Daniel Sánchez Arévalo presenta 'Rondallas' en el Festival de Cine Europeo de Sevilla
El director una comedia coral sobre la sanación a través del arte, la música popular y la pertenencia a un grupo
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Sevilla
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Iniciar sesiónEl Festival de Cine Europeo de Sevilla acaba de empezar y son muchas las citas imperdibles que ofrece su programación pero la de esta tarde era aún más especial si cabe. Daniel Sánchez Arévalo sonríe, con esa mezcla de timidez y entusiasmo que ya es ... marca de la casa. A su lado, la actriz Judith Fernández y el actor Fernando Fraga —la parte joven del elenco— lo acompañan para presentar 'Rondallas', una película que late al ritmo de gaitas, panderetas y bombos, y que llega, como dice su director, «en un buen momento». Todo comenzó con un flechazo. «Descubrí las rondallas a través de un vídeo de YouTube que se había hecho viral», cuenta Arévalo. En ese clip, un grupo de músicos gallegos versionaba 'Thunderstruck', de AC/DC, con gaitas en plena calle. Aquella mezcla de energía y emoción lo desarmó. «A raíz de ahí me metí por completo, hasta enamorarme de esa sensación de comunidad sin músicos profesionales. Cuando vi lo que se generaba en los ensayos, supe que era justo lo que quería hacer: transmitir esa energía poderosa, ese sentimiento de pertenencia. De ahí salió la idea: el poder de la comunidad y el arte para superar un trauma».
La historia, efectivamente, arranca en un lugar herido. Tras el naufragio de un barco pesquero, un pueblo gallego decide recuperar la ilusión a través de la música. La rondalla se convierte entonces en refugio, en terapia colectiva y en símbolo de resiliencia. «Yo era un chaval con mucha ansiedad, muy perdido, y el arte me ayudó a curarme», confiesa Arévalo. «Siempre he tratado de que mis películas sean un vehículo para eso, para ayudar a la gente. Lo más importante es que cuando salgas del cine te sientas un poco mejor».
Sentimiento gallego
Rondallas es una comedia dramática coral, con un reparto 100 % gallego encabezado por Javier Gutiérrez, Carlos Blanco, Judith Fernández, Fernando Fraga, Marta Larralde, Tamar Novas, Andrea Reiriz, Xosé A. Touriñán, Abelo Valis y María Vázquez. «Ha sido un placer trabajar con todos ellos», cuenta Judith Fernández, con una sonrisa cómplice. «Pero también fue fácil, porque lo que se ve en la película es lo que pasó: un rodaje muy familiar. Aunque todos tengan carreras increíbles, son muy humanos, muy generosos. Había algo muy gallego en el ambiente, algo que reconocías… era como estar en casa todo el rato».
Fernando Fraga asiente, recordando el aprendizaje musical que exigió el rodaje. «Empezamos a ensayar la gaita a finales de abril del año pasado y grabamos en noviembre. La primera semana tardamos dos semanas en conseguir que sonara una nota», ríe. «Yo solo me centraba en la gaita, practicando por repetición y viendo vídeos. Fue un reto enorme». Arévalo recuerda cómo la experiencia de filmar con rondalleiros reales lo transformó. «Al principio me intimidaba. De repente estaba grabando con cien personas que tocaban gaitas, bombos y panderetas, y tuvimos que trabajar mucho en hacer una rondalla nuestra. Todos los que salen son rondalleiros auténticos, pero no profesionales. Rodar así, con varias cámaras, era casi como grabar un partido de fútbol. Iba realizando sobre la marcha, y he aprendido mucho. En esta película he vuelto a sentirme director, a disfrutar del rodaje. Las películas son mi vida, no solo profesionalmente, también personal: la relación con los actores es ya parte de mi familia».
Cuando le preguntan si el proyecto fue difícil de levantar, Daniel se muestra honesto: «Soy un privilegiado. 'Rondallas' nace de una película que no pudo ser, y eso está bien. No siempre hay que tener el poder de hacer lo que uno quiere. Algunas películas son más complicadas de sacar adelante, pero esta me hace feliz». En la película, la risa y la lágrima conviven sin esfuerzo. «El kit para mí está en cómo balancear comedia y drama», explica. «No forzar nada. Dejar que las cosas ocurran de manera natural. A través de la rondalla, los personajes superan sus problemas. Hay subtramas que me pedían más humor o más amor, y traté de mezclar esos ingredientes sin que fueran agua y aceite. Lo que más me gusta en el cine es conseguir que una peli me haga reír y llorar».
Para el cineasta, 'Rondallas' es también una declaración de amor al cine en pantalla grande. «Tenía claro que cuando Ramón y yo pensamos en esta idea, queríamos una película para ver en una sala. Porque ahí me he formado y he vivido mis mejores experiencias. Quería hacer algo popular, una peli adulta pero cercana, que devuelva al público a las salas. Que el cine vuelva a ser una costumbre habitual». Un espectador lo resumió tras el pase: «Aunque parezca una historia local, en cada lugar hay algo que hace que la gente necesite salir y unirse, y eso está muy bien reflejado en la película».
Comunidad frente al individualismo
El tema atraviesa todo: la comunidad, lo colectivo, la necesidad de pertenecer. «Esta película rompe un prejuicio sobre nuestra generación», comenta Fraga. «Yo la encuentro mucho en mi pueblo. Allí nadie se queda sin un plato de comida. En la ciudad es distinto, más individualista. Y en este trabajo hay muchos momentos de soledad. Por eso necesitamos comunidad». Judith Fernández añade una reflexión generacional: «Hay que dejar de pensar que el individualismo está solo en los jóvenes. Es algo más general. Nuestra generación es abierta, viaja, conoce gente y está libre de prejuicios. Son buenos ingredientes para empezar a construir comunidad. Somos un poco extranjeros en las ciudades, y es complicado hacer casa. Pero esta película habla precisamente de eso: de cómo se construye un hogar entre los demás».
Rondallas llegará a los cines el 1 de enero, con el optimismo de un nuevo comienzo. Es el mejor inicio de año posible para una película que celebra la vida en grupo, la música compartida y la capacidad del arte para recomponer lo roto. Al igual que esta película ha devuelto la ilusión al director, dejando a un lado las novelas con las que coqueteó tímidamente: «Yo puedo escribir guiones y compaginarlos, pero escribir novelas no puedo. Yo necesito rodar. Y esta película me ha devuelto las ganas, las mismas que sentí la primera vez que dirigí. Al final, se trata de eso: de volver a sentirte parte de algo».
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