Adolf Hitler saluda al paso de sus tropas victoriosas tras la ocupación de la mitad de Polonia. El Ejército Rojo, ocuparía ya sin apenas resistencia la otra mitad
Adolf Hitler saluda al paso de sus tropas victoriosas tras la ocupación de la mitad de Polonia. El Ejército Rojo, ocuparía ya sin apenas resistencia la otra mitad - aRCHIVO
Pacto de Hitler y Stalin

El reparto de los grandes asesinos

Stalin recibió su parte del «botín polaco» de manos de Hitler como un gran regalo

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Hitler quería empezar la guerra cinco días antes. El día 26 de agosto, para ser exactos. Cambió de opinión a última hora. Tanto que un comando alemán infiltrado desde los vecinos Sudetes para desactivar las cargas de dinamita de los túneles del Valle de Jablonka, en el sur de Polonia, comenzó la guerra por su cuenta. Llevó a cabo la operación y tuvo que retirarse apresuradamente y en total confusión cuando anunciaba el éxito de la misión el 26. No se les había avisado. También el acorazado alemán Schleswig Holstein se hallaba ya puntualmente el día 26 en la ciudad libre de Danzig, arrebatada a Alemania en los Tratados de Versalles pese a su población abrumadamente alemana. Esperaría cinco días antes de comenzar a disparar contra la Westerplatte, en lo que ha pasado a ser en aquel terrible 1 de septiembre, hace mañana 75 años, el comienzo oficial de la Segunda Guerra Mundial.

Francia e Inglaterra acababan de reiterar sus garantías a Polonia. Amenazaban a Alemania con la declaración de guerra si atacaba a su aliado polaco. Lo cierto es que con la declaración de guerra ambos cumplieron el día 3. Pero para la suerte de Polonia no significó nada. Londres y París reafirmaron su declaración tras anunciarse el Pacto de No Agresión entre Berlín y Moscú que tanto había sorprendido a todos. Éste lo habían firmado el 23 de agosto en Moscú los ministros de Asuntos Exteriores del III Reich Alemán y de la Unión Soviética, Joachim von Ribbentrop y Viacheslav Molotov en presencia de Stalin.

El gran dictador soviético estaba feliz. Llevaban tiempo negociando un pacto general con Alemania, pero nunca soñó con la oferta del otro gran dictador, Adolf Hitler. Se lo había llevado en mano Von Ribbentrop dos días antes. Para Stalin era un inmenso regalo. Tras las Grandes Purgas en Moscú, recuperaba todos los territorios de la Rusia zarista perdidos en las guerras tras la revolución. Tras diezmar al partido y a la cúpula del Ejército Rojo con el mariscal Mijail Tujachevski a la cabeza, se apuntaba como mérito propio esas ansiadas conquistas.

No todo el Pacto se hacía público. Las claves del pacto estaban en el protocolo secreto. Allí estaba la razón del entusiasmo de Stalin ante la oferta que no podía rechazar de su nuevo socio y hasta entonces su mortal enemigo ideológico, Hitler. Aquel mismo día salió de Moscú la orden del Komintern a todos los partidos comunistas del mundo para que tratasen a la Alemania nacionalsocialista, al odiado nazismo, con la deferencia que merece un camarada. Tras haberse enfrentado brutalmente en la guerra de España y en todas las trincheras políticas, fue una terrible conmoción en el movimiento comunista. Pero a Stalin se le obedecía. Y así los dos dictadores se convirtieron en socios.

Aplastar un país

Las críticas y los ataques al nazismo se desvanecieron hasta el 22 de junio de 1941 en que el asalto de Alemania a la URSS rompió el maridaje. El protocolo entregaba a Stalin las repúblicas bálticas, parte de Finlandia y la Besarabia y Bukovina rumanas, pero el plato principal era Polonia. Hitler regalaba a Stalin toda la Polonia oriental que había sido parte del imperio de los zares en su momento de máxima expansión. Se borraba el oprobio de las derrotas del Ejército Rojo ante las tropas de la renacida Polonia tras la I Guerra Mundial.

El asalto alemán a Polonia, por tierra, mar y aire con un despliegue de inmensa superioridad en hombres y armas, debía aplastar toda resistencia con rapidez. Desde el primer instante se produjeron ataques a la población civil. El día 1 de septiembre, antes de amanecer, antes incluso de que el Schleswig Holstein disparara contra la península de Westerplatte en Danzig, 29 Stukas arrasaban el centro de la localidad de Wielun, de unos 25.000 habitantes. Con la población aún en sus camas, los aviones alemanes bombardearon en tres oleadas la ciudad, sin relevancia militar, que fue destruida en su totalidad, con iglesias, sinagogas, hospital y colegios incluidos. Como mensaje inicial.

Decapitar las élites

Pero Wielun fue solo la primera de decenas de ciudades y aldeas convertidas en escombros. En las semanas siguientes y ante la encarnizada resistencia del ejército polaco, la brutalidad alemana se disparó. La población civil sufría las represalias por las bajas alemanas muy superiores a lo esperado. El 17 de septiembre fue el día elegido por Stalin para comenzar a ocupar la parte de Polonia que le correspondía. El ejército rojo cruzó en masa las fronteras orientales polacas. Hubo ilusos que creyeron que los rusos llegaban en su ayuda contra los alemanes. Hasta que los soldados soviéticos comenzaron a matarlos.

Stalin quería exterminar a todas las elites polacas para impedir para siempre un resurgir de aquella nación. La matanza de miles de oficiales polacos de Katyn era parte de esta operación. También las SS aplicaban sus planes de decapitación de élites. Otros centenares de miles de polacos marchaban al mismo tiempo hacia el Reich alemán como prisioneros para trabajos forzosos. Rusos y alemanes aplicaron los mismos brutales métodos en la parte de Polonia que les correspondía de aquel ominoso pacto. El factor distintivo fue el trato a los judíos que en Polonia eran millones. La matanza de judíos por los alemanes comenzó de inmediato.

El 25 de septiembre, pese a la inmensa superioridad alemana frente a vieja artillería y caballos polacos, aun no había caído Varsovia. Los bombardeos sobre la ciudad con miles de toneladas de bombas no tenían precedentes hasta entonces. Varsovia, destruida, cayó el 28 de septiembre. El 6 de octubre se entregaba las últimas fuerzas polacas. Pero Polonia jamás se rindió. Soviéticos y alemanes colaboraron en aplastar diversos focos como el de Lvov hasta que se dieron la mano en la nueva frontera común. Hitler habló de una alianza cimentada en sangre. Y dijo que Alemania y Rusia juntos garantizaban que Polonia jamás volvería a existir. Polonia estaba sola. Francia e Inglaterra habían declarado la guerra a Alemania. Pero todo quedó en eso. No hubo segundo frente. Hasta el 10 de mayo de 1940, en que Hitler decidió que había que ir a Paris y en seis semanas allí estaba.