mucha gente no lo sepa, el vino de América con unas ideas que transportó a la danza española», dice Marín.
Difícil y complicado el zapateado, Marín personaliza con cada uno y al final consigue que casi todos se unan en ese concierto de sonidos que conforman los tacones. Lo hace por compás de bulerías, pero luego desemboca en los tangos.
Al final quieren una confesión de los alumnos, y cada uno se retrata, da su nombre, su edad y su origen y dice porqué le gusta bailar. Y para todos los gustos: «porque me hace sentir libre; porque es la única forma que tengo de expresarme; porque lo viví en mi casa; porque cuando lo descubrí no pude dejar de pensar en flamenco; soy de Alicante, soy el bicho raro de mi casa, a nadie le gusta el flamenco; yo bailo lo miércoles en la peña, para olvidarme de otras cosas, y ser feliz; yo quiero dedicarme a esto con todas mis fuerzas, es mi pasión; yo no quiero dedicarme a bailar, bailo por gusto....» Y así un universo personal con el que se da por finaliza la master class entre aplausos.
Las actividades de la Cátedra Olavide de Flamenco continuarán el sábado 29 con el coloquio 'Cristales por el suelo: la escena contemporánea de la danza flamenca', moderado por el profesor Francisco Aix y con la participación de profesorado universitario, profesionales de la comunicación y la bailaora Vanesa Aibar que presentará la cápsula artística de titulada 'La reina del metal – solo'.
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